CUARESMA, MÚSICA Y LITURGIA

LA TENTACION DE CRISTO [Duccio di Buoninsegna ]

La tentación de Cristo [La Maestá. Escenas de la Pasión de Cristo. Duccio di Buoninsegna 1308-1311]

La Cuaresma es el período litúrgico que prepara a los cristianos para la celebración de las fiestas de la Pascua. Es un tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las “armas de la penitencia cristiana”: la oración, el ayuno y la limosna.

En un principio esta preparación comprendía desde el Viernes Santo hasta la Vigilia Pascual: «dies in quibus est ablatus Sponsus» (los días en que se nos quitó el Esposo). Luego se alargó a una semana y más tarde a cuarenta días (simbólicamente recuerda los cuarenta días que Jesús vivió en el desierto y su lucha contra las tentaciones). Actualmente empieza el Miércoles de Ceniza y termina al comenzar la Misa de la Cena del Señor (in Coena Domini) en las primeras horas de la tarde del Jueves Santo, totalizando 43 días y medio.

La Cuaresma incluye cinco domingos más el Domingo de Ramos y su carácter es fundamentalmente penitencial. Se utilizan ornamentos morados, a excepción del Domingo de Ramos en el que se utiliza el rojo y las solemnidades más importantes en las que se utiliza el blanco. No se canta ni el Gloria ni el Aleluya; tampoco se adorna el templo con flores y el órgano y demás instrumentos callan, a no ser que sea para sostener el canto. La única excepción corresponde al cuarto domingo, tradicionalmente llamado “Laetare” en el que se puede cambiar de color al rosa (mezcla entre el morado y el blanco, por la proximidad de la Pascua,); se pueden poner algunas flores y usar instrumentos, pero sigue callado el Gloria y por supuesto el Aleluya. También en las solemnidades y fiestas que coincidan —habitualmente son dos importantes: San José (19 de marzo) y la Anunciación del Señor (25 de marzo)— pueden quitarse estos signos penitenciales, empleando vestiduras blancas debido a la solemnidad de estas celebraciones, aunque nunca hay que cantar el Aleluya, que callará hasta la noche de Pascua.

Estructura de la Cuaresma

La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la misa vespertina in Coena Domini. Todo este período forma una unidad, pudiéndose distinguir en él los siguientes elementos:

  1. El Miércoles de Ceniza.
  2. Los domingos de Cuaresma, agrupados en el binomio, I-II; III, IV y V, y el domingo de Ramos en la Pasión del Señor.
  3. La Misa Crismal.
  4. Las ferias.

1. El Miércoles de Ceniza

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso. Marca el comienzo de la Cuaresma.

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la misa, después de la homilía, aunque en circunstancias especiales se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace referencia a la condición pecadora de quienes la recibirán. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en los textos bíblicos de Gén, 3, 19 y Mc 1, 15.

2) Los domingos de Cuaresma

a) Los domingos I y II de Cuaresma

Siguen la orientación de la época de San León Magno: celebrar la «cuarentena» del Señor y su transfiguración. Este tema aparece en los dos primeros domingos. El primer domingo tiene una importancia especial, por ser «el venerable sacramento de la observancia cuaresmal anual»; en el segundo, la presentación de Moisés y Elías.

b) Los domingos III, IV y V de Cuaresma

Estos domingos fueron tradicionalmente los días en que se celebraban los tres escrutinios de preparación a la profesión y bautismo de los catecúmenos; por eso se leían en la misa las lecturas del diálogo de Jesús con la samaritana, de la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro, evangelios en donde el Bautismo aparece como el sacramento del agua, de iluminación y de la vida nueva.

En consecuencia el domingo III es el «domingo del agua»; el domingo IV, «el domingo de la luz»; el domingo V, «el domingo de la vida nueva». Se trata de «domingos sacramentales» porque comportan, tanto para los catecúmenos como para los fieles, un encuentro personal con Cristo, como sucedió con la samaritana, al ciego de nacimiento y a Lázaro resucitado.

c) Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Desde el siglo V, el último domingo de Cuaresma encontró en Roma su forma definitiva como domingo de la Pasión, y seguirá así hasta el siglo X. Se aparta de esta manera de los otros ritos que tenían como núcleo central la entrada triunfal de Cristo en la Ciudad Santa, como ocurría en Jerusalén. Con este domingo da inicio la Semana Santa, en la que la Iglesia celebra los misterios de la salvación realizados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén.

