LA ANIMACIÓN DEL CANTO LITÚRGICO. UNA ASIGNATURA PENDIENTE

Elena Calavia, animadora del canto litúrgico

ELENA-CALAVIAPor mucho que insistamos en la importancia de la música y el canto en la liturgia y por mucho que recordemos las palabras del Concilio, cincuenta años después el balance no parece ser muy alentador. Al menos en España, nuestras parroquias y diócesis siguen sin concederle a este “ministerio” la importancia debida y, mucho menos, la preocupación pastoral por formar verdaderos “animadores del canto litúrgico”. Quizá no se ha entendido lo que supuso esta reforma conciliar, y por eso, a pesar de haber dotado a nuestro repertorio litúrgico de un amplio y rico elenco de canciones destinadas a la liturgia, desgraciadamente seguimos instalados en el concepto “ornamental” del canto litúrgico. Se forman coros pero sin “animadores del canto litúrgico”, se seleccionan mal los cantos para nuestras celebraciones, se utilizan instrumentos poco aptos para las mismas (quizá ya menos que hace unos años) y se crean equipos de liturgia pero no se incluye en ellos a los “animadores del canto litúrgico” porque no se les considera “ministros” o “agentes de pastoral” y menos aún parte esencial de la liturgia.

La música y el canto litúrgico siguen siendo una “asignatura pendiente” en la acción pastoral de la Iglesia, pero particularmente en España, ya que en las comunidades latinoamericanas es más frecuente encontrar una verdadera preocupación por estos temas. En una de las entradas anteriores, al referirnos al ministerio del canto en la liturgia decíamos esto: «Cantores, coro, salmista, director, organista e instrumentistas, asamblea toda, desarrollan, cada uno por su parte, un papel nunca suficientemente valorado. Música y canto no son elementos accesorios ni satisfacción estética de quien los escucha, sino que pertenecen al Pueblo de Dios orante siendo en sí mismos un medio de implicación y participación formidables.». Para resaltar su importancia y para recordarnos que es parte esencial del aire fresco que en su momento nos trajo el Concilio Vaticano II es para lo que hemos creado este blog, conscientes de que en un momento tan convulso como el actual, la Iglesia debe recuperar su función de “signo” ante el mundo y qué mejor manera de hacerlo que manifestando con convicción y al unísono que Cristo ha resucitado y que nos ha traído la salvación. Y como no sabemos decirlo con palabras porque este Misterio trasciende nuestra capacidad de comunicación verbal, lo expresamos celebrando nuestra fe “con cantos e himnos inspirados”.

ELENA-CALAVIA-ANIMADORA-DEL-CANTO-LITURGICOElena Calavia, una mujer profundamente creyente y enamorada del canto y de la liturgia, lleva ya más de cuarenta años volcada en la animación del canto en la liturgia (a los siete años ya dirigía los cantos en la comunidad parroquial de San Leopoldo, en Madrid). Con una voz y un timbre melódico que acompañan y elevan nuestra “emoción litúrgica” hasta el pedestal mismo de la oración cantada, se ha empeñado desde hace mucho en reivindicar la importancia que tiene para nuestras celebraciones el hecho mismo de cantar, aunque no seamos cantantes profesionales, aunque no lo hagamos todo lo bien que debiéramos, pero elevando a una sola voz nuestros corazones al Señor para decirle con convicción: “Aquí estamos Señor tal como somos.”

Intérprete de numerosas canciones religiosas y litúrgicas compuestas a lo largo de estos años del posconcilio (Me has llamado, Señor; El Señor nos llama; Éste es el pan de los hijos; Esta casa es tuya; Anunciamos el Reino de Dios; Somos familia de Dios; Seremos tus testigos; etc.), componente del grupo “Voces Unidas” organizado por Juan Antonio Espinosa, y animadora del canto litúrgico en diversas comunidades parroquiales y religiosas, nos hemos querido acercar a ella para reflexionar juntos desde su experiencia sobre lo que consideramos una “asignatura pendiente”: la animación del canto litúrgico.

P. ¿Crees que la reforma litúrgica impulsada por el Concilio en la que instaba a incorporar la música religioso-litúrgica a nuestras celebraciones ha tenido una interpretación “demasiado generosa” por parte de las comunidades cristianas?

