NAVIDAD, MÚSICA Y LITURGIA

ICONO DE NAVIDAD“Y sucedió que mientras estaba allí, se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada…”
(Lc. 2,6-7)

Desde el pórtico del Adviento entramos en el gran escenario de la Navidad por la puerta grande. María, la joven mujer seducida por la gracia, ha dicho Sí y ha hecho posible la acampada de Dios entre nosotros. Su disponibilidad incondicional, ¡hágase tu voluntad!, permite unir el cielo con la tierra en un abrazo reconciliador y salvador. Dios se hace uno de nosotros para salvarnos a todos en la Pascua redentora.

La Navidad es el tiempo de la celebración del nacimiento de Jesús, y abarca desde la Nochebuena del 24 de diciembre hasta la fiesta del Bautismo del Señor. El corazón de estas fiestas es la Solemnidad del 25 de diciembre, Navidad.

Durante este Tiempo, además de la Nochebuena y la Navidad, tienen lugar otras fiestas que están íntimamente relacionadas con el misterio de la manifestación del Señor: San Esteban (primer mártir: día 26); San Juan (el discípulo a quien Jesús más amaba: día 27); los Santos Inocentes (día 28); la Sagrada Familia (domingo siguiente a Navidad); Santa María, Madre de Dios (1 de enero); la Adoración de los Magos (Epifanía, 6 de enero); y el Bautismo de Nuestro Señor (domingo siguiente a Epifanía), con el que termina el tiempo litúrgico de Navidad.

El color propio de este Tiempo es el blanco.

Su duración se suele dividir en dos períodos:

  • El primero abarca desde las primeras vísperas de Navidad, el 24 de diciembre, hasta la Adoración de los Magos el 6 de enero (Epifanía del Señor); su duración es de 2 semanas.
  • El segundo período comprende desde después de la Epifanía (7 de enero) hasta las segundas vísperas del domingo en que se celebra el Bautismo del Señor (domingo siguiente a la Epifanía). Aquí termina el Tiempo litúrgico de Navidad. Sin embargo, aunque no es propiamente ya Tiempo de Navidad, la tradición eclesial prolonga este tiempo hasta la Purificación de María y la Presentación de Jesús en el Templo (2 de febrero), lo que completa el ciclo de Navidad en cuarenta días. Esta fiesta cierra lo que se conoce como las solemnidades de la Encarnación y se celebra con la fiesta de las Candelas.

La característica litúrgica de la fiesta de Navidad es el uso de las tres Misas, y la celebración nocturna de los Maitines y Laudes, antes y después, respectivamente, de la primera Misa. La 1ª Misa se celebra hoy justo a media noche, mientras que primitivamente se celebraba en Roma ad galli cantum, “al canto del gallo” (Misa del Gallo); la 2ª al despuntar la aurora (Misa de la Aurora); y la 3ª en pleno día (Misa del Día). Con la 1ª, la Iglesia se propone honrar sobre todo el Nacimiento en Belén del Hijo de Dios; con la 2ª su aparición a los pastores, y con la 3ª su manifestación a todo el mundo. En esta noche en que se celebraba el despertar del sol (es cuando empieza a alargar el día), no se debía dormir, sino que había que pasarse toda la noche de fiesta.

El canto típico de la Misa de medianoche es el Gloria. La Iglesia saluda su reaparición en la liturgia después de haberse privado de él durante el Adviento con alborozados repiques de campana.

Durante todo este Tiempo, los villancicos adquieren protagonismo convirtiéndose en uno de los cantos más populares y emblemáticos de estas fiestas.

Raíces paganas de una fiesta cristiana

LAS SATURNALESLa celebración de Navidad el 25 de diciembre está documentada en Roma en el Cronógrafo del 354. Varios datos permiten suponer que la fiesta es más antigua, incluso anterior a la paz de Constantino. Por su parte, la Epifanía es de origen oriental, como su nombre indica. Está documentada desde el siglo II entre los basilidianos gnósticos de Alejandría, que conmemoraban el bautismo del Señor. A lo largo del siglo IV la asumieron casi todas las iglesias orientales, con diversos contenidos: nacimiento de Jesús, adoración de los Magos, bautismo en el Jordán y milagro de Caná, principalmente. Pronto se produjo un intercambio entre ambas fiestas y se introdujo la Navidad en Oriente y la Epifanía en Occidente, respetándose las fechas originales de ambas y celebrándolas como dos momentos del mismo misterio.

