LA ESENCIA DE LA EUCARISTÍA

La Última Cena

Conscientes ya de la importancia que la Iglesia ha querido dar al canto y la música en la liturgia —sobre todo para quien haya seguido las entradas anteriores—, con esta entrega iniciamos una serie de artículos sobre lo que constituye el eje central de este Blog, la música litúrgica en el contexto de la celebración eucarística. A lo largo de las próximas entradas iremos desgranando las partes cantadas de la celebración eucarística, su sentido litúrgico, su importancia y sugerencias para mejorar nuestros cantos y nuestra participación activa en la celebración. Es sólo una síntesis, pero confiamos que sirva de estímulo para seguir reflexionando y profundizando sobre lo que celebramos: qué celebramos, por qué lo celebramos y cómo lo celebramos. Ese será el guión de nuestras reflexiones, evidentemente con una orientación más musicolitúrgica que teológica.

Para no perdernos con la terminología propia de la liturgia ponemos a disposición de quien lo necesite un Pequeño vocabulario litúrgico así como un guión básico del Ordinario de la misa. Ambos se encuentran en la sección RECURSOS.

La esencia y contenido de la eucaristía se funda en la “institución” de Jesús, tal como lo anuncia el Nuevo Testamento. La Liturgia y la Teología de la Iglesia que nacieron después sólo se explican, en el fondo, como desarrollo de las afirmaciones fundamentales del Nuevo Testamento.

El relato de la institución de la eucaristía

El relato de la institución de la eucaristía lo encontramos en cuatro textos del Nuevo Testamento: Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,14-20 y 1Cor 11,23-26. Todos ellos se refieren al mismo acontecimiento, a la cena que Jesús tuvo con sus discípulos antes de su pasión. El contexto es la celebración de la Pascua judía, de la que se refieren dos ritos fundamentales: la bendición del pan y del vino y la distribución de los mismos a los asistentes. La novedad de Jesús es la asimilación que hace del pan y del vino a su cuerpo y sangre como anuncio de la entrega salvadora que va a tener lugar a continuación. Actualiza así la Alianza de Dios con su pueblo y tiende un puente hacia la futura cena del Reino de Dios como reconciliación perfecta de Dios y el hombre.

Ahora bien, este relato nos llega a través de la tradición apostólica, por lo que podemos pensar, por la forma de narrarlo, que se trata también de una tradición litúrgica de la comunidad: las invitaciones dirigidas a los participantes: «tomad», «comed», «bebed», el mandato de repetición y la presentación del cáliz como realidad conocida, la exactitud y la finura de algunas formulaciones, sobre todo de las palabras explicativas, etc. Todo ello hace pensar en un uso litúrgico del relato de la Cena. Por tanto, nuestro punto de partida para entender la esencia de la Eucaristía tiene que ser la conciencia litúrgica de la primitiva comunidad. No describen la Cena con los detalles historiográficos que podíamos haber conocido, sino que se nos narra de forma simplificada a la luz de la celebración litúrgica comunitaria.

Significado de la Cena

Jesus come con publicanosLa Cena no es una ocurrencia del momento ni un hecho aislado en la vida de Jesús. Aparece como culminación de una práctica habitual de Jesús quien no sólo comía con sus discípulos sino que comía con todos, incluso de forma expresa, lo que escandalizaba a los fariseos quienes le acusaban de comer con publicanos y pecadores (Mc 2,16). En la tradición judía, compartir la mesa significaba solidarizarse con los comensales. Como mensajero de Dios, Jesús da así muestras del compromiso de Dios con todos los hombres. El banquete se convierte en sus gestos en anticipo del Reino como un banquete de bodas «pues está con ellos el esposo» (Mc 2,19). La multiplicación de los panes es un buen ejemplo de “comida mesiánica” en la que comieron miles de personas hasta saciarse.