R. A través de las entradas de este blog he podido releer los documentos del Concilio sobre la liturgia y la música en la liturgia. Realmente fue una de las tareas más concretas que nos dejó el Concilio pues afectaba al día a día de nuestra vida de creyentes a través de nuestras celebraciones. Me parece maravilloso comprobar cómo la Iglesia, de forma universal, es decir, no con voces aisladas de unos pocos sino reunida en Concilio, devolvía al pueblo el protagonismo de las celebraciones facilitándole la comprensión de lo que celebraba al hacerlo en su propia lengua y al implicarle de forma activa en el rito. El entusiasmo que esto produjo en las comunidades cristianas fue extraordinario y en absoluto “demasiado generoso”. En todo caso, visto desde lo que hoy hemos conseguido, yo diría que fue “demasiado ingenuo” porque se creyó que seríamos capaces de implicar al pueblo en las celebraciones y nos olvidamos que teníamos (y en muchos casos seguimos teniendo) un Pueblo de Dios instalado y educado en la pasividad. Los compositores de música religiosa sí que fueron generosos pues se volcaron enseguida en crear un amplísimo repertorio de canciones en lengua vernácula que las editoriales de música religiosa publicaron conscientes de la importancia que esto tenía para cumplir el mandato del Concilio. Se empezaron a cantar en las comunidades parroquiales, pero fueron sobre todo las comunidades religiosas las que apoyaron la difusión de este nuevo repertorio. Durante algunos años participé con Editorial San Pablo en la grabación de numerosos discos de música religiosa (como solista y directora de coros) y en los cursos de Música litúrgica que organizaba para promocionar los discos; acudía un gran número de personas —especialmente religiosos y religiosas que aprendían los cantos para llevarlos a sus comunidades. Otra cosa es si los resultados son los que esperaban los padres conciliares o no.

P. ¿Crees que las canciones que se han compuesto en estos años han ayudado a las comunidades a celebrar mejor su fe o han servido para “devaluar” la belleza y el sensus de nuestras celebraciones litúrgicas?

En España hemos tenido la suerte de contar con verdaderos maestros y compositores de música religiosa y litúrgica: Lucien Deiss, M. de Terry, Juan Antonio Espinosa, Manuel Manzano, Alberto Taulé, Francisco Palazón, Cesáreo Gabaraín, Joaquín Madurga, Antonio Alcalde y tantos otros. Al menos a mí, que he grabado con ellos y he vivido su entusiasmo por lo que hacían, me han ayudado mucho a celebrar mejor mi fe en auténticas liturgias cantadas. Desgraciadamente la producción musical no ha ido acompañada de la necesaria adaptación de nuestras comunidades por lo que apenas se han renovado los repertorios iniciales, lo que ha empobrecido las celebraciones. Otra cosa, y no es culpa de ellos, es la cantidad de disparates que se cometieron tratando de “modernizar” los cantos religiosos introduciendo melodías sacadas de la música pop o rock, tan de moda en aquellos años setenta. Se quiso hacer celebraciones tan modernas y amenas que se terminó por perder el sentido de la liturgia y de la propia celebración. Pienso que en parte todo eso estaba motivado por la necesidad que se vivía de acercar la Iglesia a una juventud que hacía tiempo habíamos perdido. Mucha gente creyó que si traducíamos la experiencia religiosa a su lenguaje y expresiones musicales quizá les atraeríamos hacia Dios, pero el resultado, como podemos comprobar, es que tantas “pascuas juveniles” y “misas de jóvenes” no han recuperado el compromiso evangelizador de los jóvenes que sólo llenan los estadios cuando les convoca el Papa (lo que no está mal, aunque me gustaría verlos también en las celebraciones dominicales y en las acciones pastorales de la Iglesia).

P. Has creado tu propio repertorio de cantos en un Cantoral litúrgico editado por ti misma. ¿No hay demasiados cantorales ya editados? ¿Qué aporta este Cantoral frente a los ya existentes?

CANTORAL LITURGICO ELENA CALAVIA 2013Desde hace muchos años quería hacer esto, y no por tener “uno más”, pues casi en cada parroquia hay un Cantoral litúrgico propio, sino por ofrecer un repertorio más actualizado que recogiera muchos de los cantos que se han compuesto en los años del posconcilio (hasta comienzos de los noventa) y que apenas han trascendido el ámbito de las comunidades de religiosos y religiosas. Hay cantos de una belleza extraordinaria y de una enorme sensibilidad litúrgica que casi nadie conoce. Quizá porque me ha tocado participar en la grabación de muchos de ellos he tenido la suerte de conocerlos y disfrutar con ellos. Por eso quería compartir con las comunidades cristianas en las que colaboro esta riqueza y animarles, a ellos y a todos los que tengan interés, a vivir la liturgia no con cantos, sino “cantada” como muy bien dices en la entrada de “bienvenida” a este blog.

P. Además de intérprete de música religiosa (has grabado numerosos discos), eres una entusiasta animadora del canto en la liturgia. ¿Cómo crees que debe ser un animador del canto litúrgico, qué cualidades debe tener?

Ya lo has expresado muy bien en las páginas de este blog. Para mí es fundamental que en primer lugar sea una persona creyente que disfrute y viva la liturgia, pero también que sea capaz de hacer disfrutar a los demás de esa enorme riqueza que lleva dentro. El evangelizador primero tiene que haber sido evangelizado. El animador del canto litúrgico tiene que conocer ambas realidades para poder “animar”, es decir, tener nociones suficientes de música y canto y conocer el sentido y contenido de la liturgia. Pero además, y me gustó mucho que lo dijeras, tiene que ser un “pedagogo” capaz de conectar con la asamblea que dirige para enseñarles a rezar cantando. Por último, y no en último lugar, tiene que ser una “persona paciente” sabedora de lo que cuesta hacer ver todo esto a nuestras comunidades cristianas, empezando en muchos casos por nuestros pastores.

