LAS PARTES CANTADAS DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

MONJES CANTANDO EL OFICIO DIVINOYa hemos visto que la Celebración de la eucaristía exige el canto —siempre que sea posible—, y que éste sea un canto de toda la asamblea (ministros y fieles) que favorezca la participación activa en el misterio que celebramos. Ahora bien, qué cantar, en qué momento y cómo es la gran pregunta que debemos hacernos cada vez que nos congregamos para celebrar la Eucaristía. ¿Cantamos lo que debemos cantar? —y no me refiero sólo a la selección de los cantos, sino a las partes de la celebración que decidimos cantar—; ¿es más importante, por ejemplo, el canto del ofertorio que el salmo responsorial?… La Iglesia ha señalado algunas pautas que debemos conocer, especialmente los animadores del canto litúrgico y, por supuesto, los animadores y ministros de la comunidad cristiana. En esta entrada vamos a resumir los criterios más significativos a tener en cuenta con la intención de que sirvan de guía para todos aquellos que tienen alguna responsabilidad en la animación litúrgica.

Las partes cantadas de la Celebración eucarística las podemos dividir en dos grupos: las que corresponde a los ministros en diálogo con la asamblea, y las que canta toda la asamblea.

1. Las que corresponde a los ministros en diálogo con la asamblea

Según la instrucción Musicam sacram, el primer grado de participación en la liturgia consiste fundamentalmente en las aclamaciones y diálogos del presidente con la asamblea. El primer animador de la asamblea es aquel que la preside, cantando las partes que le son propias en diálogo con la asamblea. Resulta extraña y empobrecedora una celebración solemne en la que hay abundancia de cantos de toda la asamblea pero en la que el presidente no canta nada. Así nos lo recuerda la Sagrada Congregación de Ritos: «En la elección de las partes que se deben cantar, se comenzará por aquellas que por naturaleza son de mayor importancia; en primer lugar, por aquellas que deben cantar el sacerdote o los ministros con respuesta del pueblo; o el sacerdote junto con el pueblo.» (MS 7).

Las partes que corresponde a los ministros son:

  • El saludo inicial
  • El prefacio
  • La plegaria eucarística
  • Las oraciones presidenciales: oración colecta, oración sobre las ofrendas y la oración después de la comunión
  • Saludo de despedida

2. Las que corresponde a toda la asamblea

Las partes que canta toda la asamblea se reparten a lo largo de la propia estructura de la celebración que, como sabemos, se compone de dos momentos principales, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística. Estas dos partes están tan estrechamente asociadas que forman un solo acto de culto. Además, la celebración se abre con los Ritos iniciales y se cierra con un Rito de conclusión que, aunque secundarios, hacen de ella un todo único.

Dentro de este esquema celebrativo, las partes que corresponde a la asamblea y los ministros son:

     RITOS INICIALES

  • Canto de entrada
  • Señor, ten piedad (Kyrie, eleison)
  • Gloria

     LITURGIA DE LA PALABRA

  • Salmo responsorial
  • Aclamación del Aleluya
  • Aclamación al Evangelio
  • Profesión de fe

     LITURGIA EUCARÍSTICA

  • Canto del Ofertorio
  • Santo
  • Aclamación al Memorial (Anámnesis) (“Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús”.)
  • El gran Amén de la Doxología (es el Amén de la oración eucarística: “Por Cristo, con Él y en Él…“, proclamada solamente por el sacerdote.)
  • Padrenuestro
  • Aclamación al Embolismo (si se canta el Padrenuestro es adecuado cantar las siguientes palabras también: ¡Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre Señor!)
  • Saludo de la paz
  • Cordero de Dios
  • Canto de Comunión / Canto de acción de gracias

     RITO DE CONCLUSIÓN

  • Canto de despedida

La cantidad de cantos que debemos seleccionar depende de varios factores, aunque normalmente se seleccionan alrededor de 10-12 cantos:

  • Tipo de liturgia (Misa dominical, sacramental, etc.)
  • El tiempo litúrgico (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Tiempo Ordinario…)
  • El tiempo establecido de duración de la celebración
  • Preferencias del celebrante y momentos que se quiere destacar de la celebración
  • La cultura y lugar geográfico o región donde se encuentre la asamblea

CANTOS DEL ORDINARIO Y DEL PROPIO DE LA MISA

El Gradual, el libro que contiene los textos y cantos usados con mayor frecuencia durante la misa y los oficios, agrupa los cantos que corresponde a toda la asamblea en dos grupos: los que corresponden al Ordinario y los que corresponden al Propio de la Misa. Sin embargo, cuando hablamos de cantos del Ordinario o del Propio de la Misa, normalmente no entendemos bien a qué nos referimos si no estamos familiarizados con la terminología litúrgica. Para que sepamos de qué hablamos cuando oímos estas expresiones vamos a describir muy brevemente qué significan exactamente y en qué se diferencian unos cantos de otros. En el esquema gráfico que acompaño se ve mejor cómo están divididos los cantos dentro de la celebración: en rojo los que no cambian; en verde los que cambian dependiendo del tiempo litúrgico, la conmemoración, etc…

