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NOTAS PARA EL SALMO. NATIVIDAD DEL SEÑOR

Misa de Medianoche: Sal 95 – Misa del Día: Sal 97NOTAS-PARA-EL-SALMO

Misa de Medianoche

Nota oracional

Este salmo pertenece a la familia de los Himnos. Tiene muchas semejanzas con los himnos de alabanza, pero se considera un salmo de la realeza del Señor por incluir la expresión “¡El Señor es Rey!”. Esta constituye el eje de todo el salmo. Por eso tiene tantas invitaciones a la alabanza.

Está dividido en tres partes. La primera (1-6) tiene una serie de invitaciones a cantar, bendecir, proclamar y anunciar. Se refieren a la tierra entera, pero sin duda, a la tierra de Israel. El destinatario de estas invitaciones es el Pueblo de Dios. Este salmo invita a cantar al Señor un cántico nuevo. En qué consiste esa “novedad” aparece en la segunda parte (7-10): se trata de la realeza de Dios; el Señor está por encima de todos los dioses y ha venido para gobernar la tierra. En la tercera parte (11-13) aparecen nuevamente las invitaciones o deseos de que suceda algo. Ahora se invita a hacer fiesta, con alegría, al cielo, a la tierra, al mar… a toda la creación. El Señor viene para gobernar con dos características: la justicia y la fidelidad.

Este salmo expresa la superación de un conflicto religioso entre las naciones. Mientras que los dioses de los pueblos son apariencia, el Señor ha hecho el cielo y se ha convertido en el Dios de los pueblos, en rey universal, creador de todas las cosas, en aquél que gobierna con rectitud, con justicia y con fidelidad. El mundo entero está invitado a celebrar este acontecimiento maravilloso. Sigue leyendo

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NOTAS PARA EL SALMO. DOMINGO IV DE ADVIENTO – B

NOTAS-PARA-EL-SALMOSal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29

Nota oracional

En este salmo se mezclan diversos tipos: un himno de alabanza (2-19), y una súplica (47-52). No obstante, la atención se centra sobre todo, en 20-52, en la persona del rey. Por eso se considera un salmo regio, un salmo real. Se lamenta la humillación que padece una de las más importantes instituciones de Israel, la monarquía, y su práctica desaparición. De este modo, cae por tierra la promesa de la dinastía davídica (2 Sam 7).

Este largo salmo contiene un himno de alabanza (2-19), el recuerdo de una promesa (20-38), el drama vivido en la época en la que se compuso (39-46) y una petición para que cambie la situación (47-52). El himno comienza con una introducción (2-5), incluida en el texto seleccionado para la Liturgia de la Palabra de este domingo, en la que aparecen las dos palabras clave de este salmo: misericordia y fidelidad de Dios. Se afirma que la misericordia ha sido construida para siempre y que la fidelidad es más firme que el cielo (3). La misericordia y la fidelidad de Dios se traducen en la historia del pueblo como la alianza hecha al rey David. La misericordia y la fidelidad del Dios de la Alianza engendraron una dinastía para el pueblo de Dios: David tendrá siempre un descendiente sobre el trono.

Sin embargo, en la experiencia histórica del pueblo, al verse amenazada la institución de la monarquía, el pueblo no ve por ningún lado que se cumpla esta promesa. El salmo reproduce la situación de la monarquía en vísperas del exilio o bien durante el cautiverio en Babilonia, cuando todavía se tenía la esperanza de que el rey de Judá volvería a Jerusalén. El clamor de este salmo es: ¿Dónde están ahora la misericordia y la fidelidad de Dios?

Este salmo tiene una innegable relación con Jesús, quien encarna la promesa de continuidad con la monarquía de David. Jesús es la máxima expresión de la misericordia y la fidelidad de Dios (Jn 1,17), términos que atraviesan de punta a punta todo el salmo 88. La cuestión de la alianza también encuentra en Jesús su cota más elevada: la Nueva Alianza que se sella con la sangre de Cristo. Sin embargo, el reino que viene a construir Jesús no es un reino poderoso e indestructible. Todo lo contrario; su mesianismo alcanza su punto alto en la cruz y se concreta en el hecho de que todos tengan vida. Sigue leyendo

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NOTAS PARA EL SALMO. DOMINGO III DE ADVIENTO – B

NOTAS-PARA-EL-SALMOLc 1, 46-48. 49-50. 53-54

Nota oracional

Este tercer domingo de Adviento el Salmo se sustituye por un Cántico del Nuevo Testamento, el Magnificat. La salmodia es la forma de cantar los Salmos en las diversas liturgias cristianas y judías. Las liturgias cristianas adoptaron esta forma para el cántico de las oraciones neotestamentarias (Magnificat, Benedictus, etc.) y para algunos himnos. Este canto se realizaba en forma casi recitada y alternada entre un solista y el coro, o entre dos coros.

