PASCUA, MÚSICA Y LITURGIA

RESURRECCIONCon el Domingo de Pascua, festividad sobre la que gira todo el Año litúrgico, da comienzo uno de los tiempos litúrgicos fuertes: el Tiempo de Pascua. La Pascua es la fiesta principal y más antigua de los cristianos. Es el corazón del Año litúrgico. León I la llamaba “la fiesta mayor” (festum festorum), y decía que «la Navidad se celebra en preparación para la Pascua» (Sermón XVII en Exodum).

Abarca los cincuenta días posteriores a la Pascua de Resurrección (cincuentena pascual), incluyendo el Domingo de Pascua. Se distinguen tres períodos:

  • Octava de Pascua, que son los ocho días posteriores y deben considerarse como un solo día festivo. Termina en las Vísperas del II Domingo de Pascua, también llamado domingo “in albis” porque era cuando los catecúmenos que se habían bautizado en la Vigila pascual deponían las vestiduras blancas que había llevado durante la octava.
  • Tiempo Pascual hasta la Ascensión.
  • Tiempo Pascual desde la Ascensión hasta Pentecostés.

En este tiempo celebramos:

  • La Ascensión del Señor, a los cuarenta días de Pascua, hoy pasada al domingo VII de Pascua. Celebra el regreso del Cristo Resucitado a la casa de su Padre.
  • Pentecostés. Se celebra a los cincuenta días de Pascua, en el domingo VIII después de Resurrección. Su octava ha sido suprimida. Es el colofón del ciclo pascual, no una nueva Pascua. Celebra la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Jesús no deja abandonados a sus amigos; al contrario, les envía los dones necesarios. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha. Según san Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, es el día en que nace la Iglesia.

Los judíos celebraban la fiesta de la cincuentena para conmemorar la Alianza de Dios con su pueblo en el Sinaí. La Iglesia, en el Concilio de Nicea reunido el año 325 dispuso que la Pascua se celebrase el domingo que hubiese tras el primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. Por este motivo, la Pascua de Resurrección, la Pascua Florida que es como se la llama en España, es fiesta variable, ya que depende de la luna y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Podemos en cierto modo decir que así se unen los dos calendarios: el lunar (de tradición hebrea) y el solar (de origen romano). En la cincuentena pascual, que debe considerarse como una única solemnidad, debe siempre haber signos festivos en el altar y en la iglesia (flores, luces, música). El cirio pascual debe encenderse a diario, para subrayar la unidad de la cincuentena pascual y vuelve el Gloria. En las lecturas, durante la cincuentena se omiten las del Antiguo Testamento, para dar a entender que estamos en un tiempo nuevo, leyéndose los Hechos de los Apóstoles, Apocalipsis, Cartas de san Juan y san Pedro. En la lectura del Evangelio se lee el de san Juan y las apariciones del Resucitado según el evangelista del año. La cincuentena pascual es el tiempo fuerte por excelencia del Año litúrgico y la alegría debe ser la nota dominante. Es tiempo de frecuentar los sacramentos y de llevar la Eucaristía procesionalmente a los enfermos. El Código de derecho canónico obliga a comulgar al menos una vez al año y este precepto debe cumplirse en el tiempo pascual, salvo que por causa justa se haga en otro tiempo (CDC 920). También es precepto confesar los pecados graves al menos una vez al año, aunque no necesariamente en tiempo pascual. Las vestiduras de los ministros son blancas.

  • El color blanco es el propio de todo este tiempo.
  • El cirio pascual junto al ambón está en todas las celebraciones, incluso a diario.
  • Las aclamaciones del “Gloria” y del “Aleluya” son la nota dominante. Con estas aclamaciones el pueblo incesantemente dice: “Alabad a Dios”.