Los Propios de la Misa (Latín: proprium) son los cantos que varían según la fecha “propia” del día en el Año Litúrgico o algún otro evento, como la fiesta de un santo. Contrasta con el Ordinario de la Misa, parte que no cambia según el día. También contrasta con los Comunes, esas partes del Rito que son comunes a algún grupo de santos, como los Apóstoles o Mártires.

El Ordinario de la Misa (Latín: Ordo Missae) es el texto de la Misa que generalmente no cambia. Contrasta con los Propios de la Misa, cantos que cambian durante el Año litúrgico o para una fiesta. El Ordinario se encuentra en el Misal Romano como una sección distinta en medio del libro, entre las Misas Pascuales y los Propios de temporadas y Santos. La Iglesia afirma que el Ordinario de la Misa tiene que ser privilegiado. Su elección debe ser hecha por un período de tiempo bastante largo; si no, asumen la categoría de cantos propios de un día. Así, cada tiempo litúrgico tendrá su música y su “color” si se le reservan sus melodías.

ESQUEMA-ORDINARIO-PROPIO

CANTOS DEL PROPIO: Entrada,  Salmo responsorial,  Aleluya,  Ofertorio,  Comunión [textos variables]

CANTOS DEL ORDINARIO: Kyrie,  Gloria,  Credo,  Santo,  Cordero de Dios [textos invariables]

QUÉ CANTAR: GRADOS DE IMPORTANCIA

Ya sabemos qué partes son las que se pueden cantar en la Celebración eucarística y cómo se agrupan, pero a la hora de decidir cuáles cantamos, ¿cuál es el criterio? Más importante que la selección de los cantos para cada una de las partes de la Celebración es saber, en primer lugar, qué partes debemos cantar y cuáles debemos privilegiar. La instrucción Musicam sacram establece tres grados de importancia o de participación que conviene tener muy presente:

«Para la misa cantada, y por razones de utilidad pastoral, se proponen aquí varios grados de participación, a fin de que resulte más fácil, conforme a las posibilidades de cada asamblea, mejorar la celebración de la misa por medio del canto. El uso de estos grados de participación se regulará de la manera siguiente: el primer grado puede utilizarse solo; el segundo y el tercer grado no serán empleados, íntegra o parcialmente, sino con el primer grado. Así los fieles serán siempre orientados hacia una plena participación en el canto.

Pertenecen al primer grado:
a) En los ritos de entrada:

  • El saludo del sacerdote con la respuesta del pueblo.
  • La oración.

b) En la liturgia de la Palabra:

  • Las aclamaciones al Evangelio.

c) En la liturgia eucarística:

  • La oración sobre las ofrendas.
  • El prefacio con su diálogo y el Sanctus.
  • La doxología final del canon (Por Cristo, con Él y en Él...)
  • La oración del Señor —Padrenuestro— con su monición y embolismo.
  • El “Pax Domini”.
  • La oración después de la comunión.
  • Las fórmulas de despedida (podéis ir en paz…)

Pertenecen al segundo grado:

a) Kyrie, Gloria y Agnus Dei.
b) El Credo.
c) La oración de los fieles.

Pertenecen al tercer grado:
a) Los cantos procesionales de entrada y de comunión.
b) El canto después de la lectura o la epístola.
c) El Aleluya antes del Evangelio.
d) El canto del ofertorio.
e) Las lecturas de la Sagrada Escritura, a no ser que se juzgue más oportuno proclamarlas sin canto.» (MS 27-31)

La simple enumeración de estos grados nos sirve para comprobar que los hemos invertido completamente. Lo que la Iglesia nos pide que cantemos no lo cantamos y lo que pone en segundo o tercer lugar nosotros lo elevamos al primer puesto, incluso como lo único que se debe cantar. Los ministros son los primeros obligados a cantar las partes que les corresponden mientras que por parte de la asamblea, más importante que el Propio de la Misa son los cantos del Ordinario.

