EVOLUCIÓN DEL CANTO RELIGIOSO /3

DEL CANTO GREGORIANO A LA POLIFONÍA

MUSICA POLIFONICA MEDIEVAL 2El siglo XI fue testigo de un importante crecimiento económico, social y cultural en la historia de occidente. En los años 1000-1100 se produjo un importante crecimiento de población y el comienzo de las ciudades modernas; se recuperaron tierras desoladas, hubo una importante resurrección de la cultura con las primeras traducciones del griego y del árabe y dio comienzo la vida de las universidades y de la filosofía escolástica, así como el auge de la arquitectura románica.

El siglo XI fue también importante para la historia de la música. La composición fue sustituyendo a la improvisación y se creó la notación musical, lo que permitió escribir la música de forma definitiva (hasta ahora se transmitía de forma oral y, por tanto, sujeta a alteraciones). La música empezó a estar más estructurada y se comenzó a sujetar a principios de ordenamiento como la teoría de los modos o las reglas que gobernaban el ritmo y la consonancia. Por último, la polifonía comenzó a reemplazar a la monofonía, aunque esto no ocurrió de forma súbita.

Durante el primer milenio de la era cristiana la Iglesia de occidente absorbió y convirtió en propiedad todo cuanto pudo tomar de la música de la antigüedad y de oriente. Hacia el año 600 la asimilación era prácticamente completa. Durante los cuatro siglos siguientes este material evolucionó, se vio sistematizado y codificado pero nunca se abandonó dicho patrimonio. Hasta finales del siglo XVI, en las composiciones sacras polifónicas se seguía incorporando el canto llano. Entretanto, la polifonía comenzó a desarrollarse independientemente de esos materiales.

La polifonía

Organum_paralelo_pergaminoLa polifonía, o polimelodía (polis = muchos; fonos = sonido) significa el canto de diversas melodías a la vez. Se opone a la monodia o canto de una sola melodía, como es el canto gregoriano.

El surgimiento de la polifonía afecta a la propia concepción de la música. Si sobre la voz del canto gregoriano tiene que ir otra voz se hace necesario analizar, estudiar y ver en qué condiciones debe hacerlo. No todos los intervalos y distancias entre las notas son válidos; asimismo, es necesario establecer cuánto dura una nota a fin de que no dure más o menos y pueda encajar con los intervalos que el compositor quiere. Es decir, la llegada de la polifonía obligó a una profunda reflexión sobre la escritura musical y la armonía que duran hasta hoy.

Este esfuerzo de composición hará también que los compositores sean identificados como tales ya que hasta ahora aparecían siempre como anónimos. No conocemos los nombres de los compositores del canto gregoriano pero sí a los compositores polifónicos antiguos (Guillaume de Machaut, Orlando di Lasso, Palestrina, Tomás Luis de Victoria…).

El sustrato de la polifonía hay que buscarlo en el canto gregoriano o canto monódico. Según ciertos autores, la polifonía surge como un deseo de efectuar un embellecimiento musical de la liturgia. El canto monódico se hacía aburrido y demasiado “plano” por lo que se empieza a experimentar el canto a varias voces. El tratado anónimo Musica Enchiriadis («Manual de la Música») describe dos clases distintas de “cantar juntos” o diafonía y lo hace con el nombre de organum: el organum paralelo (la melodía del canto llano es la vox principalis y está duplicada a una cuarta o quinta por debajo para una segunda voz, la vox organalis) y el organum covergente (u organum paralelo modificado, que nace y acaba en una misma nota. Las dos voces parten al unísono, la vox principalis asciende hasta formar cuartas paralelas con la organalis. El centro de la pieza está en cuartas paralelas, y se vuelven a reunir las voces en el reposo final)

La polifonía occidental surgió a partir del organum melismático, la primera armonización del canto. De hecho, podemos considerar estas variaciones improvisadas como formas de tropos, donde aparecen al mismo tiempo nueva música y nuevos textos. Una de las grandes contribuciones de este estadio del desarrollo de la polifonía es una adecuación gradual del oído a los intervalos de consonancias perfectas de forma armónica. En otras palabras, aparece una nueva forma de cantar doblando voces que produce una música que avanza de manera más “vertical” que “horizontal”, una forma musical más cercana a nuestro pensamiento moderno.

Las primeras formas polifónicas de la música occidental pueden ser clasificadas de la siguiente manera:

El organum, que consiste en añadir una nueva voz sobre el canto gregoriano a una distancia de cuarta o quinta. Si este sigue el movimiento paralelo, en esta época (siglo XII), se le llama organum estricto o paralelo. Luego este movimiento paralelo puede ser dejado de lado momentáneamente al principio o final de las frases y es entonces que podemos utilizar el término de organum paralelo modificado.

El discantus o discanto, en el que las voces ya no se mueven por movimientos paralelos sino por movimientos contrarios, normalmente nota contra nota.

El motete, que está formado por tres o más voces; la melodía gregoriana, llamada tenor, se sitúa en la voz más grave.