La Pascua Judía

Originariamente es la fiesta semítica del retorno primaveral de la vegetación, común a todas las civilizaciones primitivas. La Pascua, por la coincidencia de su celebración con la liberación de Egipto, llegará a ser para Israel el memorial de esta liberación (cf. Éx 12 y 2 Re, 23, 21-23). Se supone generalmente que su nombre viene de pasah, “pasar” en el sentido de dispensar (cf. Éx 12, 23), aludiendo a que el Señor pasa sin herir con sus plagas delante de las casas marcadas con la sangre del cordero inmolado por los hebreos. Más tarde, a la idea de este paso del Señor para rescatar a su pueblo de la esclavitud, se unirá la idea del paso del pueblo mismo que se va llevar tras de sí fuera de Egipto hacía el país de la promesa, en el que Israel estará en su casa al estar en la casa de su Dios. Así, en la reflexión religiosa de Israel, la Pascua, con el memorial que pervive en su celebración, evocará la intervención redentora típica por la que Dios ha salvado y reconstruido a su pueblo. Habiéndose hecho inseparables la pascua y el éxodo salvador, el retorno del exilio será descrito como un nuevo éxodo, una nueva pascua (cf. Os 2, 16 ss; Is 63, 7 ss). En la celebración pascual judía donde Dios salva y reconstruye a su pueblo, vemos claramente una anticipación de la figura del Salvador, del Mesías que viene a salvar a los hombres y a reconstruir el pueblo, instaurando el Pueblo de Dios.

La Pascua Cristiana

En el Nuevo Testamento, san Lucas describirá el anuncio hecho a los discípulos de la muerte de Jesús, en la transfiguración, como su éxodo que debía cumplirse en Jerusalén (Lc 9, 31, cf. Jn 13, 1 al hablar de su paso de este mundo al Padre, en el momento de la Pascua). Es probable también que la imagen del cordero inmolado, en Is 53, 7, implicara desde el principio una referencia pascual. En todo caso, san Pablo describirá la pasión salvadora de Cristo diciendo: «Cristo, nuestra pascua, ha sido inmolado» (I Cor 5, 7). Así, por una parte, la celebración pascual se convertirá para los cristianos en la celebración de la muerte y de la resurrección del Salvador, y la pascua judía, con todo lo que había significado para los judíos en la primera alianza, será para ellos la fuente principal de su interpretación de la pasión. Ya en la primera epístola de san Pedro vemos superponerse a este tema el del bautismo, celebrado de antiguo con preferencia en la noche pascual. Pasado Él mismo de este mundo a su Padre por la cruz, Cristo nos transporta tras Él, no ya simplemente del Egipto material a una tierra prometida que no lo era menos, aunque uno y otra estuvieran ya llenos de evocaciones espirituales, sino «del reino de las tinieblas al reino del Hijo» (Col 1, 13), que es lo mismo que la entrada en participación de «la heredad de los santos en la luz» (v. 12). Así el misterio de Cristo, tal como lo explicará san Pablo y como lo celebrará toda la liturgia de la antigua Iglesia, es el misterio pascual, es decir, el que se cumplió en la pascua, que la pascua cristiana conmemora, y que constituye la pascua definitiva de la nueva y eterna alianza. La parusía de Cristo será finalmente descrita a su vez como el definitivo cumplimiento de esta pascua en la eternidad (cf Lc 22, 16 y Mt 26, 29).

Pentecostés

A los cincuenta días de la Pascua, los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas (Ex 34, 22), que en sus orígenes tenía carácter agrícola. Se trataba de la festividad de la recolección, día de regocijo y de acción de gracias (Ex 23, 16), en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra. Más tarde, esta celebración se convertiría en recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí, realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto. No hay registros de la celebración de esta fiesta en el siglo I con connotaciones cristianas. Las primeras alusiones a su celebración se encuentran en escritos de san Ireneo, Tertuliano y Orígenes, a fines del siglo II y principios del siglo III. Ya en el siglo IV hay testimonios de que en las grandes Iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así como en la Península Ibérica, se festejaba el último día de la cincuentena pascual. Durante Pentecostés se celebra la venida del Espíritu Santo y el inicio de las actividades de la Iglesia. Por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad. La liturgia incluye la secuencia medieval Veni, Sancte Spiritus. En las Iglesias ortodoxas existe además la celebración de las Tres Divinas Personas o de la Santa Trinidad. Las Iglesias occidentales celebran para esta ocasión desde el siglo XIV su propia fiesta llamada Trinitatis (la fiesta de la Santísima Trinidad) una semana después de Pentecostés.

El Canto en el Tiempo de Pascua

La solemnidad de las solemnidades merece la máxima atención musical. Por tanto, la música y el canto no deben limitarse al Domingo de Pascua y su octava. Toda la cincuentena pascual debe planificarse musicalmente como una única celebración. La temática de los cantos gira en torno a la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, y expresa nuestra gratitud y gozo por la salvación recibida.

