EQUIPO DE PASTORAL LITÚRGICA

La Pastoral litúrgica

LA TRINIDAD - A. RublevLos diversos modos de comprender la relación entre liturgia y pastoral han evolucionado a lo largo de los últimos años pasando de la certeza de que la liturgia es pastoral a la constatación de que la liturgia debe ser objeto de una atención pastoral, hasta las últimas perspectivas que consideran a la liturgia como un aspecto más de la globalidad de la praxis eclesial. Sin embargo, el Concilio Vaticano II en esto no fue en absoluto ambiguo. Se propuso favorecer la “participación activa” del pueblo en la vida de la Iglesia y para ello puso en marcha una de las iniciativas más ricas y novedosas del Concilio: la reforma litúrgica (Sacrosanctum Concilium).

Su puesta en práctica ha sido y está siendo compleja por muchas razones: circunstancias de carácter cultural, de resistencia a la tradición, de acomodación y cansancio de los distintos responsables eclesiásticos, etc. Aunque son numerosos los documentos y textos posconciliares que se hacen eco de esta iniciativa de reformar la liturgia para acercar el rito al pueblo y no al revés, 50 años después el balance es todavía pobre: se han reformado los misales y libros litúrgicos, se ha dado la vuelta al sacerdote que ahora mira al pueblo, se habla en lengua vernácula, se cantan cantos “litúrgicos” en nuestras propias lenguas (en detrimento del latín y del gregoriano que han sido literalmente arrinconados en el olvido)… pero aún no hemos conseguido una verdadera “participación activa” del pueblo en las celebraciones.

Veinticinco años antes del Concilio, en 1940, Romano Guardini escribía al obispo de Maguncia en estos términos: «Quien juzgue de un modo imparcial, se habrá dado claramente cuenta de que en estos últimos años en materia de pastoral ha terminado una época… Si son exactos los pronósticos que se pueden hacer, la acción pastoral se limitará en el futuro, de un modo hasta ahora desconocido, al campo religioso propiamente dicho. Es, por tanto, urgente devolverle toda su pureza y su fuerza… El altar ha sido siempre el centro de la vida de la iglesia; quizá muy pronto no será sólo el centro, sino su vida entera. Es, pues, muy importante que lo que sucede en el altar, y desde allí llega a la vida del individuo y de la familia, retome su sentido más pleno y sus formas más puras… Es necesario que la práctica de la liturgia se realice en función de las parroquias como éstas son en realidad...».

Este fue el germen del movimiento litúrgico que impulsó la reforma del Vaticano II y que tan distintos resultados ha tenido. En este primer movimiento se evidenciaba el carácter pastoral de la liturgia: la acción de la Iglesia tiene su punto de partida en la vida litúrgica tanto para la vida de las comunidades parroquiales como para la misión en su conjunto de la Iglesia. Sin embargo, pronto se vio que para conseguir esto era necesario en primer lugar atender pastoralmente a la propia acción litúrgica puesto que la realidad distaba mucho de ser tal  ya que el pueblo carecía de conocimientos litúrgicos suficientes para celebrar de forma activa su fe (el evangelizador primero ha de ser evangelizado). El propio movimiento litúrgico constató la necesidad de atender pastoralmente a la liturgia para conseguir el objetivo último de convertir la propia liturgia en el centro de la pastoral de la Iglesia. Surgió así todo un movimiento catequético y de formación empeñado en hacer comprender al pueblo la riqueza de nuestras celebraciones y los ritos que las acompañan. Fruto de eso fueron los numerosos Directorios de Pastoral que emanaron de las distintas diócesis y Conferencias episcopales.

El objetivo de esta acción “catequética” en torno a la liturgia no es otro que convertir a la asamblea en actor de la liturgia y no en mero espectador como venía siendo hasta entonces. Se pasó de considerar la liturgia como un conjunto de ritos a ser el medio privilegiado por el que la asamblea cristiana reunida en torno al altar celebra su fe en Cristo resucitado. A la liturgia no le interesa ya sólo el cumplimiento de los ritos sino que los sujetos del rito, la asamblea, puedan celebrar y comprender la fe que profesan.

