NOTAS PARA EL SALMO. RECUPERAR LOS SALMOS

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El Salmo responsorial

 

ISAIAS - ROLLO IAunque todos sabemos que los Salmos forman parte de la Biblia —y por tanto son Palabra de Dios revelada—, y que eran la oración por excelencia del pueblo de Israel para dirigirse a Dios, la historia del Salmo responsorial muestra la escasa importancia que la Iglesia le ha dado durante siglos a este texto bíblico en el contexto de la liturgia eucarística si lo comparamos con la liturgia de las horas —alimentada y custodiada por el clero y la vida monástica—, que basa toda su estructura oracional en la recitación y canto de los salmos. Desde el siglo VI se suprimió en la liturgia el Salmo responsorial tal como lo conocemos ahora. Se quedó reducido a un solo versículo y dejó de ser responsorial. Algunos atribuyen su casi desaparición a la música, que se erigió como protagonista, de forma que lo que originalmente era una declamación acentuada del texto sagrado, enseguida derivó hacia formas más desarrolladas y floridas, más complicadas, hacia una música llena de adornos que hacía cada vez más ininteligible el texto. Lo que había sido lectura cantada de un salmo, con respuesta de la asamblea, igualmente cantada, se convirtió en canto brillante pero sin apenas salmo y sin canto responsorial de la asamblea. Había muerto el salmo responsorial como tal, y aparecido, en su lugar, el “canto interleccional”.

A partir de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, el Salmo responsorial ha adquirido una entidad propia recuperando la importancia que tuvo en épocas pasadas, aunque en la liturgia dominical, la que se celebra en nuestras comunidades y parroquias, aún no se ha asimilado como tal. Por eso, desde aquí queremos hacer una llamada a los coros parroquiales y responsables de liturgia para que entre todos hagamos un esfuerzo por recuperar la importancia de este texto bíblico en nuestras liturgias dominicales; texto que, deseablemente, debería ser siempre cantado.

Todo esto lo hemos desarrollado ya en entradas anteriores de este Blog sobre Música y liturgia, por lo que no vamos a repetir lo ya dicho remitiendo, para quien tenga interés, a dichas entradas: El ministerio del salmista y Liturgia de la Palabra: Salmo responsorial.

NOTAS-PARA-EL-SALMOLo que ahora proponemos en «Notas para el Salmo» es casi un Taller del Salmo responsorial, un itinerario por los salmos de cada domingo con dos notas: una nota teológico-oracional y una nota musical. Se trata de comprender el texto y aprender a cantarlo. En la mayoría de nuestras celebraciones ni se hace referencia al Salmo en la homilía ni se canta cuando se proclama la Palabra. Cantamos en muchos momentos de la celebración, pero casi nunca el Salmo responsorial a pesar de que existen numerosas musicalizaciones y de que disponemos del tono salmódico que podemos utilizar en prácticamente la totalidad del salterio (es conveniente disponer del Libro del Salmista editado por el Secretariado Nacional de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española, Madrid 1986).

Cantar y rezar con los salmos en la liturgia dominical es nuestra gran asignatura pendiente por lo que ya va siendo hora, cincuenta años después, de tomar en consideración la invitación de los padres conciliares a recuperar este elemento litúrgico: «El Concilio Vaticano II, al disponer los principios de la reforma litúrgica, se propuso «restablecer, de acuerdo con la primitiva norma de los Santos Padres, algunas cosas que habían desaparecido a causa del tiempo» (Sacrosanctum Concilium 50). Uno de los ritos restablecidos por la reforma litúrgica ha sido el salmo responsorial. La recuperación de este rito es fruto, por una parte, del aprecio y revalorización de la presencia de la Palabra de Dios en la liturgia y, por otra, del planteamiento de la estructura de la celebración eucarística a partir de las leyes fundamentales recibidas de la tradición litúrgica.» (Directorio litúrgico pastoral sobre el Salmo responsorial y el Ministerio del Salmista).