  • El canto procesional de entrada debe indicarnos desde el comienzo que estamos en Tiempo de Pascua.
  • El domingo, especialmente en el tiempo pascual, puede hacerse la bendición y aspersión del agua en vez del acto penitencial, utilizando un canto apropiado –no uno cualquiera– para ese momento.
  • El himno del Gloria, con el que cantamos la victoria de Cristo y nuestra propia victoria, debe ser resaltado de forma especial; su ritmo debe tener un marcado sentido pascual que lo distinga del que cantamos en Navidad.
  • El Aleluya, que no hemos cantado durante la Cuaresma, reaparece en la Vigilia pascual. Durante todo este Tiempo debe resonar como expresión de alabanza al Dios vivo; su música debe ser muy festiva.
  • El domingo de Pascua se debe cantar la Secuencia Victimae Paschalis laudes antes del Aleluya (en castellano).
  • El canto de presentación de los dones debe alabar a Cristo resucitado y proclamar la presencia viva de nuestro Señor.
  • La aclamación del Santo debe resonar de manera fuerte y festiva.
  • El canto procesional de comunión debe hacer alusión a la vida de hombres nuevos, sin olvidar por supuesto el amplio repertorio de cantos eucarísticos.
  • El canto de despedida podría referirse a nuestro compromiso eclesial para con todos.
  • El canto del Regina Coeli no tendríamos que perderlo de nuestro repertorio para el Tiempo pascual. En la Eucaristía lo podemos cantar como antífona final, antes de la bendición final y del saludo de despedida «Podéis ir en paz», con el celebrante aún en el presbiterio.
  • La despedida del pueblo en el rito de conclusión de la celebración durante la octava de Pascua finaliza con el doble Aleluya (preferiblemente cantada): “Podéis ir en paz. Aleluya, Aleluya // Demos gracias a Dios. Aleluya, Aleluya“.
  • Para la solemnidad de Pentecostés disponemos de un amplio repertorio de cantos de invocación al Espíritu Santo: Oh, Señor, envía tu Espíritu (L. Deiss), Envía tu Espíritu (J. Madurga), Ven, Espíritu divino (D. Cols), Ven, Espíritu divino (R. Font), etc. Estos cantos no son sólo para la solemnidad de Pentecostés, sino que se pueden utilizar durante todo el Tiempo pascual.
  • Conviene preferir los cantos que se encuentren compuestos en tono mayor.
  • Los instrumentos musicales deben apoyar el carácter festivo del Tiempo de Pascua. El órgano sigue siendo el instrumento por excelencia pudiendo sonar ahora con más fuerza y expresión. Durante este Tiempo se podrán utilizar también instrumentos de percusión siempre que éstos no entorpezcan el desarrollo del canto.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

♦♦♦ Propuesta de Cantos para la Celebración eucarística en el TIEMPO DE PASCUA

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3 comentarios

Archivado bajo Año litúrgico

3 Respuestas a “PASCUA, MÚSICA Y LITURGIA

  1. María Dolores

    FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN. Muy instructivo, como todos, pero me gusta destacar los aspectos curiosos, o al menos desconocidos para mí, como es la relación de Pentecostés con las cosechas. ¡Cómo se nota que soy de ciudad! O la denominación de Florida para nuestra Pascua, todo lleno de flores y alegría por el paso del Señor resucitado.

    • Ya que te gustan las curiosidades te recordaré un par de ellas en relación con la Pascua:
      * La península de la Florida, en Estados Unidos, fue descubierta por Juan Ponce de León un lunes de Pascua de Resurrección (el 8 de abril de 1513). Como la Pascua de Resurrección también se conoce como Pascua Florida, a la península se la llamó Península de la Florida.
      * La “Pascua florida” termina en la fiesta de Pentecostés (a los cincuenta días), conocida también como la “Pascua granada”. Así como la primera Pascua coincide con la primavera, el tiempo de las flores, la Pascua granada coincide con el tiempo de los frutos, la flor ya granada, convertida en fruto.

  2. María Dolores

    Lo del Estado de Florida sí lo sabia, incluida la fecha, pues mi abuela nació un 8 de abril, y el año en que nació era Jueves Santo, por lo que siempre celebro su cumpleaños el día de Jueves Santo. Lo de la Pascua granada es algo nuevo; lo archivo en la memoria.
    Muchas gracias

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