El saludo profético y la bienaventuranza de Isabel despertaron en María un eco cuya expresión exterior es el himno que pronunció a continuación, el Magnificat, canto de alabanza a Dios por el favor que le había concedido a ella y, por medio de ella, a todo Israel. En conjunto, parece un salmo de alabanza semejante a otros del Antiguo Testamento, por ejemplo: «Aclamad, justos, al Señor, / que merece la alabanza de los buenos. / Dad gracias al Señor con la cítara, / tocad en su honor el arpa de diez cuerdas, / … que la palabra del Señor es sincera» (Sal 32,1-2.4). Pero quizá más afín aún al Magníficat sea el Salmo 135: «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia» (v. 1).

En cualquier caso, hay en el Magnificat algo más complejo que un salmo, algo misterioso; ni siquiera está claro que sea un himno de alabanza por un nacimiento o por una concepción extraordinaria. En este sentido, se asemeja al cántico de Ana (1 Sam 2,1-10), que exalta los grandes cambios realizados por Dios en los acontecimientos históricos, en las situaciones humanas, sin aludir —como sería de esperar— a la experiencia de la maternidad, a la experiencia del embarazo o del parto. Manteniéndose en lo genérico, tiene la ventaja de poder aplicarse a múltiples situaciones.

Los diversos intentos de dividir el himno coinciden al menos en reconocer en él dos grandes partes, aunque no claramente distintas, que tienen en su centro la acción de Dios.

La primera parte (vv. 46b-49) se caracteriza por las partículas «mi» y «me», que se refieren a la persona que canta: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, / se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; / … Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, / porque el Poderoso ha hecho grandes cosas en mi favor».

La segunda parte evoca la historia de Israel o, mejor, las grandes actuaciones de Yahvé en la historia de la salvación, y comienza en el v. 50: «Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Sigue a continuación el recuento de los grandes hechos realizados por el Señor: «Él hace proezas con su brazo: / dispersa a los soberbios de corazón…», que termina con el v. 55.

La estructura íntima de su canto orante es, por consiguiente, la alabanza, la acción de gracias, la alegría, fruto de la gratitud. Pero este testimonio personal no es solitario e intimista, puramente individualista, porque la Virgen Madre es consciente de que tiene una misión que desempeñar en favor de la humanidad y de que su historia personal se inserta en la historia de la salvación. Así puede decir: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (v. 50). Con esta alabanza al Señor, la Virgen se hace portavoz de todas las criaturas redimidas, que, en su «fiat» y así en la figura de Jesús nacido de la Virgen, encuentran la misericordia de Dios.

A las puertas ya del Misterio de la Encarnación que celebraremos en la Navidad, este cántico resuena con fuerza. Acojamos ahora la invitación que nos dirige san Ambrosio en su comentario al texto del Magnificat: «Cada uno debe tener el alma de María para proclamar la grandeza del Señor, cada uno debe tener el espíritu de María para alegrarse en Dios. Aunque, según la carne, sólo hay una madre de Cristo, según la fe todas las almas engendran a Cristo, pues cada una acoge en sí al Verbo de Dios… El alma de María proclama la grandeza del Señor, y su espíritu se alegra en Dios, porque, consagrada con el alma y el espíritu al Padre y al Hijo, adora con devoto afecto a un solo Dios, del que todo proviene, y a un solo Señor, en virtud del cual existen todas las cosas» [San Ambrosio, Exposición sobre el Evangelio de San Lucas 2, 26-27). Sigue leyendo

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NOTAS PARA EL SALMO. DOMINGO II DE ADVIENTO – B

NOTAS-PARA-EL-SALMOSal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14

Nota oracional

Este es un salmo de súplica colectiva. El pueblo está reunido y clama pidiendo que el Señor lo restaure y le dé la salvación.