Los latinos usaron el nombre de Natalis Domini para su fiesta del 25 de diciembre. En ella subrayaron la fe en la encarnación del Señor, la debilidad libremente asumida por Cristo al tomar nuestra condición (la apparitio Domini in carne). Los griegos, por su parte, usaron los nombres de Epifanía y Teofanía para su fiesta del 6 de enero. En ella subrayaron la revelación de la gloria de Cristo y de su divinidad en distintos acontecimientos.

Varias realidades coincidieron en el surgimiento de la Navidad: las saturnales, los cultos de Mitra, la fiesta del Natalis (Solis) Invicti, la teología simbólica de los Padres y la oposición a las primeras herejías cristológicas. Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre cuál fue la más influyente en este proceso.

Las saturnales

Eran fiestas romanas en honor del dios Saturno. Comenzaban el 17 del décimo mes (diciembre), con un sacrificio en su templo del foro y un banquete en el que podía participar todo el pueblo. Duraban siete días, durante los cuales había espectáculos de gladiadores, disfraces y juegos de azar. También se suavizaban las obligaciones de los siervos y esclavos, que eran admitidos a comer en la mesa de sus señores y recibían regalos. Ya que las fiestas obligaban a todos y los cristianos eran minoría, éstos pudieron aprovechar la ocasión para celebrar a Jesucristo, que libera de la esclavitud, regala su propia vida y sienta a su mesa a los creyentes, convirtiéndose en su alimento (al contrario de Saturno, que devoraba a sus propios hijos).

Los cultos mistéricos de Mitra

El 25 de diciembre celebraban su nacimiento de una roca, en una cueva, con una antorcha encendida en una mano. Inmediatamente fue adorado por unos pastores. Con el tiempo, Mitra fue identificado con el sol y llamado Deus Sol Invictus Mitra. Casi no se conservan textos de esta religión. Sólo restos arqueológicos y referencias de los Santos Padres de la Iglesia, por lo que cualquier conjetura al respecto es difícil de demostrar, a pesar de los numerosos libros y artículos que se publican dando por supuesto lo contrario.

Los cultos solares

SOLIS INVICTO DEOMás clara parece la relación del Natalis (Solis) Invicti en el surgir de la Navidad. En esto coinciden muchos autores, aunque no hay unanimidad. Al llegar el solsticio de invierno, los romanos celebraban grandes festejos en honor del sol, especialmente en su templo del Campo Marzio en la Urbe. El emperador Aureliano (270-275) decretó la obligación de celebrar la fiesta en todo el imperio. La fecha estaba muy bien escogida. De hecho, en el hemisferio Norte, a medida que avanza el otoño, los días son cada vez más cortos y fríos, y las noches más largas. En cierto momento, la tendencia se invierte, las horas de luz van creciendo y los rayos del sol ganan fuerza, hasta que las noches son más cortas que los días. En la parte occidental del imperio romano, el solsticio de invierno se celebraba el 25 de diciembre.

Los romanos creían que, desde el principio de los tiempos, las tinieblas hacían guerra al Sol para arrebatarle su poder benéfico sobre la Tierra. La noche previa al solsticio parecía que las tinieblas alcanzaban su máximo poder y que la pervivencia del sol (y con él, de la vida) estaba en peligro. Por eso, el 24 de diciembre encendían hogueras en las puertas de sus casas y junto a las murallas, para ayudar al sol en su batalla contra las tinieblas. Cuando amanecía, se postraban para adorar al astro rey, que ascendía victorioso un año más. La fiesta, llamada Natalis (Solis) Invicti, continuaba con intercambios de regalos, comilonas y borracheras.

La teología simbólica de los Padres

Según una tradición judía, recogida por san Agustín y otros autores, Dios creó a Adán el 25 de marzo (inicio de la primavera e inicio del año hebreo, que coincidía con la Pascua según Ex 12,2). En la misma fecha habrían tenido lugar los principales acontecimientos de la historia de Israel, por lo que también en esa fecha se esperaba la manifestación del Mesías.

Para los Padres apostólicos, esto manifiesta la unidad de toda la historia de la salvación en la que la creación, la alianza y la redención final son distintas etapas del eterno proyecto de Dios. De hecho, hasta el presente, los israelitas celebran cuatro noches en la Pascua: la de la creación, la de la alianza con Abrahán, la de la salida de Egipto y la de la futura venida del Mesías. Por este motivo, desde antiguo, los Padres pusieron en relación la creación del mundo, el nacimiento de Cristo y su muerte redentora. Algunos autores hacen coincidir el nacimiento y la muerte; otros, la concepción y la muerte, situando el nacimiento nueve meses después.

