RITOS INICIALES: GLORIA

Anunciación de los pastores

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso,
Señor Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

Del conjunto de cantos de inspiración bíblica que se compusieron en la primitiva comunidad cristiana, compuestos a imitación de los himnos y salmos, sobrevivió junto a otros pocos —como el Te Deum, el Gloria, conocido como Himno angélico (por las palabras con las que comienza, las que el evangelista Lucas pone en boca de los ángeles que anuncian el nacimiento de Jesús) o Gran doxología (en comparación con la pequeña doxología, antiquísima también, del “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…”). Se ha dicho que el Gloria es «el más bello, el más popular, el más antiguo canto cristiano llegado hasta nosotros.».

Al igual que el Kyrie, el Gloria tampoco nació como un canto para la Misa. Era un canto que se utilizaba en la oración de la mañana, en las laudes, como se utilizaba el Oh luz gozosa en la oración de la tarde, en las vísperas. La liturgia romana empezó a utilizarlo dentro de la Eucaristía a principios del siglo IV, en la Misa de Navidad, pero sólo cuando era presidida por el obispo. En el siglo X-XI entró a formar parte ordinaria de la Misa de domingos y fiestas, excepto en las de Cuaresma, tanto si estaba presidida por obispos, como por presbíteros.

En la Misa actual, el Gloria es una pieza unida al rito de entrada para los domingos y días festivos, excepto en los tiempos de Adviento y de Cuaresma. Como parte de los Ritos iniciales, prolonga la invocación del Kyrie a través de una oración de alabanza. Entre el Canto de entrada y la Oración colecta, completa la unidad esencial de la oración cristiana: petición-acción de gracias. En el Gloria se cumple, de forma muy especial, lo que se dice de los ritos iniciales: que preludia y anticipa lo que va a ser la celebración en su parte más central, la Liturgia eucarística.

En el himno del Gloria pueden distinguirse tres partes: el comienzo bíblico con el canto de los ángeles la noche de Belén, las alabanzas a Dios Padre y, finalmente, las aclamaciones y súplicas a Cristo. Todo esto termina con una recapitulación en la que se nombra al Espíritu Santo dando así un carácter trinitario al himno. Parece que en la antigüedad cristiana existía la costumbre de encabezar los himnos con una frase de la Biblia que fuera su tema; en el canto del Gloria el tema es la Gloria de Dios y la paz de los hombres. La alabanza a Dios Padre se realiza con una acumulación de verbos: te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias; esta acumulación es signo del entusiasmo del creyente que puesto a alabar a Dios repite una y otra vez lo que brota de su corazón. Por último, se invoca a Jesucristo con variedad de títulos: Señor, Hijo único, Unigénito, Señor Dios, Cordero de Dios y le suplicamos y aclamamos como aquél en quien Dios se nos ha dado, en quien la Gloria de Dios se revela y se hace paz y salvación de los hombres.

El canto del Gloria

Por su entidad y belleza, aunque el Misal dice que “se canta o se recita”, es, de todos los cantos del Ordinario, el que reclama con más necesidad el canto. En la liturgia romana parece que generalmente ha sido cantado por el coro de los clérigos alrededor del altar, aunque enseguida, el Kyrie y el Gloria se asignaron a un coro de músicos.

El Misal lo señala como una plegaria de la asamblea, entonada por el celebrante, y no como una plegaria propia del celebrante. El Gloria lo canta, bien la asamblea de los fieles, bien el pueblo alternando con los cantores solos. Su entonación puede hacerla el presidente de la asamblea. Esta forma tendría un sentido más histórico y litúrgico, pues en principio lo entonaba el pontífice volviéndose hacia el Oriente, y el pueblo lo cantaba en forma silábica de recitativo; lo puede entonar un cantor, lo que sería más práctico; y lo puede entonar el coro, lo que daría un mayor realce y expresividad.

Como himno que es debería ser siempre cantado. Los himnos no se recitan, aunque a veces no haya otra posibilidad. A veces cantamos partes menos festivas de la Eucaristía y las partes más festivas, como el Gloria, las recitamos. El canto del Gloria debe ser realizado por toda la asamblea todo seguido, de forma directa, aunque también es posible hacerlo de forma alternada entre el coro y la asamblea. Sin embargo, aunque es posible la alternancia, el canto del Gloria debería distinguirse del resto de cantos como el Canto de entrada o el Ofertorio o el Canto de comunión. Es importante salvar en cualquier caso su forma musical y literaria de himno. Aunque es un canto apropiado para el conjunto del Año litúrgico, es el himno de alabanza propio para ser cantado en los tiempos de Pascua y Navidad, omitiéndose en Adviento y Cuaresma.

Formas de realizar el canto del Gloria

  1. El Gloria se puede cantar en cualquier tiempo litúrgico salvo en Adviento y Cuaresma, aunque está especialmente indicado para Navidad y Pascua, momentos en los que hay que darle un relieve especial: Nochebuena (inicio del Tiempo de Navidad; Misa vespertina del Jueves Santo (inicio del Triduo Pascual) y en la Vigilia Pascual (inicio del Tiempo de Pascua).
  2. Como himno propio de Navidad y Pascua, tendríamos que distinguir, desde el punto de vista musical, el Gloria que se canta en Navidad, con su melodía más pastoril, del Gloria que cantamos en Pascua, con melodías más solemnes.
  3. Como himno, esta doxología debe ser cantada; el himno pierde su carácter lírico si se recita.
  4. A ser posible debe cantarse en forma directa. Si a un Canto de entrada con estribillo le sigue el canto del Gloria con la misma estructura, cada elemento pierde su sentido, su fuerza y su relieve.
  5. Forma parte del Ordinario por lo que el texto no varía. Si se canta hay que cantar el texto del Gloria. No tiene sentido litúrgico utilizar un canto de fondo sobre el que se recita el texto del Gloria. Existen numerosas musicalizaciones del canto del Gloria, desde las más tradicionales, como la gregoriana de la Missa de angelis [escuchar], o la versión de Alrededor de tu mesa de Francisco Palazón [escuchar] a otras más rítmicas como  la de la Comunidad Jésed [escuchar].
  6. Se canta o se recita de pie. La postura, la actitud corporal de alabanza, es la posición de pie frente al altar.

El Gloria y el Te Deum son los únicos supervivientes en la Liturgia romana de los llamados psalmi idiotici (salmos compuestos por un particular tomando como ejemplo el Psalterio bíblico) que fueron muy populares en los siglos II y III. La belleza de estos dos himnos es una de las cumbres de la poesía lírica cristiana de tiempos de las persecuciones. Hagamos de ellos una verdadera oración de alabanza y acción de gracias por la fe y la tradición que hemos recibido de la Iglesia primitiva y que hoy, con sentido ecuménico (forma parte tanto de la Iglesia católica como de la ortodoxa), renovamos cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía.

Con el canto del Gloria culminamos las partes cantadas de los Ritos iniciales. A partir de aquí, bien dispuestos y conscientes de lo que vamos a celebrar, nos introduciremos en las dos partes esenciales de la celebración eucarística, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística.

EUCARISTÍA Y MÚSICA LITÚRGICA /6

♦♦♦ Propuesta de Cantos para la Celebración eucarística según los Tiempos y Ciclos litúrgicos en LITURGIA DOMINICAL

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1 comentario

Archivado bajo Eucaristía y música litúrgica

Una respuesta a “RITOS INICIALES: GLORIA

  1. Lola

    GLORIA, GLORIA, ALELUYA, un maravilloso himno de alabanza. Cada día damos gracias a Dios por permitirnos alabarle.

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