La polifonía y la Iglesia de occidente

El florecimiento de la polifonía tuvo lugar durante el período del Cisma de Occidente (siglo XIV). Avignon, la sede de los antipapas, era un potente centro de elaboración de música profana, de la que la mayor parte recibió influencia de la polifonía sacra. No era simplemente la polifonía lo que ofendía a los oídos medievales, sino también la noción de fusionar la música profana con la sacra y además, haciéndose un hueco en la corte papal. La música de Iglesia era interpretada por juglares, eliminando la solemne adoración a la que estaban acostumbrados. El uso de la polifonía y la actitud hacia la misma variaron enormemente en la corte de Aviñón desde el inicio hasta el final de su preponderancia religiosa durante el siglo XIV. La armonía no sólo se consideró frívola, impía y lasciva, sino también un obstáculo para la audibilidad de las palabras. Los instrumentos y determinados modos fueron prohibidos en la Iglesia por su asociación con la música secular y los ritos paganos. Los choques disonantes de notas provocaban una sensación espeluznante que fue etiquetada como el mal, alimentando su argumento en contra de la polifonía por ser la música del diablo. Tras desterrar la polifonía de la liturgia en 1322, el Papa Juan XXII, en su bula Docta Sanctorum Patrum (1324), advirtió contra los elementos impropios de esta innovación musical. El Papa Clemente VI, sin embargo, la consintió. Fue en 1364, durante el pontificado del Papa Urbano V, cuando el compositor y sacerdote Guillaume de Machaut compuso el primer arreglo polifónico de la misa llamada Messe de Notre Dame.

Con el movimiento del Ars nova del siglo XIV surge una polifonía vocal profana de carácter cortesano denominada polifonía primitiva.

En el siglo XV, y especialmente en el XVI, la polifonía alcanzó su cima gracias al trabajo de varias generaciones de compositores de la escuela francoflamenca que dominó el arte musical del Renacimiento. Los principales representantes de esta escuela son Guillaume Dufay, Josquin Desprez, Orlando di Lasso y Johannes Ockeghem. Esta práctica musical fue criticada por la Iglesia alegando la falta de comprensión del texto. Según la leyenda fue Palestrina quien salvó a la polifonía de la prohibición papal aportando un método de composición más sencillo.

Hacia 1600 las voces hasta entonces independientes de la polifonía empezaron a transformarse en lo que entonces se llamó monodia acompañada, en la cual se distingue una melodía principal y el resto de voces ejerce la función de mero acompañamiento. Esta nueva textura de melodía acompañada alcanza un gran auge en el Barroco, si bien la polifonía no sólo no dejó de cultivarse, sino que alcanzó nuevas cimas especialmente en la obra de Johann Sebastian Bach.

En general, la polifonía fue dando paso a una música instrumental que favoreció una construcción arquitectónica de frases musicales más largas dentro de una estructura periódica.

La polifonía y la liturgia

La Iglesia siempre ha tenido mucho cuidado en que la música no estorbe a la intelección del texto. Por eso, en el contexto litúrgico la polifonía ha sido considerada casi siempre como un “adorno de la melodía”. Lógicamente, este adorno se empleaba en las fiestas principales y, como decían los antiguos, pro divino servitio multiplicando (para alargar el oficio divino). Podría decirse que aparentemente la polifonía se justifica para adornar los días de fiesta, para hacerlos más solemnes. Pero no siempre es verdad, pues al igual que el resto de elementos de la liturgia, la música polifónica, si es acorde con el espíritu de la litúrgica, está al servicio de la alabanza a Dios y la edificación de los fieles. Determinadas obras, en determinados momentos de la celebración litúrgica, pueden favorecer, solemnizar y embellecer la participación del pueblo.

Esta valoración, que recupera el sentido de la polifonía en nuestras celebraciones, la expresó muy bien Juan Pablo II en el discurso que dirigió a los participantes en el Congreso Internacional de Música Sacra: «La Iglesia, si bien reconoce el lugar preeminente del canto gregoriano, se muestra también acogedora de otras formas musicales, especialmente la polifonía. En todo caso, es conveniente que estas diversas formas musicales sean acordes “con el espíritu de la acción litúrgica” (…). Desde esta perspectiva, es particularmente evocadora la obra de Pier Luigi da Palestrina, el maestro de la polifonía clásica. Su inspiración le convierte en modelo de compositores de la música sacra, que él puso al servicio de la liturgia.».

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2 comentarios

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2 Respuestas a “EVOLUCIÓN DEL CANTO RELIGIOSO /3

  1. Policarpio Fons

    La polifonía cerró el ciclo del gregoriano y lo sustituyó durante los años en los que la liturgia estaba al servicio de las grandes celebraciones. Habrá que esperar hasta el Vaticano II para devolver la liturgia a las celebraciones del pueblo, pero ya ni con la monodia gregoriana ni con la polifonía clásica. Hoy es la música popular religiosa, la que impulsó el Concilio -sin desestimar lo anterior, por supuesto-, la que ha absorbido nuestras liturgias, la que nos emociona y ayuda a rezar. Se han compuesto melodías extraordinarias capaces de elevarnos a Dios sin necesidad de mirar atrás, pero me pregunto si no será el momento de reconciliar lo nuevo con lo antiguo siempre que “sea acorde con el espíritu de la liturgia”. Pero para eso hay que educar al pueblo y a los “educadores”.

  2. Lola

    Interesante la evolución de la música y completamente de acuerdo con Policarpio en que hay que educar al pueblo y a sus “educadores”. El problema de la nueva música, religiosa o no, es su banalidad. Lo que conocemos como música clásica, religiosa y profana, se basa, mayoritariamente en cantos y danzas populares; los compositores la han “puesto bonita”, pero cuando se escribió ni era clásica, ni se interpretaba en los teatros y generalmente se hacía con una finalidad, en este caso, litúrgica; de ahí la consideración de la música religiosa como un adorno de la celebración. El problema de la música actual estaría, más que en la música, en la letra. Se ha puesto música a algunos salmos y a la poesía mística, pero también se han escrito letras con poca profundidad. Somos hijos de nuestro tiempo y este tiempo nuestro se caracteriza por la superficialidad, que afecta a todas las facetas de la vida, la religiosa también. La música que se hace es una consecuencia de ello. Si se la conoce como ligera, por algo será.

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