El misal de San Pío V presentaba esta liturgia en cinco partes: a) bendición de los ramos dentro de una extensísima celebración, estructurada como misa; b) distribución de los ramos, mientras se cantaban dos antífonas; c) procesión: el recorrido partía de la iglesia y se regresaba a ella; d) rito ante las puertas de la iglesia, que permanecían cerradas, con cantos desde dentro y fuera de la iglesia; una vez abiertas entraba la procesión, y e) la celebración de la misa romana de Pasión.

Pío XII revisó y modificó estos ritos agrupándolos en dos partes: la procesión solemne en honor a Cristo Rey y la misa de Pasión. Simplificó la bendición de los ramos, modificó su distribución y suprimió la ceremonia ante las puertas de la iglesia.

Actualmente, la procesión y la misa ya no son dos partes independientes sino elementos de un todo, haciendo que el Domingo de Ramos se presente como presagio del triunfo real de Cristo y anuncio de su Pasión. «La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su muerte y de su Resurrección. Con su celebración, la liturgia de la Iglesia abre la gran Semana Santa.» (Catecismo de la Iglesia Católica, 560).

3) La Misa Crismal

Según una antigua tradición, el Jueves Santo por la mañana se celebra la Misa Crismal en la que el obispo de la diócesis, que concelebra con su presbiterio, consagra el santo Crisma y bendice el óleo de los catecúmenos y la unción de los enfermos.

4) Las ferias de Cuaresma

La Celebración de la Cuaresma recae fundamentalmente en los domingos y tienen preferencia sobre las solemnidades. Sin embargo, su celebración se complementa con las ferias, que prevalecen sobre las memorias obligatorias.

La liturgia de esos días desarrolla estos temas:

  • la conversión del corazón y el culto que desde el interior, es debido a Dios;
  • el perdón fraterno, como requisito indispensable para obtener el perdón de Dios, y
  • la renovación personal de la vida y la entrega amorosa a los demás, como frutos del Misterio Pascual.

Las lecturas bíblicas de la Cuaresma

La mejor guía pedagógica de este tiempo la tenemos en la Liturgia de la Palabra, tanto en los días feriales como en los domingos, por lo que merece la pena un breve recorrido por su contenido.

Lecturas feriales

El actual leccionario ferial de la misa divide la Cuaresma en dos partes: por un lado, tenemos los días que van desde el Miércoles de Ceniza hasta el sábado de la III semana; y por otro, las ferias que discurren desde el lunes de la IV semana hasta el comienzo del Triduo Pascual.

a) En la primera parte de la Cuaresma (Miércoles de Ceniza hasta el sábado de la III semana), las lecturas van presentando, positivamente, las actitudes fundamentales del vivir cristiano y, negativamente, la reforma de los defectos que oscurecen nuestro seguimiento de Jesús.

En estas ferias, ambas lecturas suelen tener unidad temática bastante marcada, que insiste en temas como la conversión, el sentido del tiempo cuaresmal, el amor al prójimo, la oración, la intercesión de la Iglesia por los pecadores, el examen de conciencia, etc.

En los orígenes de la Cuaresma sólo se celebraba la misa (además del domingo), los  miércoles y viernes. Por este motivo el leccionario de Cuaresma privilegia las lecturas de estos dos días con lecturas de mayor importancia que las de las restantes ferias. Dichas lecturas suelen ser relativas a la pasión y a la conversión.

b) En la segunda parte de la Cuaresma (desde el lunes de la IV semana hasta el Triduo Pascual), el leccionario cambia de perspectiva: se ofrece una lectura continua del evangelio según San Juan, escogiendo sobre todo los fragmentos en los que se propone la oposición creciente entre Jesús y los “judíos”. Esta meditación del Señor enfrentándose con el mal, personalizado por San Juan en los “judíos”, está llamada a fortalecer la lucha cuaresmal no sólo en una línea ascética, sino principalmente en el contexto de la comunión con Cristo, el único vencedor absoluto del mal.

En estas ferias, las lecturas no están tan ligadas temáticamente una respecto de la otra, sino que presentan, de manera independiente, por un lado la figura del Siervo de Yahvé o de otro personaje (Jeremías especialmente), que viene a ser como imagen y profecía del Salvador crucificado; y por otro, el desarrollo de la trama que culminará en la muerte y victoria de Cristo.