La liturgia exige un Plan de Pastoral Litúrgica

TRABAJO EN EQUIPOCon la vista puesta en la reforma de la liturgia que se ha propuesto a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la Iglesia, y en particular las comunidades parroquiales, debe impulsar nuevamente este espíritu y tomar en serio el carácter pastoral de la liturgia y su centralidad para la vida de fe de sus comunidades. Por ello es necesario realizar un Plan pastoral que reflexione y organice la vida de fe de las comunidades. Es necesario huir del sacramentalismo en que con frecuencia vivimos nuestra fe para convertir nuestras asambleas en verdaderas “semillas” del Reino, evangelizadoras desde la fe individual y comunitaria, desde la vivencia litúrgica de la experiencia más íntima del encuentro con Cristo resucitado que se nos da en persona mediante los sacramentos y la Palabra.

 

El Plan de Pastoral Litúrgica exige un Equipo de Pastoral Litúrgica

Equipo de trabajoPlantear programáticamente una celebración para una asamblea concreta y dirigirla de modo que resulte significativa para quien participe en ella exige un profundo respeto por la naturaleza simbólica de toda acción litúrgica. Aquí está el límite infranqueable de la adaptación de la celebración a la asamblea, ya que es ésta la que debe ser llevada a percibir y asimilar los mensajes propuestos por los signos litúrgicos, que en su estructura ritual y en sus contenidos son un dato no manipulable. La mediación pastoral del presidente y de los ministros debe favorecer la comunicación simbólica que tiene lugar en el momento de celebrar y que une directamente a cada fiel con las realidades significadas. A esto se llega teniendo en cuenta las características propias de la comunicación simbólica, así como de esos símbolos particulares que son las acciones litúrgicas.

Aunque esto es responsabilidad en primer lugar del presidente de la comunidad —el párroco y el equipo de sacerdotes que componen la comunidad—, pronto se vio la conveniencia de organizar grupos y equipos para la animación litúrgico-pastoral. La Ordenación General del Misal Romano, aunque no habla explícitamente del Equipo de Pastoral Litúrgica, nos da unas pistas sobre el cometido y tareas del mismo al afirmar: «La efectiva preparación de cada celebración litúrgica hágase con ánimo concorde entre todos aquellos a quienes atañe, tanto en lo que toca al rito como al aspecto pastoral y musical, bajo la dirección del rector de la iglesia, oído también el parecer de los fieles en lo que a ellos directamente les atañe.» (OGMR 73).

Teniendo en cuenta  estos principios orientadores, podemos afirmar que

  • El Equipo de Pastoral Litúrgica estará formado por todos aquellos que asumen distintas responsabilidades en las celebraciones de la comunidad siendo presididos por el primer Animador de la comunidad, el párroco.
  • Se reunirá periódicamente para preparar coordinadamente las celebraciones de la comunidad y animar, con sentido ministerial, a la asamblea reunida en el nombre del Señor para que participe activamente de la acción litúrgica.
  • Estará presente en el Consejo Pastoral para garantizar no sólo la buena marcha de las acciones litúrgicas desde el punto de vista de la participación de los fieles sino desde la perspectiva de toda la pastoral litúrgico-sacramental de la comunidad.

Personas que forman parte del Equipo de Pastoral Litúrgica

  1. En primer lugar es deseable y necesario que sea un ministro ordenado quien se haga cargo del Equipo y se responsabilice de su marcha, organización y orientación. Si hay distintos sacerdotes encargados de diversas celebraciones (por ejemplo, misas con niños), sería igualmente deseable y necesario que formaran parte de este Equipo.
  2. Además de los ministros ordenados, deben participar en el Equipo todos aquellos que desempeñan los siguientes ministerios y funciones:
    • Los que atienden la acogida y el orden: reciben a los fieles y acomodan a los que necesitan una atención especial (niños, ancianos, enfermos…), organizan las procesiones, reparten los cantorales, folletos, se encargan de la megafonía, iluminación, etc.
    • Los monitores, los que hacen las moniciones que ayudan a comprender mejor la celebración (conviene que sean personas distintas del lector).
    • Los lectores, los que proclaman la Palabra de Dios y hacen las preces u oración de los fieles.
    • El salmista (debe ser distinto del lector ya que, además, conviene que tenga aptitudes para cantar el salmo).
    • El animador del canto y de la música litúrgica.
    • Los acólitos o ayudantes que asisten al ministro ordenado en el altar.
    • Los ministros extraordinarios de la comunión, los que ayudan a distribuir la comunión a los fieles.
    • El maestro de ceremonias, si lo hubiere (está indicado especialmente en las grandes solemnidades).

