LITURGIA DE LA PALABRA: SALMO RESPONSORIAL

Dios habla a su pueblo

LOS ROLLOS BIBLICOSUna vez reunidos y constituida la asamblea con los ritos iniciales, lo primero que hacemos es escuchar, no cualquier cosa, sino la Palabra misma de Dios que, a través de las lecturas sagradas que son proclamadas, se dirige a nosotros y nos habla en el aquí y ahora de la celebración.

La Celebración eucarística tiene dos partes esenciales, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística. Una y otra, aunque diferenciadas, forman un todo único inseparable, pues constituyen “un solo acto de culto”. Participamos de la mesa de la palabra y de la mesa de la eucaristía de forma progresiva: acogemos a Cristo como Palabra viva del Padre y luego como Pan de salvación. Antes de comulgar con Cristo eucaristía hemos de comulgar con Cristo Palabra. Para recibirlo fructuosamente en la comunión eucarística hemos de recibirlo primero en la proclamación de la Palabra que nos revela el misterio de Cristo y su salvación.

El Dios verdadero, el Dios vivo de la revelación bíblica, se distingue de los falsos dioses entre otras cosas porque habla, no es un Dios mudo: «tienen boca y no hablan» (Sab 115, 5). El Dios de la Biblia es un Dios que habla, que se comunica, que sale al encuentro del hombre y se le manifiesta de diferentes maneras para entablar con él un diálogo de amistad. La Biblia no es sino el testimonio del diálogo de Dios con su pueblo, el que él se cogió como heredad. El modo de comunicarse de Dios con su pueblo es a través de las obras y de las palabras. Las obras “hablan” y las palabras “obran, realizan”. Así, Jesús se convierte en Palabra de Dios, pero no una palabra más, sino la última y definitiva, el Amén de Dios; en él Dios lo ha dicho ya todo, nos dado a su Hijo único para que tengamos vida y vida eterna: «En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final nos ha hablado por el Hijo.» (Heb 1, 15).

La Iglesia vive de la Palabra de Dios

Toda palabra busca ser escuchada. También la Palabra de Dios quiere ser escuchada, y cuando esa escucha se produce tenemos la Iglesia. Esa no es sino convocación de Dios, comunidad de los que han respondido a su llamada o escuchado su Palabra. Palabra de Dios e Iglesia son realidades íntimamente relacionadas. La Iglesia es pregonera de la Palabra de Dios pero también es hija, pues nace de ella. Y la Palabra que hace nacer a la Iglesia es la que la sostiene y alimenta. El aumento de discípulos se consideraba crecimiento de la Palabra: «La Palabra de Dios iba creciendo; en Jerusalén se incrementó considerablemente el número de discípulos.» (He 6, 7). Por eso, no se entiende su vocación misionera a evangelizar si antes no es “oyente de la Palabra”; si no quiere que su discurso sea vacío, tiene que alimentarse constantemente de la Palabra de Vida.

La Eucaristía dominical, momento privilegiado de encuentro con la Palabra

Es verdad que cualquier momento puede ser bueno para encontrarnos con la Palabra de Dios, pero la Liturgia de la palabra en el contexto de la Celebración eucarística es un momento privilegiado para la escucha, primero porque se realiza en comunidad reunida entorno a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, y segundo, porque en dicha celebración Dios se hace presente de forma real tanto con su Palabra como con su Cuerpo y su Sangre. Reunida cada domingo para reafirmar su condición de Pueblo de Dios, la comunidad cristiana celebra el misterio de la fe que sella la alianza nueva y eterna y, para ello, la primera acción que realiza es escuchar la Palabra de Dios. Siendo la liturgia un “diálogo entre Dios y su pueblo”, es normal que la primera palabra le corresponda a él. Sin ella, como dice Allmen, «el culto no sería un encuentro vivo y eficaz entre Dios y su pueblo, sino un monólogo o un diálogo de categoría humana solamente.».

El Salmo Responsorial

Los salmos forman parte del canon de la Biblia, por tanto son Palabra de Dios revelada y como tal, proclamada dentro de la Liturgia de la Palabra. Pero no siempre ha sido así. Después de una época sin duda de esplendor para el Salmo responsorial (siglos IV-V), en el siglo VI prácticamente desapareció de la liturgia romana. Se sustituyó por el Gradual tal y como ha quedado recogido en los antifonarios de Canto Gregoriano. Se quedó reducido a un solo versículo y dejó de ser responsorial. Algunos atribuyen su casi desaparición a la música que se erigió como protagonista de forma que lo que originalmente era una declamación acentuada del texto sagrado, enseguida derivó hacia formas más desarrolladas y floridas, más complicadas, hacia una música llena de adornos que hacía cada vez más ininteligible el texto. Lo que había sido lectura cantada de un salmo, con respuesta, igualmente cantada, de la asamblea, se convirtió en canto brillante pero sin apenas salmo y sin canto responsorial de la asamblea. Había muerto el salmo responsorial, como tal, y aparecido, en su lugar, el “canto interleccional”. Y ahí nos hemos quedado todavía…