El salmo tiene tres partes. En la primera (2-4) el pueblo recuerda el pasado reciente; reconoce que el Señor ha sido bueno. En cambio, en la segunda parte (5-8) el pueblo tiene la sensación de que el Señor se ha olvidado  de todos sus favores; Israel necesita ser restaurado nuevamente. Es la parte de súplica colectiva del salmo: restáuranos, muéstranos, concédenos… En la primera parte, el pueblo tenía vida y se alegraba; ahora la vida y la alegría son sólo objeto de esperanza y mera expectación. De en medio del pueblo surge una voz que habla en nombre de Dios. Es la tercera parte (9-14), la que selecciona la Liturgia de la Palabra de este segundo domingo de Adviento del ciclo B. Este profeta anónimo afirma que el Señor anuncia la paz para quienes le son fieles. La salvación está próxima y la gloria de Dios volverá nuevamente a habitar en la tierra. El universo entero va a participar en una inmensa coreografía. Se trata de la danza de la vida que está a punto de comenzar. Ya están formándose las parejas: el Amor con la Fidelidad, la Justicia con la Paz. Al frente va la Justicia, detrás le sigue el Señor y, después de él, la Salvación. ¿Cómo se va a concretar todo esto? Por medio de un intercambio de dones: el Señor envía la lluvia a la tierra y la tierra da su fruto.

Este salmo da por supuesto que el pueblo está reunido y que vive una situación de catástrofe, probablemente en el periodo posterior a la vuelta del exilio de Babilonia. Todo parece indicar que estamos en un tiempo de sequía y de hambre. El pueblo pide al Señor que le restaure, que le perdone y, sobre todo, que le dé la vida. Sometidos al imperio persa, el pueblo tenía que producir para satisfacer el tributo que se les exigía. Como no llovía, la tierra no producía y la situación se hacía insostenible. Por eso pide al Señor para que la tierra dé fruto y produzca vida.

Detrás de este salmo aparece una comunidad que ha hecho experiencia de la salvación de Dios (2-4), pero que de nuevo se siente como abandonada y pide ayuda (5-8), en espera de la salvación definitiva, escatológica (9-14). Para el cristiano, este salmo expresa el misterio del “ya pero todavía no”; la salvación histórica operada ya en raíz por Cristo y su plena actualización en el hoy de la liturgia, en espera de la consumación futura. De ahí la aplicación de este salmo a la liturgia de Adviento y Navidad. Jesús ya vino, pero lo esperamos cada año, y anhelamos su venida definitiva al fin de los tiempos. Se aplica, más concretamente, al misterio de la encarnación, por el que el Verbo, gloria del Padre, habita entre nosotros, y hemos contemplado esta gloria. Y también a María, que es la tierra donde la lluvia del Espíritu ha dado su fruto de salvación. Sigue leyendo

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NOTAS PARA EL SALMO. DOMINGO I DE ADVIENTO – B

NOTAS-PARA-EL-SALMOSal 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19

Nota oracional

El salmo 79 es un salmo de súplica colectiva. El pueblo clama a Dios a causa de una tragedia nacional resultado de un conflicto internacional. El enemigo ha invadido el territorio nacional y ha destruido la ciudad y el templo, y Dios parece mostrarse indiferente y callado ante tamaña desgracia: Pastor de Israel, ¿hasta cuándo estarás airado?; mira desde el cielo, fíjate y ven a visitar tu viña; suscita, Señor, un nuevo rey que dirija las victorias de tu pueblo, fortalece un hombre haciéndole cabeza de Israel y que tu mano proteja, a éste, tu escogido.

El reino del Norte ha sido destruido a causa de una invasión extranjera y Dios parece estar dormido. El pueblo de Dios se ha convertido en objeto de burla y de disputa entre los pueblos vecinos. Lo más probable es que se trate de la destrucción de Samaria, capital del Norte, el 622 a.C. por obra de los ejércitos asirios. Este salmo, por tanto, habría nacido como clamor que implora la restauración ante la destrucción de las tribus del Norte. El pueblo está en las fauces de las “bestias” extranjeras. Sólo el Señor de los Ejércitos puede hacer algo para cambiar su suerte.

La imagen del pastor es muy sugestiva. El pastor es el que saca el rebaño del aprisco y lo conduce a los pastizales. Esto es lo que Dios hizo en el pasado con su pueblo cuando lo liberó del aprisco del Faraón guiándole hacia la Tierra prometida. Sin embargo, ahora las cosas han cambiado: el Señor es presentado aquí como un “mal pastor” que permite que su pueblo se convierta en víctima de sus enemigos. Pero en este contexto no todo está perdido, la esperanza de un Dios restaurador está presente en el estribillo. La fe y la confianza en un Dios liberador no han muerto. Se espera que siga siendo fiel y repita en el momento presente las proezas que hizo en el pasado.