Organización del Equipo de Pastoral Litúrgica

Cada parroquia, en función de sus necesidades y de las personas disponibles, organizará el trabajo del Equipo de Pastoral Litúrgica teniendo como criterio general las siguientes observaciones:

  • El responsable del Equipo es el encargado de constituir y formar a los integrantes del Equipo de Pastoral Litúrgica, para lo cual facilitará herramientas de formación adecuadas que podrán traducirse en reuniones de formación litúrgico-pastoral para los miembros del Equipo con la periodicidad que estime oportuna.
  • El responsable del Equipo preparará un calendario de reuniones que tenga en cuenta al menos los Tiempos litúrgicos fuertes: Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa-Pascua, Pentecostés y Tiempo ordinario.
  • Se propondrá un conjunto de Objetivos comunes para toda la parroquia a lo largo del Año litúrgico que se visibilizarán en las distintas celebraciones y acciones litúrgicas del conjunto de la parroquia. Nadie irá por libre.
  • Se creará un Equipo general y diversos Grupos en función de las distintas responsabilidades: monitores-lectores, animadores del canto, acogida y organización general, etc.
  • Se revisarán periódicamente las celebraciones para mejorar en aquellos aspectos que detectamos más débiles y necesitados de mejor preparación, herramientas, acciones, etc.

Funciones del Equipo de Pastoral Litúrgica

La asamblea litúrgica1. El cuidado de la vida litúrgica parroquial

Esta es la tarea más importante del Equipo de Pastoral Litúrgica dentro de la parroquia: preparar, animar y revisar las celebraciones en sintonía con el párroco. Esto abarca diversos aspectos.

a)   Elementos materiales. Asegurar que la parroquia cuente con todo lo necesario para una celebración digna:

  • un templo bien dispuesto, limpio, ordenado, con las debidas condiciones de luz y audición, con una distribución adecuada de los bancos;
  • un presbiterio adecuado, altar, ambón, sede;
  • ornamentos renovados, dignos, limpios;
  • libros para el presidente, lectores, coro, organistas, para la sede, etc.

b)   La creación de la Asamblea litúrgica. El sujeto de la celebración es la Asamblea que se reúne para celebrar. Por tanto ésta debe recuperar toda su vitalidad. La constitución de una Asamblea litúrgica requiere toda una pedagogía para que las personas reunidas tomen conciencia de pertenencia a una comunidad. Por eso, es importante el enfoque de la celebración, el ambiente que se crea, la introducción preparatoria a la celebración, las moniciones, etc.

c)   El desarrollo de la celebración. Para conseguir que la vida litúrgica de la parroquia se desarrolle de manera adecuada se debe procurar:

  • superar la rutina y la inercia. No cantar siempre los mismos cantos; que cada misa dominical tenga varios monitores y lectores que se alternen; destacar algún aspecto de la Eucaristía, etc.;
  • recoger y expresar la vida de la comunidad parroquial, arciprestal y diocesana con sus inquietudes, sus necesidades, sus aspiraciones;
  • responder a los problemas, necesidades, sufrimientos y gozos del hombre de hoy y del pueblo. En la oración universal siempre debería estar presente algún problema, necesidad o gozo de dicha Asamblea.
  • buscar un equilibrio entre la acción comunitaria y la participación individual, entre el silencio y la palabra, equilibrio entre la observancia de las normas litúrgicas y la creatividad y adaptación a la comunidad concreta.

2. La educación litúrgica de la parroquia

Además de educarse a sí mismo, el Equipo de Pastoral Litúrgica ha de buscar educar litúrgicamente a la comunidad parroquial:

  • que conozca el sentido de las diversas celebraciones, en especial de la Eucaristía;
  • que comprendan el lenguaje litúrgico, el contenido profundo de los gestos, los ritos, etc.

