LITURGIA EUCARÍSTICA: ACLAMACIONES

LA TRINIDAD [Nicholas Semitecolo S. XV]

La Trinidad [Nicholas Semitecolo S. XV]

Una vez concluido el Santo, da comienzo el Relato de la institución eucarística.

La Iglesia realiza el Memorial del Señor como expresión de fidelidad al contenido del mismo: «Haced esto en conmemoración mía.». No recordamos un hito histórico como quien lee un libro de historia, sino que a través de este texto litúrgico damos cumplimiento al encargo del Señor y actualizamos el Misterio de nuestra fe. El Relato de la institución es una aclaración esencial al sentido del sacramento y tiene como fin que la comunidad tenga siempre en la memoria el sentido y el espíritu de la acción que realiza.

La Iglesia se atreve a hacer esta súplica porque en la Última Cena Jesús tomó el pan y el vino, dijo la bendición y se lo dio a sus discípulos diciéndoles que era su Cuerpo y su Sangre, y les mandó repetir aquello como memorial suyo. Haciendo lo que Jesús hizo en aquella Cena, en obediencia a su mandato y con el poder del Espíritu, la Iglesia tiene el convencimiento de repetir efectivamente o reactualizar lo acontecido entonces.

Esta actualización la Iglesia la realiza mediante la liturgia sacramental que, cuando es verdadero instrumento de comunicación entre el hombre y Dios, produce lo que Joseph Ratzinger llama la “emoción litúrgica”, una verdadera experiencia de comunión del hombre con Dios. Reactualizar lo acontecido en la Cena de Jesús con sus discípulos nunca nos deja indiferentes; por eso, y puesto que las palabras son insuficientes, desde siempre nos expresamos en la liturgia con “himnos, cánticos y aclamaciones”.

A lo largo de la celebración eucarística hay varios momentos en los que la asamblea responde ante lo que está viviendo y experimentando con un “grito de júbilo” conocido como “aclamación”. Las aclamaciones son expresiones de un estado de ánimo. Son como un grito con el que expresamos nuestros sentimientos y experiencias vitales. Hay dos aclamaciones en la Liturgia de la Palabra: el Aleluya y la Aclamación al Evangelio, y otras dos en la Liturgia eucarística: la Aclamación al Memorial y el Gran Amén.

Aclamación al Memorial

Como respuesta al Memorial («Tomad y comed todos del él…») la asamblea entera confiesa su fe recordando el misterio pascual de la muerte y resurrección de Jesús.

El sacerdote entona con fuerza: «Éste es el sacramento de nuestra fe» y la asamblea responde con la aclamación «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor, Jesús!» (apropiada para el tiempo de Adviento) o las otras dos aclamaciones: «Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas» (apropiada para el Tiempo ordinario) o «Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor» (apropiada más para Cuaresma y Pascua).

Conviene utilizar todas las aclamaciones en función del tiempo litúrgico pues le da mayor riqueza y expresividad. Con frecuencia nos quedamos en la primera aclamación y la usamos indistintamente en cualquier tiempo litúrgico; quizá porque no hemos aprendido a cantar las demás.

Inmediatamente después del Relato de la institución viene la anámnesis, el fragmento oracional de la Plegaria eucarística en que se hace memoria explícita del misterio redentor de Cristo y se le ofrece al Padre. En la anámnesis se distinguen dos partes: la conmemoración y la ofrenda. La conmemoración o recuerdo del misterio de Cristo constituye el núcleo del misterio pascual, o sea, la muerte y la resurrección de Cristo. La oblación u ofrenda del sacrificio sigue inmediatamente a la conmemoración y está íntimamente relacionada con ella: «al celebrar este memorial… te ofrecemos…». Aquello que es recordado también es ofrecido ya que la celebración eucarística no se queda en el recuerdo sino que actualiza la presencia de Cristo mediante el sacramento. Es eficaz porque actualiza lo que significa.