JUAN BAUTISTA Y JESUS - MurilloLos Padres también ponen en relación el nacimiento de Cristo, en el solsticio de invierno, con el nacimiento de san Juan Bautista, en el solsticio de verano, ya que entre ambas fechas se dan los seis meses de diferencia que señala san Lucas (1,26). Así, Juan Bautista habría sido concebido en el equinoccio de otoño y nacido en el solsticio de verano. Por su parte, Jesús habría sido concebido en el equinoccio de primavera y nacido en el solsticio de invierno. De esta manera queda subrayado el simbolismo de Cristo, luz del mundo. San Agustín, comentando la frase del Bautista «Es necesario que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30), hace notar el significado místico del texto, que se cumple al nacer san Juan en el momento en que los días disminuyen y Jesús cuando los días comienzan a alargar, dando a entender que la misión del Bautista habría de terminar cuando comenzara la del Señor. De esta manera, los Padres interpretaban que Cristo da sentido a toda la Creación (cf. Col 2,10).

Posiblemente, éstas no sean explicaciones históricas fiables sobre la fecha del nacimiento de Cristo, pero tuvieron gran importancia en la elección del 25 de diciembre para celebrar la Navidad. Además, ayudan a comprender el sentido que la Iglesia primitiva daba a esta fiesta. También recuerdan que el nacimiento del Señor hace referencia a su muerte y resurrección, de la que alcanza su sentido último.

Las primitivas herejías cristológicas

Finalmente, no podemos olvidar el surgimiento de las primeras herejías cristológicas y la oposición de la Iglesia a las mismas, por medio de sus concilios y de su liturgia. Para algunos, ésta sería la causa principal del surgimiento de la Navidad. Otros no la consideran su origen, pero sí el motivo de su rápida difusión. Lo que está claro es que la profundización de la fe en los escritos de los Padres, y su definición en los concilios, influyó definitivamente en los textos litúrgicos.

Con la celebración de la manifestación del Hijo de Dios en la carne se subrayaba el realismo de la encarnación, en la que se realiza el eterno proyecto de salvación que se revelará plenamente sólo en la muerte y resurrección del Señor. De hecho, la finalidad principal de la Navidad no es tanto conmemorar el aniversario del nacimiento de Cristo cuanto celebrar que el Verbo se ha hecho carne para salvar a los hombres.

Sugerencias musicales para la Navidad

MUSICA-Y-NAVIDAD

Navidad es música [Ana Ordóñez, 2007]

En Navidad cantamos el misterio del Dios hecho hombre que ha acampado en medio de nosotros para, haciéndose uno de nosotros, salvarnos del pecado y la destrucción, por lo que la celebración eucarística de este Tiempo adquiere un sentido profundamente teológico más allá del contexto festivo en el que se celebra. La comunidad cristiana estalla de alegría por este acontecimiento y entona sus cantos más populares, los cantos del pueblo. La liturgia los ha integrado en su repertorio por lo que, sin duda, debemos cantar villancicos, pero debemos ser conscientes de que éstos nunca sustituirán el canto del Salmo o los cantos del Ordinario. La música, que ha estado en segundo plano durante el Adviento, adquiere aquí un mayor relieve para acentuar el tono festivo de este Tiempo, pero litúrgicamente nunca podrá ser protagonista.

Para celebrar con profundo sentido litúrgico los misterios de la Navidad sugerimos destacar:

  • El canto o proclamación de la Calenda, o anuncio gozoso de la Navidad. El Martirologio Romano prevé el canto de la Calenda o pregón navideño en el día de la Vigilia de Navidad, en la conclusión de las laudes o de una hora menor de la Liturgia de las Horas. En 2008, el Papa Benedicto XVI dispuso que sea cantada al final de la breve vigilia de preparación a la Misa de Nochebuena, antes de que comience la procesión de entrada. La Calenda no pertenece a la Misa propiamente dicha sino que la precede. Si no se celebra la Vigilia de Navidad se puede cantar o recitar antes de comenzar la Misa de medianoche a modo de pregón navideño. Es un canto de gran expresividad que puede incluso suplir el acto penitencial del día de Navidad. Un canto inspirado en la Calenda, aunque sólo recoge el anuncio inicial, es el de Joaquín Madurga Ha nacido el Salvador.

Calenda de Navidad abreviaba:

Os anunciamos, hermanos, una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo;
escuchadla con corazón gozoso.

Habían pasado miles y miles de años
desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra
e hizo al hombre a su imagen y semejanza;
y miles y miles de años desde que cesó el diluvio
y el Altísimo hizo resplandecer el arco iris,
signo de alianza y de paz.