Hay que cuidar mucho la tarea educadora que se puede realizar a través de las moniciones para guiar al pueblo en su participación, ayudarle a entrar en la celebración comprendiendo los ritos, dando sentido a los gestos, creando un ambiente de oración y recogimiento.

3. Preparación de las celebraciones

Esta es una de las tareas más concretas a realizar en la parroquia. La preparación de una celebración exige:

  • fijar bien el sentido de la celebración: que todos los que van a participar en la celebración sepan qué se va a celebrar y por qué. No todas las celebraciones son iguales. No es lo mismo un domingo de Adviento o uno de Pascua.
  • preparar todo lo necesario para la celebración: los elementos materiales (el pan, el vino…), los elementos de la misa (oraciones, prefacios, plegaria eucarística, cantos, salmos, etc.), las moniciones, guiones para las celebraciones más complejas destinados al presidente, monitor, lectores, coro…
  • distribuir con suficiente antelación —para no improvisar a última hora— las diversas tareas y servicios litúrgicos.

4. Realización de las celebraciones

La celebración misma es el culmen y fuente, por tanto, lo más importante de la pastoral litúrgica. El Equipo de Pastoral Litúrgica deberá estar atento a que las celebraciones no caigan en:

  • un formulismo vacío, es decir, una liturgia donde se observen todas las normas y leyes litúrgicas pero donde falta vida, calor, oración, participación interior;
  • una rutina donde no se exprese la vida cambiante de las personas y de la comunidad;
  • una acción donde sólo participen el presidente y algunos fieles mientras el pueblo asiste pasivamente como mero espectador;

Será conveniente que el Equipo de Pastoral Litúrgica sepa revisar periódicamente las celebraciones de la parroquia para señalar las deficiencias que se observan, los defectos en que se vaya cayendo, etc. para tratar de corregirlos y seguir mejorando la vida litúrgica parroquial.

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6 comentarios

Archivado bajo Liturgia y pastoral

6 Respuestas a “EQUIPO DE PASTORAL LITÚRGICA

  1. José Zancajo

    En mi parroquia no hay Equipo de liturgia y las cosas se hacen sobre la marcha. Al final todo va saliendo por la buena voluntad de todos y porque el párroco está encima de todo. Otra cosa es lo que “va saliendo”. En las Jornadas Nacionales de Liturgia que se acaban de celebrar en Cáceres, el presidente de la Comisión Nacional de Liturgia ha dicho que cada vez hay menos gente en nuestras eucaristías por lo que llama a actualizar nuestras liturgias para acercarse a los fieles. Aunque estoy de acuerdo con eso, me creo más lo que dijo después: 50 años después de la Reforma litúrgica, esto aún va a llevar tiempo… Si en mi parroquia se planteara una organización tan ambiciosa seguro que habría muchos obstáculos y zancadillas. ¡Pesa tanto la inercia y el inmovilismo!….

  2. Elena

    Después de una profunda y dolorosa reflexión personal percibo que es difícil poder pertenecer a un grupo que cierra puertas, ya que cualquier novedad incomoda a lo que ya hemos hecho nuestro y no vida de parroquia. Somos nosotros, comunidad creyente, los que no abrimos los brazos, los que cerramos nuestra comunidad preservando la parcela que creemos nuestra, los que no hacemos crecer la gracia que el Espíritu nos trae de mil maneras… Hablar de equipos de liturgia si no hay disposición para el trabajo y la reflexión en equipo es imposible. A veces crecer, mirar hacia adelante, implica “morir” a algo, pero no siempre estamos dispuestos.
    Me pregunto si en nuestras celebraciones tenemos que favorecer el encuentro con Dios o tenemos que entretener, distraer y hacer agradable ese rato de estar juntos en un templo. ¿Busca la liturgia ayudarnos a cumplir de forma agradable con las “obligaciones” del cristiano o ayudar a encontrarnos con Dios en la oración, especialmente en la eucaristía? ¿Entiende el niño lo que sus padres día a día le van enseñando, entiende su sacrificio? El niño no tiene edad para comprender esto, pero no por ello hemos de dejar que el niño viva y crezca entretenido al margen de la realidad y cotidianeidad de su familia. Lo mismo ocurre con la eucaristía; no tiene edad para comprender muchas cosas que allí se celebran, pero no por ello le damos la vuelta y le ponemos a ver la televisión del espectáculo litúrgico-catequético en que con frecuencia convertimos las misas con niños. Del altar parte nuestra vida de oración y nuestra responsabilidad cristiana. Tomarnos en serio la liturgia es, como tantas otras cosas, una tarea pendiente que empieza en la educación de los niños y continua en la sensibilidad y disponibilidad de los adultos hacia lo esencial.