Doxología final. El Gran Amén

La Plegaria eucarística concluye con una breve alabanza de contenido trinitario. De esta forma, la Plegaria eucarística termina como empezó, con una alabanza o glorificación del nombre de Dios. Es la ley de todas las grandes bendiciones de la Biblia que siempre terminan retomando su intención primera. De esta forma vemos cómo la Plegaria eucarística entronca con el sentido bendicional de los textos sagrados. La elevación de los dones que se realiza mientras se pronuncia la doxología subraya su importancia y su carácter de punto álgido de la celebración.

A la oración de alabanza o doxología: «Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos», el pueblo responde con el Amén, que expresa de forma breve la ratificación y adhesión de todo el pueblo sacerdotal a la plegaria dicha en plural, en nombre de todo el pueblo, por el que preside.

Este Amén, junto con el Aleluya antes del evangelio son las dos aclamaciones utilizadas desde los comienzos del cristianismo por la asamblea litúrgica. Este Amén debe ser solemne y repetido varias veces. Es importante que la asamblea lo conozca para que pueda participar en el canto. San Agustín, a quien tanto le emocionaba este Amén, decía: «Vuestro Amén es vuestra firma, es vuestro consentimiento y vuestro compromiso.». Si nos limitamos a decirlo pierde su especial significación y suena como algo accesorio y sin importancia. San Jerónimo decía que este Amén «retumbaba como un trueno en las basílicas romanas.» ¿Cómo nos vamos a conformar con decirlo sin más?

El Amén habría que cantarlo siempre, y para ello, para que le sea más fácil cantarlo a la asamblea, debería estar precedido del canto, por parte del celebrante, de la doxología.

La Instrucción romana Inaestimabile Donum sobre el culto eucarístico, aprobada por Juan Pablo II el 17 de abril de 1980, contiene una norma verdaderamente nueva, que el Amén final del canon se debe cantar siempre: «Este Amén en particular debería resaltarse con el canto, dado que es el más importante de toda la Misa.» 

EUCARISTÍA Y MÚSICA LITÚRGICA /12

♦♦♦ Propuesta de Cantos para la Celebración eucarística según los Tiempos y Ciclos litúrgicos en LITURGIA DOMINICAL

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7 comentarios

Archivado bajo Eucaristía y música litúrgica

7 Respuestas a “LITURGIA EUCARÍSTICA: ACLAMACIONES

  1. María Dolores

    Impresionante todo lo que estoy aprendiendo con tus comentarios. Desconocía las otras aclamaciones. No recuerdo si en algún momento se han dicho, pero no las conservo en la memoria.
    En cuanto al gran AMÉN cantado, pues lo mismo.
    En fin, continúo con lo que ya he apuntado en otras ocasiones y es que sería necesario un curso, mejor dicho, una catequesis, para que conociéramos el verdadero significado de las celebraciones litúrgicas. Soy de las que piensan que los signos y ritos son importantes, que los signos “externos” son importantes para entender mejor los “internos”, pero que sería necesario un recordatorio, empezando por los celebrantes, para evitar caer en la rutina, que es el gran peligro que nos acecha.

  2. Lo del gran Amén queda precioso cuando el sacerdote entona lo que va antes, y luego el órgano y coro y pueblo, todos al unísono dicen “Amen”.
    En mi parroquia hay 4 curas y sólo uno lo entona; además, es el que menos veces va los sábados. Por eso, y porque soy aficionado al órgano y no profesional, todavía no he practicado lo de cogerle el tono mientras entona para así acompañar luego el gran AMÉN, pero este artículo me ha animado a intentar hacerlo, aunque casi nunca pueda aplicarlo (ya que los otros tres curas no lo entonan).

