J. S. BACH: LA PASIÓN SEGÚN SAN JUAN

La Pasión, un género musical

LA PASION

Cristo muerto con dos ángeles [Palma Giovane ca. 1600]

Durante el tiempo de Semana Santa, la música no sólo no está ausente sino que adquiere una singular importancia en nuestras iglesias, en nuestras calles y plazas, y en conciertos en las iglesias en los que se suelen interpretar piezas clásicas de música sagrada de un alto nivel espiritual y cultural. Dentro de la música sagrada que se interpreta estos días encontramos la Pasión, un género musical que consiste en la musicalización de un texto relacionado directamente con la pasión y muerte de Cristo. El texto se basa generalmente en alguno de los cuatro evangelios: según Mateo, Marcos, Lucas o Juan, aunque también puede retomar elementos de los cuatro. En la mayoría de los casos, sin embargo, se presenta la historia tal como aparece en uno de ellos.

Existen diversos tipos de pasiones que se diferencian en sus características formales:

  • Pasiones responsoriales
  • Pasiones motéticas
  • Pasiones oratóricas o concertantes
  • Oratorios de pasión

Pasiones responsoriales

Se utiliza como base para la composición musical el texto de alguno de los cuatro evangelistas, que es presentado por medio de un solista que alterna con un coro. La narración es presentada por el evangelista, que es el solista principal. Por su parte, los personajes que aparecen en el transcurso de la narración son interpretados por solistas o ensambles a una, dos o tres voces y la turba (los grupos más grandes de personas, como el pueblo, el grupo de sacerdotes, la muchedumbre, etc.) por el coro. Es éste el tipo de pasión más antigua. En muchos casos, aparecen al principio y al final un coro introductorio y un coro final que anuncian el inicio y el fin de la pasión.

Pasiones motéticas

El texto bíblico relacionado con la Pasión de alguno de los evangelios se musicaliza en su totalidad de forma polifónica, incluso la parte de la narración. Al principio y al final de la obra se encuentra un coro de entrada y otro de salida, que únicamente introducen o marcan el final de la misma. Fuera de estos dos coros, el único texto utilizado es el de algún evangelio (o eventualmente la compilación de los cuatro). Siguiendo la tradición del motete, la pasión se divide en varias secciones que se diferencian entre ellas porque en cada una se presenta un nuevo motivo o sujeto musical y porque el número de voces cambia. En este sentido, la narración normalmente está musicalizada a cuatro voces, los personajes a 2 ó 3 y los coros a 4 ó 5. Algunos compositores que escribieron pasiones motéticas fueron: Jacob Obrecht, Leonhard Lechner, Christoph Demantius, etc.

Pasiones oratóricas

A partir de las pasiones responsoriales y por influencia del oratorio, aparecen en el siglo XVII las pasiones oratóricas. En éstas, los cantantes son acompañados por el bajo continuo o por un grupo instrumental u orquesta. Asimismo, se incluyen corales y arias con textos libres que comentan los sucesos presentados en el texto bíblico. Igualmente se introducen elementos de la ópera y del oratorio, como el recitativo seco y acompañado, las arias da capo, los ariosos, coros y piezas instrumentales. El texto bíblico se presenta normalmente en forma de recitativo seco, es decir, acompañado únicamente por el bajo continuo, mientras alternan el narrador y los personajes. En algunas ocasiones las palabras de Cristo son acompañadas también por cuerdas (Theile, Bach, Telemann). Entre los recitativos secos y las arias, a veces se encuentran recitativos acompañados con textos libres que introducen el contenido de las arias. La pasión oratórica tiene prácticamente las mismas características musicales que el oratorio y en realidad, es sólo una variante del mismo. Las pasiones oratóricas más importantes son la Pasión según Juan de Georg Böhm, la Pasión según Marcos de Reinhard Keiser, diversas pasiones de Telemann (46 en total), la Pasión según Mateo y la Pasión según Juan de Johann Sebastian Bach, las musicalizaciones de la pasión de Barthold Heinrich Brockes por Georg Friedrich Händel, Johann Mattheson, Gottfried Heinrich Stölzel, etc.

