OSTROV. SEÑOR, TEN PIEDAD

OSTROV

En la vida de todo creyente necesariamente aparece la súplica a Dios para que se apiade de sus pecados. Las limitaciones del ser humano, sus miserias y debilidades, no son sino un camino ─casi una pedagogía divina─, para conducirnos a la verdadera santidad. Así se nos presenta la película Ostrov que me gustaría comentar al hilo de nuestra reflexión sobre la celebración eucarística en el contexto de lo que llamamos Acto penitencial que concluye con la aclamación del Kyrie: Señor, ten piedad.

Ostrov, conocida también como La isla o Exorcismo (ver película) es una película rusa realizada en 2006 por Pavel Lungin, uno de los directores de cine más interesantes de la nueva cinematografía rusa. Galardonado en 2008 con la distinción de Artista del Pueblo de Rusia, se ha convertido en un referente del cine contemporáneo aunque desgraciadamente poco conocido en España. Es autor de películas como Taxi blues, Luna Park o Zar, la extraordinaria historia del zar Iván el terrible, además de su inquietante poema religioso Ostrov, La isla.

Ostrov cuenta la historia de Anatoli, un marinero ruso que durante la Segunda Guerra Mundial (en 1942) se vio obligado por los alemanes a matar a su compañero y capitán Tikhon para salvar su vida. Este crimen, fruto de la cobardía, le acompañará toda su vida como algo horrible de lo que tiene que pedir perdón continuamente a Dios. Treinta años más tarde encontramos al marinero Anatoli retirado en una isla del mar del Norte viviendo penitentemente en las calderas de un monasterio ortodoxo ruso y convertido en un santón, un stárez capaz de hacer milagros y realizar exorcismos. Después de atender a varios personajes que buscan en él el don de curación y de profecía, aparece un almirante con su hija poseída por el diablo para que la cure. El almirante se llama Tikhon…

Los stáretz

OSTROV-ANATOLIAnatoli es un stáretz ruso. Los stáretz son guías espirituales cuya sabiduría se remonta tanto a la experiencia como a la intuición. Se cree que a través de la práctica del ascetismo y una vida virtuosa, el Espíritu Santo les provee de dones especiales, incluyendo la habilidad de curar, realizar profecías y proveer una guía y dirección espiritual efectiva. Los stáretz son tomados por los creyentes como un ejemplo de santa virtud, fe incondicional y paz espiritual. Ese nombre lo obtienen cuando el pueblo, tanto laicos, como clérigos, comienza a reconocer y venerarlos como tales, observando su fuerza y pureza espirituales.

Los stáretz, que se creía tenían la habilidad de percibir los secretos del penitente antes de haberlo conocido, eran empleados como confesores a pesar de que no todos obtenían el rango de sacerdote. Los penitentes solían visitar a los stáretz, cuando estos no se encontraban recluidos voluntariamente, para conversar con ellos, solicitar favores curativos o bendiciones (se creía que las bendiciones de un stáretz, así como sus plegarias, eran particularmente efectivas), confesarse o rezar bajo su guía. En algunos casos, la figura del stáretz poseía una autoridad ilimitada en el terreno religioso, dado que cuando un penitente se sometía voluntariamente a ellos en la búsqueda de la bienaventuranza y la verdad, las obligaciones que le eran impuestas sólo podían ser retiradas por el stáretz que las establecía. A los stáretz pidieron consejo autores como Gólgol, Tólstoi o el mismísimo Dostoyevski, cuya obra Los hermanos Karamazov fue creada en base a los stáretz.

Los stáretz fueron una institución cuya historia se remonta al siglo IV con el comienzo del monacato. En eslavo significa “viejo”. Sus enseñanzas se recogieron en la famosa Filocalía o colección de textos de carácter místico (publicada en 1782 por un monje griego). A la asidua lectura de estos textos por parte de los cristianos orientales se hace referencia también en el relato El peregrino ruso, una obra anónima del siglo XIX. En ellas se contiene el mensaje de la oración continua (conocida también como oración del corazón u oración de Jesús).

Ostrov. Estructura narrativa

OSTROV 1Pues bien, con la invocación de la oración continua, basada en la invitación de Jesús a orar continuamente (cf Lc 21,36), comienza nuestra película: «Señor, Jesucristo, ten piedad de mí.» (cf Lc 18,38). Se trata del grito del ciego de Jericó que implora a Jesús la curación, así como de la oración del publicano: «Oh Dios, compadécete de mí que soy pecador.» (Lc 18,13). Es también el kyrie, eleisonSeñor, ten piedad, de nuestra liturgia.