La otra imagen presente en el salmo es la de la viña. La vid es propiedad del Señor, le pertenece. Por eso, atentar contra ella supone provocar la intervención del Dios guerrero, del Dios que hace justicia. La imagen de la vid la asume Cristo en el Nuevo Testamento y después se la pasa a su Iglesia. Como Cristo, también la Iglesia es pisoteada y entregada a las contiendas y burlas de los enemigos. Con Cristo la Iglesia invoca la ayuda de Dios y en Cristo contempla la Iglesia el rostro de Dios que brilla con poder y clemencia.

Ciertamente, para que el rostro del Señor brille nuevamente es necesario que Israel se convierta, con la fidelidad y la oración, volviendo a Dios salvador. Es lo que el salmista expresa al afirmar: “No nos alejaremos de ti” (Sal 79, 19). Así pues, el salmo 79 es un canto marcado fuertemente por el sufrimiento, pero también por una confianza inquebrantable. Dios siempre está dispuesto a “volver” hacia su pueblo, pero es necesario que también su pueblo “vuelva” a él con la fidelidad. Si nosotros nos convertimos del pecado, el Señor se “convertirá” de su intención de castigar: esta es la convicción del salmista, que encuentra eco también en nuestro corazón, abriéndolo a la esperanza. Sigue leyendo

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NOTAS PARA EL SALMO. CANTAR LOS SALMOS

NOTAS-PARA-EL-SALMOCANTAR LOS SALMOS

 

 Modo de cantar los Salmos

Rey David cantando salmos

Rey David cantando salmos

El Salmo responsorial debe ser cantado. También puede ser recitado, pero es preferible el canto. A raíz de la reforma litúrgica emprendida por el Concilio Vaticano II se han compuesto numerosas melodías que permiten cantar muchos de los Salmos que utilizamos en la liturgia, pero también disponemos del “tono salmódico”, una línea melódica que una vez aprendida nos dará una herramienta extraordinaria para el canto de los Salmos.

Es importante recordar que la mayoría de las musicalizaciones de los Salmos no se han compuesto pensando en la liturgia dominical por lo que nos encontramos con textos muy largos, a veces adaptados de forma libre al sentimiento y poesía de su autor. Los Salmos que se proponen para la Liturgia de la Palabra han sido seleccionados en consonancia con la primera lectura y para ser orados en el contexto de la Palabra; no tienen más de tres o cuatro estrofas que se alternan con el estribillo. Por eso consideramos preferible aprender a cantar los Salmos para la liturgia tal y como se proponen en el Libro del Salmista, una obra de carácter no oficial pero que tiene el respaldo de la Comisión Episcopal de Liturgia de España. Sigue leyendo

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NOTAS PARA EL SALMO. ORAR CON LOS SALMOS

GUÍA PARA ORARNOTAS-PARA-EL-SALMO

Los Salmos en la Liturgia de la Palabra

icono_Jesucristo_SalvadorUna vez que el lector ha proclamado la primera lectura desde el ambón y la asamblea ha aclamado esa Palabra (¡Te alabamos, Señor!), concluye la primera parte de la liturgia de la Palabra. Inmediatamente después, el protagonista pasa a ser la Asamblea que hasta ahora ha permanecido sentada escuchando. Con la primera lectura Dios ha hablado a su pueblo y ahora el pueblo responde con el canto del Salmo, razón por la que —y precisamente por eso—, se llama “responsorial”. El Salmo responsorial es como un alegre “carillón” que suena una vez que la Palabra de Dios ha resonado en la Asamblea.

El Leccionario del Misal Romano integra y articula un total de 980 salmos responsoriales diferentes que acompañan a sus correlativas primeras lecturas. Se incluyen también himnos y cánticos bíblicos (tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento), y se han excluido 24 salmos, entre ellos los de imprecación. La elección del Salmo y de su estribillo se ha realizado siempre como una resonancia del tema bíblico evocado en la lectura precedente por lo que podemos decir que el Salmo sumerge la lectura en el ámbito de la plegaria.

La riqueza espiritual que proviene del vínculo entre la primera lectura y el Salmo responsorial es algo totalmente asumido en la dinámica tradicional de la liturgia cristiana, que es dinámica de “escucha-oración”. Por eso los salmos no se leen ni se recitan, se oran, y para ello el canto es el vehículo por excelencia de que disponemos en nuestras celebraciones. Sin embargo, es verdad que, a diferencia del resto de los cantos de la misa, el Salmo debería ser entonado por un ministro, un lector o incluso un diácono que sube los peldaños del ambón para cantar el “gradual” (el adjetivo “gradual” hace referencia precisamente a este subir las gradas del ambón donde se cantaba el salmo y su complemento, el tracto o aleluya). Sigue leyendo

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