P. ¿Cómo os ven en las comunidades cristianas y parroquias a los animadores del canto litúrgico? ¿Crees que estáis suficientemente valorados en vuestra labor? ¿Os sentís apoyados o vais demasiado “por libre”?

En mi caso he visto de todo, comunidades religiosas, sacerdotes y parroquias que han entendido enseguida la importancia del canto en la liturgia, lo que ha facilitado enormemente el trabajo de animación, y comunidades en las que se percibe todo esto como una amenaza a la “paz de la rutina” por lo que no sólo no se ponen los medios para que se pueda mejorar la expresión de nuestras liturgias sino que se nos ve como “estorbos”. Además de falta de formación litúrgico-musical, en muchos grupos he observado algo más preocupante, y es el orgullo que se esconde tras expresiones como “ya sabemos lo que tenemos que hacer, no nos vengas con monsergas litúrgicas, que la liturgia es otra cosa”. Es una cruz con la que convivo desde hace mucho tiempo pues a pesar de lo que se dice a nivel oficial en numerosos documentos, nuestras comunidades, al menos en España, siguen viendo la música litúrgica como algo ornamental, decorativo; hace entretenidas y amenas las celebraciones pero no se pretende nada más. En muchas comunidades me han pedido que dirigiera y organizara una coral polifónica, pero siempre me he negado a ello no porque no sea digno e importante para la vida de la Iglesia, sino porque donde yo veo que puedo aportar más a la Iglesia es en la animación del canto litúrgico haciendo que sea toda la asamblea el único coro que eleva al Señor con una sola voz su oración y súplica. Las corales y la música polifónica tienen su lugar en los coros altos de las iglesias; los coros tienen el suyo en medio de la asamblea para sostener y apoyar el canto de todo el Pueblo de Dios orante. La forma de promover la “participación activa” del pueblo no es alejándose de él sino animando desde dentro. Desgraciadamente hay muy pocos animadores del canto litúrgico y muchos espontáneos que se tiran al ruedo sin la debida formación y apoyo de los responsables de la Iglesia lo que hace que los resultados sean lo que todos vemos cuando acudimos a las celebraciones dominicales de la mayoría de nuestras parroquias. Ojalá pudiéramos hacer este trabajo desde la base, es decir, con el apoyo de las Delegaciones diocesanas de liturgia y las parroquias. Sé que en enero de este año la Comisión episcopal de Liturgia dedicó su encuentro anual a revisar el documento sobre la reforma litúrgica (Sacrosanctum Concilium) y entre los temas de reflexión dedicaron bastante espacio a la Música litúrgica y la formación de los ministros y fieles, pero ¡qué poco han trascendido sus conclusiones y qué poco eco se hacen incluso los medios de información eclesiales de estas cuestiones! Mientras nos preocupen más las cuestiones políticas y de moral que la propia vida de los creyentes no tendremos una Iglesia viva y participativa.

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4 comentarios

Archivado bajo Liturgia y pastoral, Testimonios

4 Respuestas a “LA ANIMACIÓN DEL CANTO LITÚRGICO. UNA ASIGNATURA PENDIENTE

  1. Lola

    Al margen de todos los problemas que pone de manifiesto Elena en la entrevista, no es menor, a mi parecer, la falta de formación musical. No se enseña música en los colegios y su aprendizaje se considera una asignatura extra escolar. Tengo una amiga profesora de piano y me comenta que cada vez hay menos alumnos; es verdad que hay menos niños, pero también lo es que la música no se considera esencial, al menos en España. Por otra parte, a los españoles no les gusta cantar, aunque canten mucho, pero efectivamente, más como complemento de una celebración que otra cosa. No se pone interés en aprender y si se tata de hacerlo bien, te miran mal. Tampoco existe mucho espíritu participativo; en general la ley del mínimo esfuerzo es la de mayor aplicación. ¿Se puede cambiar? Sí, con educación. Confiemos en que esta llegue a los jóvenes. Los mayores ya estamos, bien o mal, educados, aunque siempre podemos aportar nuestra experiencia y los que puedan, su formación.
    Mis mejores deseos Elena. Espero que esté cercano el día en que tu labor sea comprendida, seguida y admirada.

  2. Raquel Muñoz

    Hola Elena. Me ha alegrado mucho leer tu entrevista y comprobar que no has perdido el ánimo que siempre te ha caracterizado para luchar “contracorriente” por lo que siempre has defendido. Te deseo todo lo mejor y, ojalá, tu esfuerzo sea recompensado con un nuevo empuje a la liturgia en nuestras celebraciones. Me gusta veros a los dos, a José Luis y a ti, en la misma “batalla”. ¡Ánimo!

  3. Nines

    Sólo puedo decir que gracias a Elena y José Luis he aprendido, yo y muchas más personas, a sentir durante la misa una emoción espiritual y dulce que no había sentido antes en mi corazón. Que Dios os bendiga.

    • Elena Calavia

      Gracias, Nines. Mi única ilusión es poder regalar y poner al servicio de nuestras celebraciones lo que como regalo he recibido: celebrar con la mayor solemnidad el amor que Dios nos tiene y que eso llegue de verdad a “emocionarnos”.

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