La película arranca con una primera parte en la que a modo de prólogo nos presenta el trasfondo o leitmotiv de nuestra historia. En apenas minuto y medio tenemos cinco planos, tres para presentar la llegada de Anatoli a la isla y dos para presentar al monje que camina mientras recita la oración del corazón y encuentra exhausto a Anatoli tendido en la orilla. Aquí se concentra el contenido y la estructura que posteriormente desarrollará.

El conjunto de la narración se divide también en cinco partes: 1. El pecado (cobardía y asesinato)  2. La penitencia (padre Anatoli retirado en la carbonera del monasterio)  3. La reparación (el stárez al servicio de los demás)  4. El perdón (exorcismo)  5. Glorificación (muerte).

En algunas tradiciones el número cinco representa la imperfección ya que precede al seis que es el número perfecto. Un número perfecto es aquel que es igual a la suma de sus divisores propios positivos. Así, 6 es un número perfecto porque sus divisores propios son 1, 2 y 3; y 6 = 1 + 2 + 3. Los siguientes números perfectos son 28, 496 y 8128. Eso hace que se le asocie con lo demoníaco y el pecado. Sin embargo, cinco son los libros de la ley en la tradición bíblica (Pentateuco), cinco son las puntas del pentalfa o estrella de cinco puntas que forman el número de oro, o cinco son los continentes que engloban la totalidad del mundo. En nuestro caso, Ostrov tiene una estructura quinaria, es decir, está dividida en cinco partes que hablan de la imperfección producida por el mal y el pecado. Ya lo hemos visto en el prólogo, divido en cinco planos, pero también lo vemos en el final, en la última parte, la quinta, narrada en cinco planos que ocupan aproximadamente los cinco últimos minutos de la película. El último es un largo plano secuencia que describe el transcurso del cortejo fúnebre por el río y que se disuelve en un sexto plano en blanco mediante un fundido, lo que lo convierte en senario, en la perfección.

Señor, ten piedad

OSTROV 2El padre Anatoli carga con su pecado acompañado de dos símbolos: el mar que nunca lo abandona y que lo oprime hasta dejarlo exhausto (será también el lugar de su descanso, su tumba) y el carbón, símbolo de la oscuridad de su pecado y cobardía (duerme en una cama de carbón, se encarga de las calderas del monasterio, recoge el carbón de la tierra…). El agua y la tierra, ennegrecida por nuestro pecado, se unirán para llevarle hasta la luz de la salvación, ese infinito blanco con el que termina la película. Pero para llegar a la luz hay que pasar por la oscuridad del carbón y la purificación del corazón. Ese es el camino de la mística y el sentido profundo de la oración del corazón u oración de Jesús.

Su conciencia del pecado, sin duda obsesiva, conduce toda su vida por el camino de la penitencia y la oración. Frente a los religiosos de la “ortodoxia”, hombres acomodados al servicio de la fe pero sin fe, el padre Anatoli aparece como un hombre de fe capaz de recitar hasta sus últimas consecuencias el Señor, ten piedad. En el prólogo se reza seis veces la oración del corazón (la perfección del número seis) pero se funde en un arrullo que hace pensar en un recitado infinito (la eternidad). Frente a la imperfección del pecado (número cinco) encontramos la oración del corazón como respuesta del hombre pecador (número seis) ante cuya realidad aparece la salvación.

Eso es lo que pedimos cada vez que en nuestras celebraciones invocamos al Padre con la aclamación Kyrie, eleison, Señor, ten piedad.

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1 comentario

Archivado bajo Cine y literatura

Una respuesta a “OSTROV. SEÑOR, TEN PIEDAD

  1. Lola

    Al Señor le pedimos perdón todos los días y todos los días no perdona, hasta setenta veces siete.
    No conozco la película, he visto poco cine ruso, pero por lo que cuentas es un cine muy reflexivo y profundo, difícil de ver y poco comercial. Indudablemente se trata de un pueblo muy espiritual.
    La reflexión que me produce es que para lograr perdonarnos de verdad necesitamos hundirnos en la más profunda negación.
    Señor, ten piedad…..

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