A partir de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, el Salmo responsorial ha adquirido una entidad propia recuperando la importancia que tuvo en épocas pasadas, aunque en la liturgia real, la que se celebra en nuestras comunidades y parroquias, aún no se ha asimilado como tal. Todavía hay parroquias en las que se ignora por completo el salmo y se canta en su lugar cualquier cosa, en el mejor de los casos que tenga alguna relación con las lecturas. Es el momento, por ejemplo, que utilizan algunos coros profesionales para cantar parte de su repertorio sin ninguna relación al salmo que corresponde, u otro si fuera necesario. O, si no se canta, se recita con una lectura monótona, irrelevante, hecha casi siempre por el mismo lector de la primera lectura sin que apenas resulte posible diferenciar ambos textos (algunos autores indican que si sólo disponemos de dos lectores deberíamos hacer que uno lea las dos lecturas y otro el salmo, precisamente para distinguir el relieve y rostro propio de cada lectura sin igualarlo). Sería recomendable tener en todas las parroquias, igual que se tiene el Libro de la Sede o el Cantoral litúrgico, el Libro del Salmista, una obra de carácter no oficial pero que tiene el respaldo de la Comisión Episcopal de Liturgia como “un instrumento muy apto para la celebración”. Evidentemente, disponer del Libro del Salmista va unido a que se de relieve al ministerio del Salmista y lo ejerza.

En su época de mayor esplendor, autores como San Agustín y muchos de los santos padres nos hablan de él con entusiasmo. Lo proclamaba el salmista, pero la asamblea toda participaba, no sólo con la escucha del salmo sino con el canto del responsum o respuesta, que se repetía a cada versículo del salmo. Esta forma de rezar los salmos, procedente también del judaísmo, es la más antigua de que se sirvieron los cristianos. La fuerza de este estribillo y lo que representa nos lo recuerda San Juan Crisóstomo: «No cantemos la respuesta con rutina, sino tomémosla como bastón de viaje. Las respuestas que tú has cantado, no una sola vez, ni dos, ni tres, sino muchas veces, recuérdalas con interés y entonces serán para ti de gran consuelo. Yo os exhorto a no salir de aquí con las manos vacías, sino a recoger las respuestas como perlas, para que las guardéis siempre, las meditéis y las cantéis a vuestros amigos.» (Comentario sobre el salmo 41).

Ejecución del Salmo Responsorial

Normalmente, el salmo responsorial debe ser cantado y, al ser Palabra de Dios, siempre se hará desde el ambón. Existen dos modos de cantarlo:

  1. El modo directo, en el que el salmo se canta sin que la asamblea intercale la respuesta, y lo cantan, o bien el salmista o cantor del salmo él solo, o bien todos a la vez.
  2. El modo responsorial, que ha de ser el preferido en la Celebración eucarística. El salmista o cantor del salmo canta los versículos del salmo y toda la asamblea participa por medio de la respuesta. Esta forma responsorial va de más a menos:
    1. La forma ideal: el salmista canta el salmo y la asamblea canta la respuesta propia. El principal, y quizá único problema de esta forma, es que necesita un salmista, alguien capaz de hacer adecuadamente la cantilación del salmo, lo que no es fácil de encontrar en todas nuestras comunidades y parroquias.
    2. Las formas válidas: el lector proclama el salmo y la asamblea canta la respuesta propia intercalada; o bien, el salmo es cantado o proclamado de modo directo con la respuesta final común a la Palabra.
    3. La forma menos correcta: el lector proclama el salmo y la asamblea recita la respuesta. Siendo la forma menos correcta, sin embargo es muy habitual. Esta forma dificulta la meditación porque la asamblea olvida la respuesta si atiende al lector, o no atiende al lector para no olvidar la respuesta.

Para favorecer el canto del Salmo por parte de la asamblea en su forma ideal, el salmista debería comenzar entonando él solo la respuesta que será repetida por la asamblea. De esta forma también da el tono y el carácter de la antífona disponiendo a la asamblea para su intervención. Después de repetir la asamblea la antífona, el salmista continuará proclamando los versos del salmo a los que la asamblea responderá ya sin la previa entonación de la antífona por parte del salmista.

Otro tema a tener en cuenta es el de cuántas estrofas cantamos. La respuesta debería ser: todas las que aparecen en el Leccionario, porque es Palabra de Dios y no podemos mutilarla. El problema es que, a veces, muchos salmos han sido musicalizados con dos o tres estrofas que no siempre corresponden con las que nos traen los leccionarios. Pero otras veces el problema es que creemos que cantar todo el salmo es demasiado largo y por eso lo recortamos a dos o tres estrofas. Si cantamos estos salmos, las estrofas cantables serán siempre las mismas y estaremos empobreciendo la Palabra de Dios. Hay que hacer un esfuerzo por aprender a cantar todas las estrofas que corresponde a cada salmo.