Oratorios de pasión

En el siglo XVIII y XIX aparece un tipo especial de pasión que no utiliza directamente el texto de alguno de los evangelios, sino sólo textos libres relacionados con el sufrimiento y la muerte de Cristo. Su estructura y concepción son relativamente libres y no siguen necesariamente la secuencia de sucesos según las narraciones bíblicas. Tal es el caso del oratorio Der Tod Jesu (La muerte de Jesús) de Carl Heinrich Graun o del Passions-Pasticcio, una compilación con música de Graun, Bach y Telemann, entre otros.

J. S. Bach: La Pasión según San Juan

J.S. BACH. LA PASION SEGUN SAN JUANLa Pasión según San Juan es un extraordinario ejemplo de Pasión oratórica y sobrepasa en tantos aspectos musicales el arte que Bach alcanzará en la posterior Pasión según San Mateo y la Misa en si menor, que no se la puede considerar, como se viene haciendo, una obra menor en relación a éstas; al revés, es la culminación en el motivo de la música sinfónica de tradición religiosa.

Leo Kremer (director de orquesta) dice que cuando Johann Sebastian Bach llegó a Leipzig en 1724 se encontró con que su predecesor en el cargo de Kantor del Colegio de Santo Tomás, Johann Kuhnau, había comenzado ya unos años antes a representar la Pasión de Cristo en Semana Santa. La ciudad quería mantener esta costumbre con su nuevo empleado, así que Bach compuso para la ocasión su primera gran obra de este nuevo período: la Pasión según San Juan, que se representó por primera vez el Viernes Santo de 1724.

Se considera que hay indicios de que parte de las ideas musicales para esta obra se habían fraguado en su anterior lugar de trabajo, Köthen, o incluso en Weimar. Lo cierto es que esta obra presenta características formales y estilísticas propias de la época en que Bach fue maestro de capilla en la corte de Köthen. Así, las grandes estructuras simétricas, el uso de determinadas combinaciones instrumentales, y un cierto estilo concertístico propio de sus suites, sonatas y conciertos (escritos en su mayoría en la época de Köthen) parecen dar crédito a esta teoría.

Bach utiliza el texto de San Juan correspondiente a los capítulos 18 y 19 como base para dar forma a su obra. Las características peculiares de este texto nos van a marcar las claves para entender la manera en que el compositor va a estructurar la Pasión. Varios van a ser los motivos que harán que el Evangelio de San Juan se distinga claramente de los otros tres (mucho más homogéneos en su contenido, y denominados por ello evangelios sinópticos). En general, se trata de un texto más abstracto y filosófico en su tono, que da más importancia a las ideas que a la narración en sí misma. El estudio crítico de los evangelios demuestra que se basa en fuentes distintas (pues hay diferencias en cuanto a los acontecimientos que relata), y que hace más hincapié en la faceta más humana de Jesucristo, poniendo mucho énfasis en el amor como elemento indispensable del cristianismo.

El texto evangélico se completa con dos fragmentos del Evangelio según San Mateo: uno el correspondiente al llanto de Pedro tras las negaciones (Cap.26, 75) y el otro el de la denominada “escena del terremoto” (Cap.27, 51). Parece claro que Bach añade estos fragmentos para añadir dramatismo a la música, y precisamente ambos le dan pie para introducir sendas arias de profundo lirismo (nº 13 y nº 35).

Los “coros de turbas” son fragmentos, a veces muy breves, que representan las intervenciones en la narración de los diversos colectivos que integran el relato. En esta Pasión llegan en ocasiones a alcanzar una intensidad dramática de enorme impacto. Además, se les otorga una gran importancia, tanto por su extrema elaboración musical como por su papel de eje central en la estructura general de la obra (sobre todo en la escena del juicio de Pilato).