Cuando hayamos entendido y asimilado todo lo anterior podremos coger el cantoral y seleccionar los cantos que vamos cantar teniendo en cuenta todas las indicaciones que ya hemos señalado para favorecer la participación activa de la asamblea. Hacer efectivas estas indicaciones es responsabilidad del Animador del canto litúrgico —a quien la Iglesia confiere la cualidad de ministro—, y del primer animador de la asamblea, el párroco y los sacerdotes. Lo lamentable es que empecemos la casa por el tejado y que, a falta de animadores del canto litúrgico, muchos animadores de la comunidad cristiana —responsables de liturgia, sacerdotes y párrocos—, no le den la debida importancia a todo esto y, por tanto, no transmitan estas indicaciones y prioridades a los grupos y coros que voluntariosamente acompañan nuestras celebraciones a los que al final hacemos responsables de esta falta de criterio músico-litúrgico. La responsabilidad última no es de ellos.

Hagamos un esfuerzo por conocer y hacer conocer la riqueza de nuestra liturgia de manera que podamos sentirnos cada vez más atrapados por esa “emoción litúrgica” que debería desprender nuestras celebraciones y que tanto nos ayudarían a sentirnos más íntimamente unidos al Misterio que celebramos.

EUCARISTÍA Y MÚSICA LITÚRGICA /3

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6 comentarios

Archivado bajo Eucaristía y música litúrgica

6 Respuestas a “LAS PARTES CANTADAS DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

  1. Lola

    La verdad es que, efectivamente, lo hacemos todo al revés. Quizás sería conveniente dar mayor difusión a la instrucción Musicam Sacram. Es verdad que el canto ayuda a una mayor participación litúrgica, pero es muy importante saber qué cantar y procurar hacerlo bien, aunque salga regular. Pero eso exige educación musical, aunque sea elemental, y en España la música no se estudia adecuadamente.
    Muy bello el cantoral.

  2. Ignacio Guerrero

    ¡Uhf! Toda la vida cantando y organizando el coro de mi parroquia intentando elegir bien los cantos y ahora descubro que lo estoy haciendo al revés. No tenía ni idea de lo importante que es lo que comentas sobre los grados de importancia de los cantos en la liturgia. ¡Qué poco nos han enseñado los que deberían saberlo! aunque quizá ni ellos mismos lo saben a pesar de que esté tan claramente explicado en los documentos oficiales de la Iglesia, Voy a leer entero el documento Musicam sacram pues creo que es obligatorio para todos los que nos prestamos a la animación de la música en la liturgia, lo hagamos bien o regular.Te agradezco muchísimo que me hayas ayudado a ver todo esto porque te aseguro que a partir de hoy voy a cambiar algunas cosas en mi coro parroquial y, espero, en las celebraciones de mi parroquia.

    • Pedro Luis Liturgo

      Ignacio, yo no creo que con el voluntarismo que manifiestas se puedan cambiar las cosas. En la Iglesia hacen falta Asambleas, Síndos y Concilios para poner sobre el papel “la teoría”, pero hacen falta muchas generaciones para que las cosas cambien. Desde que el Concilio Vaticano II dejó tan clarito todo esto han pasado 50 años y no hemos avanzado prácticamente nada. Mira nuestras comunidades, ¿cuántos animadores del canto litúrgico hay? ¿cuántos sacerdotes y obispos creen en la importancia de todo esto? Ojalá hubiera muchos como tú que se descubren ante la evidencia de nuestra ignorancia, pero me temo que no es tan fácil. En mi parroquia sólo encuentro recelos y malas caras cuando hablo de la importancia de la música en la liturgia como si les estuviera incomodando. El desánimo cunde de vez en cuando pues para los que creemos en la fuerza expresiva de la liturgia y de la música como vehículo de transmisión de la fe nos cuesta mucho aceptar esta ceguera. Quizá es porque la Iglesia, los hombres que formamos parte de la Iglesia, sigue siendo más “prostituta” que “santa”. Que cunda tu ejemplo.

      • Fausto Carrasco Fragoso

        Disculpe Sr. Pedro, pero la Iglesia siempre ha sido y será Santa. Su comentario al respecto no viene al caso. Precisamente, y con todo respeto, comentarios como el suyo parecen venir de un protestante. Los verdaderos Católicos respetamos a Nuestra Santa Madre Iglesia Catolica y no la juzgamos por las malas obras o actuar de los hombres que somos parte de ella. Recuerde, la Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo, fundada y cimentada sobre Pedro / Papa. Con todo el amor en Cristo Jesús doy respuesta a su comentario y le envio mi bendición.

  3. Elena

    Quiero darte las gracias por tu esfuerzo y por esa ilusión que a todos nos mueve a pensar que podemos hacerlo mejor. De todos modos, hemos de ser conscientes de la realidad de nuestras comunidades, por lo que no podemos desanimamos, y menos cuando encuentras una colaboración agradecida y constante en el equipo de sacerdotes.

  4. GRACIAS, ES BUENO CONOCER BIEN EL ORDEN Y LOS CANTOS APROPIADOS EN LA LITURGIA. RICAS Y ABUNDANTES BENDICIONES.

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