Finalmente, a partir del lunes de la IV semana aparece un tema quizá no muy conocido: la tensión por la que, partiendo de las “obras” y “palabras” del Señor Jesús, se llega hasta el acontecimiento de su “hora”, es decir, su glorificación a través de la muerte que celebramos en el Triduo pascual.

Lecturas dominicales

La liturgia dominical tiene una estructura temática unitaria:

a) La primera lectura tiene en este tiempo de Cuaresma una intención clara: presentar los grandes temas de la Historia de la Salvación para preparar el gran acontecimiento de la Pascua del Señor:

  • La creación y origen del mundo (domingo primero).
  • Abraham, padre de los creyentes (domingo segundo).
  • El Éxodo y Moisés (domingo tercero).
  • La historia de Israel, centrada sobre todo en David (domingo cuarto).
  • Los profetas y su mensaje (domingo quinto).
  • El Siervo de Yahvé (domingo de Ramos).

Estas etapas se proclaman de modo más directo en el Ciclo A, en sus momentos culminantes.

En el Ciclo B se centran sobre todo en el tema de la Alianza (con Noé, con Abraham, con Israel, el exilio, la nueva alianza anunciada por Jeremías).

En el Ciclo C, las mismas etapas se ven más bien desde el prisma del culto (ofrendas de primicias, celebración de la Pascua, etc.).

En el sexto domingo, o domingo de Ramos en  la Pasión del Señor, invariablemente se proclama el canto del Siervo de Yahvé, por Isaías.

b) La lectura Evangélica tiene también su coherencia independiente a lo largo de las seis semanas:

  • Domingo primero: el tema de las tentaciones de Jesús en el desierto, leídas en cada ciclo según su evangelista; el tema de los cuarenta días, el tema del combate espiritual.
  • Domingo segundo: la Transfiguración, leída también en cada ciclo según el propio evangelista; de nuevo el tema de los cuarenta días (Moisés, Elías, Cristo) y la preparación pascual; la lucha y la tentación llevan a la vida.
  • Domingo tercero, cuarto y quinto: presentación de los temas catequéticos de la iniciación cristiana: el agua, la luz, la vida.

En el Ciclo A: los grandes temas bautismales de San Juan: la samaritana (agua), el ciego (luz), Lázaro (vida).

En el Ciclo B: temas paralelos, también de San Juan: el Templo, la serpiente y Jesús Siervo.

En el Ciclo C: temas de conversión y misericordia: iniciación a otro Sacramento cuaresmal-pascual: la Penitencia.

  • Domingo Sexto: la Pasión de Jesús, cada año según su evangelista (reservando la Pasión de San Juan para el Viernes Santo).

El canto en Cuaresma

En Cuaresma, como en cualquier otro tiempo litúrgico, el canto ayuda a dar el tono apropiado a lo que se celebra. La Cuaresma es un tiempo muy rico en contenidos y simbolismo por lo que hay que cuidar que los cantos no vayan únicamente en la dirección penitencial; hay otras dimensiones que conviene resaltar, como la catecumenal, la bautismal, el camino hacia la Pascua por la Cruz, la Luz, la Alianza, etc. El Directorio litúrgico-pastoral que lleva por título Canto y música en la celebración (Secretariado Nacional de Liturgia  1992) nos da las pautas que debemos seguir:

«Son tan ricos y característicos los textos de este tiempo preparatorio de la Pascua que difícilmente pueden sustituirse por otros. Lo importante es musicalizarlos debidamente o saber escoger los cantos más acertados.