Todas las comidas de Jesús tienen un marcado carácter eucarístico. En todas aparece como padre de familia judío que bendice, parte el pan y lo distribuye entre los asistentes. Esto nos lleva inmediatamente a la Última Cena en la que ahora el nuevo Moisés celebra su nueva comida de alianza y se la dona a los suyos. Su relación con la Pascua no es sino un contexto de estructuras rituales en el que Jesús pudo verter su nuevo contenido. Jesús celebra la Pascua judía con sus discípulos pero aprovecha ese momento para dotar a ese gesto de un significado nuevo modificando incluso los elementos rituales típicos de la Pascua judía: utiliza la fracción del pan antes del momento principal de la comida y el cáliz de la «bendición» (el tercer cáliz de la Pascua judía) después de dicho momento. No aparecen los panes ácimos o las hierbas amargas, por ejemplo, lo que necesariamente nos lleva a ver la Cena de Jesús como algo nuevo que sustituye a la vieja Pascua judía aunque, sin embargo, se apoya en ella.

Otro elemento a tener en cuenta en el contexto de la Última Cena es el carácter de despedida. El judaísmo atribuye estas comidas a los patriarcas y a los mensajeros de Dios según el modelo de Isaac en Gén 27. En esos casos, no se trata de una última comida sino de un acto especial de carácter testamentario. El hombre de Dios, próximo a la muerte, recupera energías vitales en la comida y da una bendición a los presentes en la que condensa y deposita toda su vida. Jesús engarza con esta tradición pero se distancia de ella y convierte los dones en su propio testamento vital (pan y vino, cuerpo entregado y sangre derramada para la salvación de los hombres) y, además hace extensible la bendición no sólo a los presentes sino a las generaciones futuras.

Sentido y naturaleza de la eucaristía propiamente dicha

Los relatos de la Cena destacan cómo lo esencial de la eucaristía es el doble acto de la bendición y el ofrecimiento del pan y del cáliz. En ellos Jesús recoge dos típicos gestos judíos en la mesa: la fracción del pan y la distribución del cáliz, el rito de entrada y el de conclusión de todo convite judío, no sólo de la Pascua. El sentido principal del rito es otorgar a los participantes la bendición vinculada al pan y reunir a aquéllos en comunión comensal. La bendición va dirigida a glorificar a Dios recordando y agradeciendo su actuación salvadora. Jesús aprovecha estos gestos y la bendición para expresar y rememorar su obra de salvación confiriendo a los dones eucarísticos un sentido y contenido especial. Con ellos anuncia una nueva realidad salvífica, instituye en forma de ritual de nueva alianza la representación de esa salvación como un acto de entrega, y simboliza dicha realidad salvífica en el gesto de comer su cuerpo y beber su sangre. En este acto, Jesús une acción y palabra en un sentido profético puesto que lo que dice en la Cena lo corrobora a continuación con los acontecimientos que siguen a la misma en su pasión, muerte y resurrección.

LA ULTIMA CENA [Jaime Huguet - S. XV]Todos estos elementos, la tradición los mantiene y convierte en centro de su vida comunitaria y litúrgica. La fe buscaba el encuentro vivo con Jesús por lo que en la Cena del Señor encontró el vínculo vivo y real con el Resucitado. Más allá de los símbolos, enseguida afirmó la presencia real de Cristo en los dones del pan y del vino por lo que introdujo la Cena en la vida litúrgica de las comunidades uniendo la celebración de la Cena a la celebración de la Palabra (promovida por la sinagoga). De esta forma, ya en el siglo II, la celebración de la “eucaristía” (término que empezó a usarse desde muy temprano) produjo un importante desarrollo de la liturgia que dio lugar a numerosas controversias a lo largo de los siglos posteriores.

Tan íntimamente se unió a la vida litúrgica de la Iglesia que ya no había otro vínculo más fuerte entre los miembros de la misma que la celebración de la eucaristía. San Agustín, en el Sermón 272 lo dice así: «Si, pues vosotros sois el cuerpo y los miembros de Cristo, lo que está sobre la santa mesa es vuestro misterio, y lo que recibís es vuestro mismo misterio. Vosotros mismos lo refrendáis así al responder Amén. Ese es el centro de la vida de la comunidad cristiana, lo que de verdad une a sus miembros y los convierte en miembros del cuerpo místico de Cristo. A ello respondemos con el Gran Amén con el que concluimos la Plegaria eucarística, el que en la medida de lo posible deberíamos cantar siempre a una sola y atronadora voz en nuestras celebraciones. Para Dionisio de Alejandría, en el siglo III, los tres actos del culto eucarístico eran: «escuchar la acción de gracias, responder el Amén y comulgar.» (Hist. Ecl. VII, 9, 4).