Tal y como era costumbre en la época, Bach añadirá al texto evangélico composiciones poéticas que se concretan en forma de arias o ariosos para resaltar una idea aparecida en el Evangelio a modo de comentario, o para dar un mayor alcance dramático a la misma recreando una emoción determinada. Los ariosos se diferencian de las arias en que tienen una estructura formal más libre, y a veces se hallan más cercanos al estilo recitativo, aunque con una instrumentación elaborada. En otros casos, introduce himnos de la Iglesia Luterana, denominados corales. En principio estaban destinados a ser cantados por el conjunto de los fieles en el servicio religioso, y están basados en melodías populares. Estas melodías eran luego armonizadas a cuatro voces por el compositor dentro de su propio estilo. Incluso hoy en día, algunas de estas melodías de corales se siguen cantando habitualmente en las iglesias alemanas. Sus textos tienen diverso origen poético y tratan, al igual que las arias, de marcar los momentos más significativos de la Pasión. Su temática está siempre conectada con lo que ocurre en ese momento en el texto, o sirve para unir el sentimiento de Cristo al del pueblo. El canto de corales fue una de las acciones con las que Lutero cumplió uno de los objetivos de la Reforma: acercar las cuestiones teológicas más importantes al pueblo (utilizando su propia lengua vernácula en vez del latín) y permitir que éste participe más activamente en los ritos, sirviendo así la música para crear un sentimiento comunitario donde los creyentes cantan juntos la Palabra de Dios.

Además de los corales y los coros de turbas, el coro tiene aún otras intervenciones. Se trata del nº 1 (“Herr, unser Herrscher”) y el nº 39 (“Ruht wohl”), que en este caso son de tipo madrigalístico y que estructuralmente cumplen aquí las funciones respectivas de prólogo y epílogo. Un último coral cierra toda la obra para que la palabra retorne al pueblo en el momento de la conclusión del drama.

Con estas herramientas Bach construye la Pasión según San Juan. Los recitativos y coros llevarán el peso de la narración del Evangelio, que se verá “interrumpida” por arias y corales. Las arias y los corales van a ser de esta manera los que marcan el ritmo de la obra, la estructuran, la gradan y van señalando los momentos de mayor importancia, acercando al oyente la trama y sobre todo el sentir religioso que el autor pretendía.

El coro final, en forma de rondó (nº 39), junto con el último coral (nº 40), cerrarán la Pasión.

Bach revisará la obra en tres ocasiones, lo que nos indica el grado de perfección que procuró alcanzar; además del valioso material con el que contaba para transformarla. En 25 años Bach fue capaz de entregarle un bruñido especial que ninguna otra obra enluce. Ni la Pasión según San Mateo ni la Misa en si menor. Tampoco hay nada semejante en la música ajena a Bach.

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2 comentarios

Archivado bajo Música sagrada

2 Respuestas a “J. S. BACH: LA PASIÓN SEGÚN SAN JUAN

  1. María Dolores

    He leído que Bach, al igual que su predecesor, escribió sus pasiones para que fueran interpretadas por los fieles durante los oficios del Viernes Santo, por lo que son obras fáciles de interpretar ya que no están escritas para profesionales sino para que las cantasen los fieles. Son demostraciones de fervor popular. ¿Quizás como nuestras procesiones?
    Hoy en día, convertidas en obras de concierto, se interpretan por profesionales que no deben esforzarse demasiado, por lo que se sienten cómodos y el resultado es bueno. Es probable que esto sea cierto, pues no sé hasta dónde llegarían los estudios musicales en la época de Bach. Claro que ninguna de las obras escritas en su tiempo sonaban como suenan ahora, simplemente por la variedad, cantidad y calidad de los instrumentos.
    Maravillosas las pasiones de Bach.

    • Estimada María Dolores:

      Solamente a modo de acotación a la interesante información que nos provees pienso que, probablemente y tal como mencionas, estas obras contienen algunos episodios destinados a ser interpretados por los feligreses como son los bellos corales que se intercalan entre los demás pasajes; sin embargo, otros números como el coro de apertura, varios coros de la turba y varias arias deben ser interpretadas por profesionales dado su grado de dificultad.

      Tal como dices, estas obras son realmente maravillosas no solamente como piezas musicales, sino que conducen al recogimiento y la reflexión, seas de la religión que seas (yo soy budista).

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