  • Merecen especial atención como días clave los domingos, pero también los viernes de Cuaresma y el Miércoles de Ceniza con que se abre.
  • No se debe usar música instrumental durante las celebraciones litúrgicas —misa y oficio especialmente— si no es para sostener el canto. Se permiten el cuarto domingo (Laetare), solemnidades y fiestas.
  • El canto de entrada ha de hacer captar desde el principio de la Misa que estamos en domingo cuaresmal. El primer domingo de Cuaresma se podría empezar con las letanías de los Santos para entrar en el ejercicio cuaresmal y como signo del bautismo, pues la invocación de los santos nos evoca la que se hace en la renovación de las promesas en la Vigilia pascual.
  • En los domingos de Cuaresma no se sustituye el salmo responsorial por otros cantos penitenciales.
  • El Aleluya no se canta ni se dice en Cuaresma, incluidas solemnidades y fiestas. Al ser sustituido por una breve aclamación, se hace ver que estamos en camino hacia la Pascua en que se volverá a entonar el Aleluya.
  • Para utilidad de los fieles, en lugar del símbolo niceno-constantinopolitano, la profesión de fe se puede hacer, especialmente en el tiempo de Cuaresma y en la Cincuentena pascual, con el símbolo llamado de los apóstoles. Es más breve, pero proporcionalmente se centra más en el misterio pascual: pasión, muerte y resurrección.
  • La oración de los fieles se podría resaltar cantando la respuesta, que bien puede ser Kyrie eleison.
  • Cántese el prefacio propio de cada domingo, cuando los hay, como en el ciclo A. La tercera aclamación, “Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor”, podría cantarse todos los domingos de Cuaresma como algo característico, después de la consagración.
  • La bendición solemne, propia de Cuaresma, también puede cantarse. [Con la 3ª edición del Misal, en su IGMR, se señala que es obligatorio cada domingo la Oración sobre el pueblo y luego la bendición en lugar de la posibilidad de usar la bendición solemne trimembre].
  • El canto final sería preferible omitirlo, especialmente en este tiempo, como un signo más de la austeridad cuaresmal. Si se canta, que sea especialmente breve y adecuado remitiendo siempre al itinerario pascual.
  • El Attende Domine (en latín; en castellano) es típico y modélico como canto cuaresmal. El olvidarlo sería una pérdida.
  • Los cantos que enfatizan la pasión y muerte de Cristo deben usarse con casi exclusividad en la última semana, la 5ª del tiempo de Cuaresma. El prefacio I de la Pasión del Señor se dice en las ferias de esta semana».

(Canto y música en la celebración, n. 213).

Preparación de los cantos de la Vigilia y de la Cincuentena pascual

Durante la Cuaresma deberíamos dedicar un tiempo semanal a ensayar los cantos pascuales de modo que no sólo atendamos a una necesidad práctica con vistas a las fiestas y al tiempo litúrgico que se aproximan, sino que  contribuyamos pastoralmente a vivir la Cuaresma como un camino hacia la Pascua, creando el deseo de anhelar su celebración.

En esta línea, tiene tanta importancia los ensayos en sí como la explicación de algunos textos cantados. En estos ensayos cuaresmales debería procurarse que el repertorio pascual progresara de año en año, de modo que se fuera ampliando el rico repertorio disponible.

Como cantos más importantes podrían citarse:

  • Un Aleluya vibrante que, bien ensayado desde el principio de la Cuaresma, lo pueda cantar al unísono toda la asamblea durante la Octava Pascual.
  • Un Gloria solemne y extraordinario que, cantado con fuerza en la Noche santa de Pascua, se convierta en el “Gloria” propio de la cincuentena, o por lo menos de la Octava de Pascua. Es bueno recordar que el Gloria que se escoja debe recoger en su totalidad el texto litúrgico del Misal Romano.
  • El Pregón Pascual (partitura y mp3) conviene cantarlo, por lo que quien vaya a cantarlo en la Vigilia Pascual deberá practicarlo con la suficiente anticipación y nunca dejar su ensayo para el último momento. Si hay diácono le corresponde a él cantarlo o proclamarlo.

♦♦♦ Propuesta de Cantos para la Celebración eucarística en el Tiempo de CUARESMA.

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5 comentarios

Archivado bajo Año litúrgico

5 Respuestas a “CUARESMA, MÚSICA Y LITURGIA

  1. Elena

    Para mí, es un tiempo en el que el corazón se ensancha a la vez que te haces pequeño viendo la grandeza de la entrega del Señor en una entrega sin limites; y pienso ¿quién soy yo para que te acuerdes de mí…?
    Y sin palabras vivo cada momento en un agradecimiento continuo porque en mi corazón te hallas instalado.

  2. María Dolores

    Un tiempo para profundizar en nuestra fe, para tener presente el amor que Dios nos ha dado y lo que significa la muerte del Hijo con su fuerte simbolismo y carga emocional. Un momento para reflexionar sobre lo poco que somos y lo mucho que se espera de nosotros.

  3. Buen artículo, todo muy bien explicado.
    Sólo una duda:
    El Attende Domine, ¿en qué parte de la misa se canta?

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