MÚSICA RELIGIOSA, MÚSICA SAGRADA Y MÚSICA LITÚRGICA

El término “música sacra” o “música sagrada” es bastante reciente ya que se encuentra en los escritos a partir del siglo XVIII, pero el concepto ha sido utilizado a lo largo de toda la historia de la cultura musical. Desde el principio, los cristianos han recurrido al canto y lo han incluido en sus ritos reconociéndole un carácter ministerial y sacramental. San Agustín ya distinguía entre la “música eclesiástica” (música culta que se podía utilizar eventualmente en la Iglesia) y el “canto eclesiástico”, cuya primera cualidad no era la artística, sino el ser “apto” para cumplir la función litúrgica que se espera de él. Siglos más tarde, a finales de la Edad Media, de ese canto eclesiástico se deriva el cantus llanus conocido como el canto gregoriano, y el cantus figuratus conocido como el canto polifónico.

Ángeles músicos [Hans Memling 1480]. Retablo en tres tablas que fue realizado para decorar la zona del órgano de una Iglesia de Santa María la Real de Nájera (España)

Pero es verdad que sólo en épocas recientes (particularmente a partir del Concilio Vaticano II) se ha sentido la exigencia de diversificar la música destinada al culto de la destinada a otras finalidades. Por tanto, si lo que queremos es llegar a “una liturgia cantada” es importante distinguir las diversas manifestaciones de la música dentro del contexto religioso cuyas definiciones encontramos en los propios documentos eclesiales. Para ello sigo al musicólogo canario Roberto Pía, que tiene un artículo muy clarificador sobre Música religiosa, música sagrada y música litúrgica en el Magisterio de la Iglesia y que nos puede servir de guía para entender mejor la distinción entre cada uno de los conceptos:

Música religiosa: La definición se encuentra en la Instrucción de la Sagrada Congregación de Ritos De musica sacra et sacra liturgia (1958): «Música religiosa es cualquier música que, ya sea por la intención del compositor o por el tema y el propósito de la composición, es capaz de excitar sentimientos piadosos y religiosos […] no está habilitada para el culto divino, tiene una índole más bien libre, y no está admitida en las acciones litúrgicas.» (n. 10). Posteriormente, la Instrucción de la Congregación para el Culto Divino sobre los Conciertos en las iglesias (1987) matiza lo anterior y dice que la música religiosa es «la que se inspira en un texto de la Sagrada Escritura, o en la Liturgia, o que se refiere a Dios, a la Santísima Virgen María, a los Santos o a la Iglesia.» (n. 9). Su utilidad consiste en «crear en las iglesias un ambiente de belleza y de meditación que ayude y favorezca una disponibilidad hacia los valores del espíritu, incluso entre aquellos que están alejados de la Iglesia.». Por lo tanto «pueden tener su propio lugar en la iglesia, pero fuera de las celebraciones litúrgicas.» (ib.).

Música sagrada: «Se entiende por Música Sagrada aquélla que, creada para la celebración del culto divino, posee las cualidades de santidad y bondad de formas.» (MS 4a). «Por consiguiente, la música sagrada debe tener en grado eminente las cualidades propias de la liturgia, y precisamente la santidad y la bondad de las formas, de donde nace, espontáneo, otro carácter suyo: la universalidad. Debe ser santa y, por lo tanto, excluir todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo en que se ejecuta. Debe ser arte verdadero, porque no es posible de otro modo que tenga sobre el ánimo de los oyentes el efecto que la Iglesia desea lograr al usar en su liturgia el arte de los sonidos. A la vez debe ser universal, en el sentido de que, aun concediéndose a toda nación que admita en sus composiciones religiosas aquellas formas particulares que constituyen el carácter específico de su propia música, éste debe estar de tal modo subordinado a los caracteres generales de la música sagrada, que ningún fiel procedente de otra nación experimente al oírla una impresión que no sea buena.» (Tra le sollecitudini, TLS 2). Bajo el nombre de música sagrada se incluyen: el canto gregoriano, la polifonía sagrada antigua y moderna en sus diversos géneros, la música para el órgano y otros instrumentos admitidos en la Liturgia y el canto popular sagrado, o sea, litúrgico y religioso (cf. MS 4b).