La Forma de la celebración eucarística

A mediados del siglo XX surgió un amplio debate sobre el problema de la “forma” esencial de la Misa. Romano Guardini, en su libro Preparación para la celebración de la santa Misa recogía ampliamente esta cuestión. Después de siglos en los que la Iglesia fue dando forma teológica a la eucaristía, lo que preocupaba a muchos jóvenes católicos de la primera mitad del siglo XX no eran los aspectos dogmáticos sobre la eucaristía sino la otra esencia de la misma, es decir, la liturgia. Guardini, uno de los teólogos católicos más activos en la reforma litúrgica, quería devolver la celebración de la santa Misa a lo que fue, es decir, «un “acto” sagrado de la comunidad de Cristo que está consagrada en la dignidad sacerdotal, pero que debe vivir y actuar como verdadera comunidad». Ese acto conlleva un “actuar” y por tanto una puesta en escena. La celebración de la eucaristía había caído en una rigidez tal (debido en parte al exceso de rúbricas) que había perdido la frescura del origen. Joseph Pascher, en 1947, en relación al problema de la “forma” decía que «hasta ahora se habían fijado sólo en las “rúbricas”, en lo impreso en rojo, pero que había llegado el momento de mirar también las “négricas”… La forma de los textos y de toda la celebración posee más importancia que las rúbricas». La manera en que se desarrollaba la Misa tenía que dejar de ser un conjunto de ceremonias para convertirse en una expresión interior de la realidad espiritual contenida en la liturgia.

La “forma” de celebrar la Misa se convirtió así en el punto más caliente de la reforma: sacerdote vuelto de espaldas al pueblo, en latín, ritos llenos de normas externas que no favorecían la participación espiritual y activa del pueblo, etc. Había que cambiar todo eso y devolver al pueblo el protagonismo litúrgico. Es aquí donde aparece la discusión sobre si la Misa es antes que nada el Memorial de la Cena de Jesús con sus discípulos (comida) o una Oración del Memorial con forma de Acción de gracias (eucaristía). Es la discusión sobre el Dogma y la Liturgia, ámbitos que no se pueden disociar entre sí sino que deben converger en un único punto, el de llevarnos hasta la experiencia del Resucitado a través de lo que hemos denominado la “emoción litúrgica”. Hablar de Eucaristía en vez de sólo Comida engloba ambas realidades e integra el contenido dogmático en la liturgia.

EUCARISTÍA Y MÚSICA LITÚRGICA /1

Anuncios

4 comentarios

Archivado bajo Eucaristía y música litúrgica

4 Respuestas a “LA ESENCIA DE LA EUCARISTÍA

  1. Pablo Villalba

    Amigos José Luis y Elena.
    Me ha encantado el artículo que nos habéis ofrecido esta semana. Gracias

  2. P. Eulogio

    Me parece importante resaltar el aspecto “formal” de la eucaristía como representación del Memorial. El contenido de lo que celebramos no depende de nosotros pues se nos ha dado, es un regalo que debemos conservar como tesoro, pero el cómo lo actualizamos en nuestras celebraciones sí depende de nosotros. El equilibrio entre las rúbricas y las négricas es lo que da ritmo y sentido a lo que hacemos. No excluyamos ninguna de las dos. Una buena síntesis de la esencia de la eucaristía y de lo que anuncias. Esperaré con interés el resto de entradas. Gracias

  3. Elena

    La monotonía con la que cada domingo celebramos la eucaristía no nos permite ser conscientes del gran regalo de Dios: quedarse con nosotros para siempre en el silencio, en la libertad, desde el sacrificio de su vida para darnos la Vida.

  4. Lola

    Es muy difícil no caer en la monotonía cuando realizamos actividades repetitivas, desde las más diarias y cotidianas a las más trascendentales, entre las que se incluye la eucaristía. Por eso se intenta buscar la forma de llegar al mayor número de personas haciéndolas más ágiles y participativas, pero no es fácil, pues todo lo que se repite se acaba mecanizando y, desgraciadamente, perdiendo interés. Al final se llega siempre a lo mismo: educación para ser muy conscientes de lo que se hace y su significado por encima de una mera repetición de actos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s