Si se recita, lo que ya hemos dicho que no es recomendable, no se debería hacer repetir a la asamblea la respuesta (si no se puede cantar es mejor suprimirla) y, por supuesto, tener en cuenta las indicaciones litúrgicas sobre el ministerio del salmista: no se puede leer de cualquier forma (no se lee, se declama), pero además, al ser un texto poético, hay que darle la entonación y carácter propio del texto (por eso se recomienda que no lo haga el mismo lector que ha proclamado la primera lectura). Y, finalmente, evitar frases como: Salmo responsorial: “El señor es mi pastor, nada me falta”. Repitan todos: “El Señor es mi pastor, nada me falta”…

EUCARISTÍA Y MÚSICA LITÚRGICA /7

♦♦♦ Propuesta de Cantos para la Celebración eucarística según los Tiempos y Ciclos litúrgicos en LITURGIA DOMINICAL

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3 comentarios

Archivado bajo Eucaristía y música litúrgica

3 Respuestas a “LITURGIA DE LA PALABRA: SALMO RESPONSORIAL

  1. Lola

    ¡Cuán enviciadas están nuestras celebraciones! Yo soy lectora habitual de primera lectura y salmo y doy fe de que es muy difícil que la Asamblea responda, sobre todo si la respuesta es un poco larga. Me parece muy bien lo de cantarlo, pero habría que saber cantar, pues no es lo mismo este canto que otro; a fin de cuentas es un recitativo, y no es fácil hacer bien recitativos, por lo que tampoco es fácil recitarlo, pues si se canta mal, se recita peor, por lo que el resultado sería forzado y poco natural.
    En fin, seguiremos haciendo las cosas lo mejor que podamos; si es apoyados por la Asamblea, todavía mejor. Yo, por mi parte, procuro poner lo mejor de mí misma en mis intervenciones.
    Y termino con mi estribillo habitual: educación, educación, educación………

  2. Leonardo

    En primer lugar, enhorabuena por la serie de artículos que estás publicando sobre la música y el canto en la celebración eucarística. Me parecen interesantísimos. No conocía este blog; lo he encontrado por casualidad. Ya me he suscrito para recibir el resto de las entradas de forma automática.
    En cuanto al contenido, lo único que te puedo decir es que ojalá fuéramos capaces de poner en prática todas las sugerencias que ofreces. La insistencia de Lola de “educación, educación, educación…” (por cierto, veo que comenta todas las entradas) se puede suplir al menos leyendo estas entradas. ¿Se lo has hecho llegar a los responsables de las diócesis y a los equipos de liturgia de las parroquias? Yo pertenezco a un coro de parroquia pero si lo digo yo no me hacen caso; lo tiene que decir el párroco y los responsables de la liturgia en cada parroquia y, ojalá, con el apoyo de los responsables diocesanos. Cuando alguna vez he sugerido que estudiáramos un poco más de liturgia en el coro me han mirado con cara de misericordia. Hay que apuntar más alto si queremos que esto se tome en serio, ¿o no lo es?
    Por mi parte tienes un convencido más. Haré lo que pueda.

    • Leonardo, gracias por tu comentario. Tus palabras me recuerdan el texto del Génesis en el que Abraham intercede ante Dios para que no destruya la ciudad de Sodoma. Al final, en ese regateo continuo Abraham le propone que no destruya la ciudad si al menos hubiera en ella 10 justos: “No la destruiré por amor a los diez” dice Dios. y termina diciendo: “Y Yavé se fue después de hablar con Abraham”. No dice que no la destruirá, sólo que si al menos hay diez justos no la destruirá, lo que me hace pensar que la justicia de Dios no admite engaños. No se destruirá al justo con el malvado, pero el malvado deberá reparar su maldad y el justo hacer valer su “justicia” para que se vea que al menos hay diez… Algo parecido nos ocurre con esto de la música en la liturgia. Hay mucha incomprensión y desidia y, por supuesto, mucha carencia de formación. Necesitamos más apoyos para que no se destruya la riqueza que la liturgia aporta a nuestras celebraciones y, por lo que respecta a la música y el canto, mucho esfuerzo para no destruir el tesoro que hemos acumulado a lo largo de tantos años de experiencia y vida eclesial. Tu testimonio, junto con el de otros muchos que creemos en la importancia de la liturgia para la vida creyente y del ministerio que la música y el canto realizan en medio de ella, hará que no caiga en desgracia. También nosotros hacemos lo que podemos. Tenemos ya muchos seguidores como tú, especialmente en latinoamérica, en donde la vitalidad y sensibilidad litúrgica son hoy mucho mayores que en España.

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