Cerca de dos mil años después de que Abrahán,
nuestro padre en la fe, dejó su patria;
mil doscientos cincuenta años después de que los israelitas,
guiados por Moisés, salieran de Egipto;
mil años después de la unción de David como rey;
en el año 752 de la fundación de Roma;
en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,
mientras sobre toda la tierra reinaba la paz,
hace más de dos mil años,
en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel,
ocupado entonces por los romanos,
en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

De María virgen, esposa de José,
de la casa y familia de David,
nació Jesús,
Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero
llamado Mesías y Cristo,
que es el Salvador que la humanidad esperaba.

  • El Gloria. En la noche de Navidad resuena con fuerza el canto de los ángeles: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor». Es el gran canto litúrgico de la Navidad. Como himno, esta doxología debe ser cantada; el himno pierde su carácter lírico si se recita. Se pueden aprender varias musicalizaciones seleccionando aquellas que tienen un aire más pastoril para distinguirlas de las que cantamos en Pascua, más solemnes. Si se quiere más solemnidad, el Gloria de la Missa de Angelis, aun estando en latín, es muy apropiado para estas fiestas.
  • En el canto del Credo destacamos el «Se hizo hombre…» (et incarnatus) no sólo con el gesto de arrodillarnos o inclinarnos sino con la música: más intensa, meditativa e intimista.
  • El canto del Santo se hace eco en este Tiempo de la alegría desbordante de los ángeles en el «Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.» El celebrante invita a la asamblea con la expresión: “unidos a los ángeles y a los santos cantamos a una sola voz…”
  • El canto del Te Deum que la Iglesia romana canta el 31 de diciembre como acción de gracias por los beneficios recibidos en el año que termina. Puede cantarse también después de la comunión en la misa vespertina de la víspera de santa María, Madre de Dios.
  • El canto Veni Creator Spiritus al comenzar el nuevo año. De la misma manera que se despide el año con el canto del Te Deum en acción de gracias, se inicia el nuevo con el canto de otro antiguo himno trinitario, el Veni Creator Spiritus. En ambos casos, los fieles que así lo hacen y cumplen las debidas condiciones, reciben indulgencia plenaria.

El canto de los villancicos

El Tiempo de Navidad es un tiempo entrañable de enorme arraigo popular por lo que no debe faltar en nuestras celebraciones litúrgicas ese sabor folclórico que nos dan los villancicos siempre que sepamos respetar la dignidad litúrgica de los cantos. No es fácil en el villancico conjugar la alegría popular con la profundidad teológica y mistérica por eso hay que seleccionar muy bien los que podemos cantar dentro de nuestra celebración y los que debemos reservar para el ambiente festivo de nuestras calles y hogares.

La palabra villancico se deriva de la palabra villanus, que derivó a villano en español, aunque para nada debemos relacionarla con una persona ruin o descortés; en este caso villanus debe ser entendida como la persona que habita las villas, es decir, los villancicos antiguamente eran las canciones que cantaban los campesinos que habitaban en las villas.

Los primeros villancicos que se conocen fueron compuestos por los evangelizadores en el siglo V con la finalidad de llevar la Buena Nueva a los aldeanos y campesinos que no sabían leer. Sus letras hablaban en lenguaje popular sobre el misterio de la encarnación y estaban inspirados en la liturgia de la Navidad. Con el tiempo el nombre cambió a “villancicos”.

Lo más curioso de los villancicos es que en sus orígenes trataban temas tan diversos como los sucesos locales donde eran cantados: muchos villancicos eran canciones de amor, otros eran sátiras e incluso se cantaban temas profanos que en nada se relacionaban con la venida de Jesús y los festejos navideños.

Las primeras fuentes documentales en las que aparece la palabra “villancico” datan del siglo XV aunque no es hasta el siglo XVI cuando la Iglesia Católica empezó a considerar la conveniencia de introducir en la liturgia estas composiciones como una forma de acercar al pueblo a los misterios de la fe católica, cambiando, poco a poco, la usual temática sobre el amor cortés, para ir centrándose en temas de tipo religioso. De esta manera, los villancicos comenzaron a formar parte de los festejos religiosos al ser cantados en las misas que celebraban la Navidad y Corpus Christi, aunque aún en esta época se siguen cantando en otras celebraciones ajenas a la Natividad.