  3. Lola

    En mi opinión, el afán de participación ha sido negativo. Mientras las celebraciones dependían del cura, aunque colaborara mucha más gente, sobre todo mujeres, las cosas marchaban, por inercia, pero marchaban. La introducción de los equipos de liturgia ha roto esa inercia, con la consecuencia de que se ha perdido el paso por una razón muy sencilla y es la falta de formación de los miembros del los Equipos. Nos apoyamos demasiado en la buena voluntad, soslayando la formación, por lo que todo queda un poco débil y simple y en cuanto se quiere profundizar un poco, no hay donde. Eso es evidente en un gran número de catequistas que no tienen formación suficiente para transmitir conocimientos. Creo que una mínima formación pastoral sería muy conveniente, aparte del hecho de que aprender y saber ayuda a disfrutar más y mejor de lo que se está haciendo.
    Lo que dice el señor Zancajo es completamente cierto, introducir equipos de lo que sea en una comunidad es abrir la puerta a la formación de camarillas y caciquismo; siempre hay a quien le gusta mandar. el problema es que al final alguien tiene que tener la última palabra, y ese alguien tiene que ser el párroco, por lo que si hace lo que dice el que mande en el equipo, no pasa nada, pero si se le ocurre llevar la contraria, está perdido, queda sometido a una especie de chantaje emocional que le lleva a actuar en favor de los caciques parroquiales, que son los que de verdad mandan y manipulan la situación.
    Es un problema de convivencia, buena voluntad y humildad para saber valorar lo que saben y puedan aportar los demás, pero ya sabemos que los más ignorantes son los más intolerantes y reacios a los cambios.
    Yo sigo insistiendo: educación, educación, educación……….

  4. TERESA

    BUENO, LO QUE DICEN NUESTROS HERMANOS QUE HAN DADO SU OPINION ES VERDAD. EN LAS PARROQUIAS NO ESTAMOS UNIDOS NI INTERIORIZAMOS LA PALABRA DE DIOS EN CARNE PROPIA PARA PODER MONITAR Y VIVIR LA PALABRA QUE ES VIDA… OJALA QUE CON ESTAS EXPLICACIONES SE ABRAN NUESTROS CORAZONES, HOY MAS QUE NUNCA EN UN MUNDO GLOBALIZADO Y DE CAMBIO. EN EL PERU SE ESTA LLEVANDO LA SEMANA DE LA CELEBRACION LITURGICA Y NOS ESTAN ACLARANDO EL VALOR INFINITO DE LA EUCARISTIA QUE ES EL CULMEN DE NUESTRA IGLESIA. DESEO UN CAMBIO PROFUNDO EN CADA PERSONA Y LUEGO EN LA COMUNIDAD CUMPLIENDO LO QUE DICE EL PAPA FRANCISCO: LA ORACION DE LA LECTO DIVINA PARA PROFUNDIZAR LA PALABRA DE DIOS.

  5. Gabriela

    Es muy fácil mirar desde afuera y hacer las críticas… Pero no nos hemos dado cuenta de que somos nosotros los que no cumplimos con la Palabra de Dios. Allí está, hermanos; ubiquemos el evangelio de San Mateo cap. 28, vers. del 18 al 20…. Hermanos, no seamos flojos, cumplamos lo que Dios nos ha encomendado. Aquí no busquemos a los catequistas; nosotros mismos somos los catequistas de nuestros hijos. Primero nosotros… luego nuestros familiares y así… Leamos la Biblia hermanos, es Palabra de Dios.

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