Qué son los salmos

Ángeles musicos con varias formas de salterio

Ángeles musicos con varias formas de salterio. Cuando se lo menciona en la Biblia (como en 2 Crónicas 5:12), el instrumento al que se alude es el kinnor. Kinnor es el nombre en idioma hebreo de un antiguo instrumento de cuerda traducido como “arpa”. Se trata de una lira hebrea portátil de 5 a 9 cuerdas, similar a las que también encontramos en Asiria. Era el instrumento predilecto para acompañar el canto en el Templo durante la época de los reyes (2 Crónicas 5:12). El kinnor tenía un sonido que provocaba inmediatamente la alegría. Se asemeja al arpa egipcia de 10 cuerdas. También es llamado arpa de David.

Salmo, en griego clásico psalmoipsalterion, significa el tañido de las cuerdas de un instrumento musical. Su equivalente en hebreo (mizmór, מזמור אוחל, de “afinar”) significa un poema de forma “afinada” y mesurada. Las dos palabras nos muestran que un salmo era un poema con estructura definida para ser cantado con acompañamiento de instrumentos de cuerda. En hebreo recibe el nombre de Tehillim, es decir, alabanzas, aunque no todos los salmos son canciones de alabanza; la colección de salmos constituyen un manual para el servicio del Templo, un servicio principalmente de alabanza, de ahí que el nombre “Alabanzas” fue dado al manual mismo.

Son un total de 150 y forman el libro más extenso de la Biblia, llamado «Libro de los Salmos». Algunos salmos incluyen indicaciones acerca de cómo se cantaban algún tiempo después de que surgieran. Por ejemplo, el salmo 12,1, dice: «Al Maestro de coro. En octava. Salmo de David». Se entiende fácilmente que eran cantados. Basta mirar las indicaciones de algunos de ellos. Por ejemplo, en el salmo 22,1, leemos: «Al maestro de coro. Según “la cierva de la aurora”. Salmo de David». Esto significa que, cuando se escribió, este salmo se cantaba con la melodía de una canción conocida como «La cierva de la aurora». Los salmos, por tanto, nacieron para ser cantados. Esto no quiere decir que no podamos rezarlos, sino que el mejor modo de rezarlos es cantándolos.

Se trata de la colección de oraciones más rica que conoce la humanidad. Los salmos surgieron en un contexto judío y son fruto de la espiritualidad judía. Su lengua original es el hebreo, pero enseguida se convirtieron en patrimonio de toda la humanidad.

El uso litúrgico cristiano del Salterio data del tiempo de Cristo y sus apóstoles. Él recitó los Aleluyas en la última Pascua; los salmos 113 – 114 antes de la Última Cena y los salmos 115 – 118 después de eso; el salmo 22 fue recitado en su agonía; citas autorizadas de otros salmos aparecen en sus discursos y en los de sus apóstoles (cf. Lc 20,42; 24,44; He 1,20). Los apóstoles utilizaban los salmos en su culto (cf. He 16,25; Sant 5,14; 1 Cor 14,26). El servicio litúrgico más antiguo fue tomado del Salterio. San Pablo presenta a los cristianos de Efeso salmodiando, un coro respondiéndole a otro: «Llenaos del Espíritu Santo recitando entre vosotros salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando (psallontes) al Señor en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo a Dios Padre en nombre de nuestro Señor Jesucristo» (Ef 5,19-20).

El Salterio o Libro de los Salmos

El libro de los Salmos, según la numeración hebrea, contiene 150 salmos divididos en 5 libros, junto con cuatro doxologías (cada libro, salvo el último, termina con una doxología) y los títulos de la mayoría de los salmos.

  • Libro I: Salmos 1 – 41; doxología, salmo 41,14.
  • Libro II: Salmos 42 – 72; doxología, salmo 72,18-20.
  • Libro III: Salmos 73 – 89; doxología, salmo 89,53.
  • Libro IV: Salmos 90 – 106; doxología, salmo 106,48
  • Libro V: Salmos 107 – 150; sin doxología.

El Midrash nos dice que David dio a los judíos cinco libros de salmos correspondientes a los cinco libros de la Ley dada a ellos por Moisés. Esta tradición fue aceptada por los primeros Padres. Hipólito llama al Salterio y sus cinco libros un segundo Pentateuco. Estos cinco libros se pueden subdividir a su vez en 14 grupos o familias.