Durante el siglo XVII la interpretación de villancicos se hace cada vez más frecuente, a pesar de las prohibiciones por parte de las instituciones eclesiásticas más conservadoras. Prohibiciones que se basaban en que el uso de los villancicos se había convertido en una práctica cada vez más habitual en forma de cancioncitas interpretadas como diálogos que recreaban la sorpresa de los pastores ante el misterio del nacimiento de Jesús. Temas como este se convertían en un excelente pretexto para realizar divertidas parodias en las que se hacía la burla correspondiente de los personajes arquetípicos del “nacimiento”.

En el siglo XVIII el villancico también se vio influenciado por Italia en cuanto a música se refiere, así como por la ópera o la zarzuela. Los villancicos seguirán teniendo las características populares del siglo anterior, características que se irán fundiendo poco a poco con las tendencias musicales de este siglo, situación que provocó que se utilizasen en contextos litúrgicos, pero esta vez con fines didácticos. Paulatinamente se fueron introduciendo elementos teatrales en las iglesias buscando provocar en el pueblo afectos muy diferentes a la contemplación divina que se conseguía con el viejo estilo polifónico. Estas influencias italianizantes provocaron que el villancico fuera definitivamente proscrito de la liturgia a finales de este siglo XVIII, de tal manera que en el siglo XIX estos habían sido sustituidos por los tradicionales responsorios gregorianos.

Hoy en día el villancico al que estamos acostumbrados en estas fechas tiene una estructura melódica y armónica sencilla y está compuesto por melodías facilonas y poco elaboradas. Desgraciadamente, su uso actual está ligado al fomento del consumismo típico de estas fechas, prueba de ello es que la publicidad los utiliza para señalar el inicio de las fiestas navideñas y fomentar el consumo que ello conlleva.

Siguiendo los criterios de la reforma litúrgica del Vaticano II, los villancicos, aun teniendo ese sabor popular que los caracteriza, tienen que resaltar el aspecto religioso y teológico del misterio que celebramos para poderlos integrar adecuadamente en el contexto de la celebración litúrgica. Debemos evitar los villancicos excesivamente “populares” y “bullangueros” cuyo contenido difícilmente refleja el verdadero espíritu navideño. Dentro de la celebración eucarística pueden tener su lugar en la entrada, en el ofertorio y en el final, especialmente en la adoración a la imagen del Niño. Existe un amplio repertorio de villancicos “litúrgicos” por lo que debemos ser muy cuidadosos a la hora de seleccionar los que vamos a cantar. En el Cantoral litúrgico que aparece en la sección RECURSOS hay una sección entera dedicada al Tiempo de Navidad en la que se pueden encontrar algunos de estos cantos navideños destinados a la liturgia.

♦♦♦ Propuesta de Cantos para la Celebración eucarística en el Tiempo de NAVIDAD.

Anuncios

3 comentarios

Archivado bajo Año litúrgico

3 Respuestas a “NAVIDAD, MÚSICA Y LITURGIA

  1. Lola

    El éxito del cristianismo fue saber conjugar las celebraciones populares paganas con el espíritu cristiano; es la misma actitud que ha seguido la Iglesia católica en su expansión por el mundo. La Navidad parece que aligera el espíritu, pues la alegría genera un ambiente festivo que con frecuencia nos aleja del pensamiento y la reflexión profundas. Es importante recuperar y reflexionar en todo momento sobre lo que somos y hacemos y en estos días especialmente sobre el verdadero sentido de la Navidad.
    Desde aquí quiero felicitar las Fiestas de Navidad a todos los seguidores del blog de José Luis y, por supuesto, a él y su familia, deseándoos un feliz año nuevo y ¿por qué no? unos generosísimos Reyes Magos.

  2. Josefina Baños

    Queridos amigos; qué alegría he recibido al comprobar vuestra nueva y buena manera de “Evangelización”. Seguramente os dará trabajo, pero lo hacéis con gusto y habéis entrado en el campo en el que tanto insiste el Santo Padre de ser evangelizadores de un mundo que desconoce quién es Dios porque no tiene quién le hable de un PADRE que es todo AMOR y nace en un pesebre por amor incondicional a cada uno de los hombres.
    Con vuestra misión (Musicaliturgia) podéis llegar a muchos lugares del mundo. Os felicito y deseo que tengáis muchos seguidores. Que el Señor os ayude y sigáis adelante. Felices y Santas Fiestas Navideñas.
    Josefina

  3. Música y liturgia

    Gracias Lola y Josefina. Elena y yo hacemos también nuestra esa felicitación para todos los que queremos cantar y celebrar la Navidad. Ojalá cada vez cantemos más y mejor en nuestras celebraciones para que podamos, como los ángeles, dar Gloria a Dios en el cielo y en la Tierra… ¡FELIZ NAVIDAD!
    José Luis y Elena

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s