    • Pedro, me encanta tu entusiasmo. Hay que romper los miedos y devolver poco a poco a la música litúrgica el valor que tiene en nuestras celebraciones. No se trata de hacerlo “profesionalmente” sino de “hacerlo” y animar a la asamblea a entender lo que significa este Amén. Lo que tienes que hacer, además de tocarlo con el coro, es animar a los otros tres sacerdotes a que lo entonen también ellos (no siempre, si la asamblea no es numerosa, pero al menos de vez en cuando). Es impresionante si se consigue que sea un grito unánime. Lo que te recomiendo es que lo expliques y lo ensayes con la asamblea para que comprenda la importancia de este Amén; sólo así lo entonará con fuerza y convicción.

      • ¡Gracias por los ánimos! Estoy en pleno proceso de aprendizaje y la verdad es que intento aprender y mejorar todo lo que pueda.
        Esta parte del Amén, bien entonada, anima de una forma impresionante al pueblo; el día que el sacerdote lo entona, el Amén de respuesta es más fuerte y sentido.
        Los otros curas son bastante mayores, tienen bien arraigado su protocolo. Aunque un día, dejadme que os cuente la anécdota, uno de ellos, NUNCA, en un año que llevo, JAMÁS había entonado el “Señor ten piedad”, y llegado a este punto de la misa, yo no esperaba tocarlo, y estaba despistado, y de pronto me da con la mano la señora del coro: “Pedro, Pedro, que te está esperando..” y ahí que le dí el tono, tarde pero se lo dí, jeje.. Desde luego, el tocar en misa es como un “directo” en toda regla, no hay una misa igual que otra, y no puedes dar por hecho nada.
        Esto es otro ejemplo de que al pueblo sí le gusta la solemnidad. Sobre todo toco las canciones normales del cantoral, pero cuando por ejemplo el 24 de noviembre tocamos y cantamos el Crhistus Vincit, la asamblea cantó mucho y yo creo que gustó.

      • Una de las cosas en las que más insistimos en este blog es en la necesidad de formación, no sólo de la asamblea laica sino también de los sacerdotes y animadores de nuestras comunidades. La eucaristía es el centro de nuestra vida cristiana por lo que nos parecía fundamental repasar todo el discurso narrativo de la misma desde el punto de vista litúrgico y musical. En las distintas entradas encontrarás sugerencias para el canto y la música para cada momento de la celebración (en la sección CONTENIDO tienes el índice de temas ordenado).
        Estoy de acuerdo contigo en que las cosas bien hechas, con sentido y dignidad litúrgica gustan a todos. Lo que no entiendo es que la inercia y la pereza hayan escamoteado tanta riqueza a nuestras celebraciones. En lo que te toca eres responsable de revertir esta situación. No olvides que la animación musical de la liturgia es un ministerio.
        También ofrecemos nuestra propia selección de cantos para las celebraciones, por si te sirven (sección LITURGIA DOMINICAL). Las letras están en el Cantoral que Elena ha preparado (lo puedes descargar). Si necesitas alguna partitura dímelo por si te la podemos facilitar.

  3. Rosa María

    Queridísimos… Muchas gracias por vuestro tesón y entrega por enriquecernos la vida con cosas tan selectas y profundas. Os admiro y animo a seguir adelante con ese buen gusto, humor y entrega que lo haceis. Abrazos y todo mi cariño. Rosa María

  4. Gracias por la información, echaré un vistazo.
    Yo estoy intentando meter algún que otro canto más solemne; por ejemplo, para el aleluya estamos preparando esa que dice “Laudate dominum, Omnes gentes, aleluya..”. pero es complicado. Como no sean super conocidas, como el caso del Christus Vincit, creo que me daré de bruces con la realidad.
    Estaría muy bien que desde la Iglesia se hiciera algún curso didáctico dirigido a los organistas voluntarios, que sin demasiada formación intentamos ayudar en la Liturgia. No sé, alguna directriz al efecto, para así ir introduciendo cantos más antiguos y en latin.
    El caso es que luego la gente se lo sabe; recuerdo que en una misa solemne tocaron la Misa de Angelis VIII y cantaba mucha gente, pero claro también depende de la parroquia, esto era la Concatedral, mientras que en mi parroquia he preguntado y no recuerdan que se haya cantado en latin nunca.

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