Himnos. Esta familia tiene tres categorías: Himnos de alabanza; Salmos de la realeza del Señor; Cánticos de Sión. Los Himnos de alabanza son 20 (cf. salmos 8 y 146). Su característica principal es la alabanza a Dios por su intervención en la historia, creando, liberando, etc. Los Salmos de la realeza del Señor son 6. Pertenecen a este tipo aquellos salmos que afirman o proclaman insistentemente la expresión «el Señor es Rey» (cf. salmos 98 y 99). Los Cánticos de Sión son 7. Reciben esta denominación aquellos salmos que tienen como tema central la ciudad de Jerusalén, también llamada Sión (cf. salmos 46 y 84).

Salmos individuales. Esta familia tiene también tres categorías: Súplica individual; Acción de gracias individual; Confianza individual. Los salmos de Súplica individual son los más numerosos; un total de 39. En estos salmos, una persona clama a Dios a causa de la injusticia (cf. salmos 140 y 141). Los salmos de Acción de gracias individual son 11. En ellos, una persona, después de haber expuesto su queja y haber sido escuchada, da gracias a Dios (cf. salmos 30 y 32). Los salmos de Confianza individual son 9. En ellos, una persona expresa su absoluta confianza en Dios (cf. salmos 23 y 27).

Salmos colectivos. Sigue el mismo esquema que la anterior y también tiene tres categorías: Súplica colectiva; Acción de gracias colectiva; Confianza colectiva. Los salmos de Súplica colectiva son 18. Se trata del clamor de un grupo ante las injusticias (cf. salmos 12 y 44). Los salmos de Acción de gracias colectiva son tan sólo 6. Un grupo da gracias a Dios por la superación de un conflicto o por un don recibido (cf. salmos 65 y 66). Los salmos de Confianza colectiva sólo son 3. En ellos, un grupo de personas confiesa su total confianza en Dios (cf. salmos 115, 125 y 129).

Salmos reales o regios. Se llaman así porque su personaje central es la persona del rey en acción. Se trata de salmos cargados de ideología, pues defienden la monarquía como institución divina. Más aún, el rey es presentado como hijo de Dios (2, 7) . En total, los salmos reales son 11 (cf. salmos 2 y 110).

Salmos didácticos. Tiene cuatro categorías: Liturgias; Denuncias proféticas; Históricos; Sapienciales. Sólo 3 pertenecen al tipo de Salmos litúrgicos. Reciben este nombre porque presentan un fragmento de una antigua celebración litúrgica de la que poco o nada se sabe (cf. salmos 15, 24 y 134). Los salmos de Denuncia profética son 7. Son esos salmos con un lenguaje duro parecido al de los «profetas incendiarios», como Amós, Miqueas y otros, cuya preocupación principal fue denunciar las injusticias (cf. salmos 52 y 53). Los salmos Históricos son solamente 3: el 78, el 105 y el 106 (algunos Himnos de alabanza también pueden ser considerados históricos: 111, 114, 135 y 136). Se llaman así porque cuentan la historia del pueblo de Dios. Después del salmo 119, son los más largos (para contar la historia hace falta mucho tiempo). Es interesante señalar que cada uno de ellos tiene una visión particular de la historia: optimista + pesimista (78), optimista (105), pesimista (106). Finalmente, tenemos los Salmos Sapienciales. Son un total de 11. Se trata de salmos preocupados por las cuestiones existenciales más importantes: el sentido de la vida, la felicidad, la vanidad de las riquezas, la vida que pasa, etc. Abordan, en definitiva, esas preocupaciones que nos visitan cuando atravesamos la línea que marca la mitad de la vida, época en la que se nos invita a producir sabiduría, esto es, a dar un sentido a todo lo que hacemos, tenemos y somos. Muchos sitúan el Libro de los Salmos dentro del bloque de los Sapienciales, pero estrictamente hablando, sólo once salmos pueden calificarse, sin ningún tipo de duda, como sapienciales.

La numeración de los Salmos

Para quien está poco habituado, resulta confuso esto de que los salmos se citen generalmente con un número, y otro entre paréntesis. Cuando el lector va al calendario litúrgico y decide leer el salmo que se cita, resulta que en la Biblia lo encuentra con el número cambiado.

La diferencia de numeración se debe a que tenemos dos traducciones del Antiguo Testamento, la griega (llamada “Septuaginta” o de los LXX) y el texto hebreo llamado “Texto masorético”. A nosotros nos llega la numeración griega a través de la versión latina llamada “Vulgata”.

Como todos los textos litúrgicos provienen de la organización del texto en la Vulgata, en la liturgia se usa la numeración griega (Septuaginta/Vulgata), mientras que en todo lo demás se usa la numeración hebrea.

El salterio ha llegado a nosotros como una colección de 150 salmos, un número artificial y provocado desde el primer momento. Para que el número de la colección de salmos fuese un número redondo, 150, se tuvieron que hacer todo tipo de modificaciones en los poemas. Algunos salmos fueron divididos en partes para justificar la cifra total de poemas (cf. salmos 9 y 10). En otras ocasiones la búsqueda de numeración artificial llevó al error de repetir algún salmo dos veces (cf. salmos 14 y 53).

En los dos casos hay 150 salmos, pero las uniones y divisiones de los textos hacen que no resulten numeraciones homogéneas. Veamos:

En la tradición Septuaginta/Vulgata, el Salmo 9 y el 10 del hebreo forman uno solo, por lo tanto, a partir del 11, todos los salmos tienen un número menos que en la numeración hebrea:

el 11 es 10, el 12 es 11, el 51 es 50 etc… hasta el salmo 146 (es decir: 147 del hebreo), que se divide en dos, por tanto la segunda parte del 146 se llama 147, y como el hebreo no divide ese salmo, desde el 148 las dos numeraciones se igualan, y siguen igual hasta el 150.

Así que, por ejemplo, si vemos: Salmo 119(118) significa: el salmo 119 de la numeración hebrea, que es el 118 en la griega/vulgata y, por tanto, en la litúrgica.

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4 comentarios

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4 Respuestas a “NOTAS PARA EL SALMO. RECUPERAR LOS SALMOS

  1. María Dolores

    Me alegra recibir noticias vuestras; echaba de menos vuestros comentarios. Respecto al salmo añado que la semana pasada estuvimos en Portugal y el sábado 18 oímos la misa de las 19:00 horas en la Iglesia de San Ildefonso, en Oporto.
    Antes de empezar la misa salió el cura para enseñar el salmo; no voy a añadir comentarios sobre su maravillosa voz de barítono-bajo; sin micrófono se le oía más que a todos los feligreses juntos.
    Bien, pues el salmo lo cantó uno de los acólitos y el pueblo lo repitió. No sé si pasará solo en esa Iglesia, o solo en esa Diócesis, pero la experiencia me enseña que en España no es habitual cantar el salmo. Me gustaría que cundiera el ejemplo.

    • Pues sí, Lola, volvemos con un tema que cada vez nos preocupa más. Si con el canto litúrgico se ha hecho poco, al menos en España, con el canto del Salmo no se ha hecho prácticamente nada. No se ha entendido la importancia que tiene dentro de la Liturgia de la Palabra y por eso se lee sin más pero no se ora y, mucho menos, se canta. Intentaremos insistir desde aquí por si algunos sienten la llamada y lo incorporan a sus celebraciones. Lo que has vivido en Portugal es importante por lo que tiene de “excepcional” pero es lo que habría que hacer. También hay que decir que no todas las comunidades tienen un sacerdote con una voz maravillosa y, probablemente, ni siquiera un cantor. ¡Quizá tampoco es “o todo o nada”! ¿no te parece?

  2. María Dolores

    Estoy convencida de que no hay nada que no se pueda conseguir con buena voluntad. No es necesario tener voz de cantante de ópera para cantar bien; cada cual según sus cualidades. No se trata de ser perfecto, sino de hacer las cosas bien, de acuerdo con las propias limitaciones. Es algo que he tardado mucho tiempo en comprender, quizás demasiado, pues ahora es cuando he comprendido que he perdido muchas cosas en aras de una perfección que, bien mirado, tampoco existe.
    Lo que sí me parece importante es que alguien sepa música para dirigir y orientar, sin olvidar el acompañamiento de algún instrumento que actúe como complemento, refuerzo y subsanación.

  3. jesusmari

    Gracias, Jose y Elena, por la nueva entrada. Gracias por el tiempo que volcáis en preparar este material tan bueno y útil. Un abrazo de los grandes a vosotros y a Elena. Jesús Mari

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