El canto popular sagrado no se consideraba digno de la acción litúrgica ya que su texto era en lengua vernácula y, por lo tanto, se quedaba relegado a los ejercicios piadosos y devocionales. La encíclica Musicae sacrae (1955) reconoce el canto popular sagrado como un género independiente, pero lo considera aún como extralitúrgico: podía emplearse sólo «en las funciones no plenamente litúrgicas», o sea en los ejercicios piadosos. Pío XII definió por primera vez el canto popular sagrado como «aquél que brota espontáneamente del sentimiento religioso con que el Creador ha dotado a todos los seres humanos.» (De musica sacra et sacra liturgia n. 9) y añadió que algunas veces podía permitirse hasta en las funciones litúrgicas. Pero será el Concilio Vaticano II el que amplíe el concepto de música sagrada y dé a la música religiosa popular un estatuto integrado en la liturgia: «La Iglesia no excluye de las acciones litúrgicas ningún género de música sagrada, siempre que corresponda al espíritu de la misma acción litúrgica y a la naturaleza de cada una de sus partes, y no impida la debida participación del pueblo.» (MS 9). De acuerdo con este deseo del Concilio se compusieron numerosas canciones de música religiosa en lengua vernácula pero no siempre se atuvieron a los criterios de música sagrada y religiosa que exigía la Iglesia. Juan Pablo II, en una homilía dirigida a las Scholae Cantorum afirmó que «para que una música sea auténticamente sagrada es necesario que posea una predisposición adecuada a su finalidad sacramental y litúrgica, y sea, por lo tanto, ajena a la música destinada a otros fines.». Por tanto, no toda música sagrada puede ser usada en las celebraciones litúrgicas. Necesita poseer ulteriores requisitos, de naturaleza más externa, pero en ningún modo accidentales, que se pueden resumir en el concepto de “funcionalidad litúrgica”.

Música litúrgica: Por último, una música verdaderamente litúrgica es la que interpreta el sentido auténtico del rito, el sensus del rito, lo hace comprensible y, por lo tanto, permite y conduce a la implicación y a la «participación activa». Entre rito y música tiene que existir una relación directa, deben integrarse, compenetrarse mutua y necesariamente. Sólo así la música puede considerarse y convertirse en «parte necesaria e integral» de la liturgia. Del rito nace el hecho sonoro más adecuado y directamente relacionado con lo que se celebra; y como los ritos son muchos y de diferentes naturalezas, del mismo modo las expresiones musicales serán diversificadas con el fin de exaltar el contenido ritual. La correspondencia entre el contenido ritual y el signo que lo evidencia (la música) constituye lo que se denomina “funcionalidad litúrgica” o “liturgicidad”. Consecuentemente, una música es “funcional” cuando se adecúa exactamente al sentido del rito, lo traduce e interpreta fielmente. La música litúrgica, por tanto, necesita reunir unas características que incluyan el sensus Ecclesiae y el sensus Liturgiae.

Resumiendo, podamos afirmar que:

  • La música litúrgica es, y tiene que ser, sagrada; más aún, es religiosa.
  • La música sagrada es religiosa, pero no automáticamente litúrgica; puede convertirse en litúrgica si cumple con ulteriores requisitos funcionales.
  • La música religiosa no es ni sagrada, ni litúrgica, y por tanto, de ninguna manera tiene el derecho a entrar en el culto.

LITURGIA Y COMUNICACIÓN /6

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1 comentario

Archivado bajo Liturgia y comunicación

Una respuesta a “MÚSICA RELIGIOSA, MÚSICA SAGRADA Y MÚSICA LITÚRGICA

  1. Lola

    Interesantísimo artículo que me plantea una serie de dudas relativas a la calificación de algunas obras musicales consideradas como religiosas; me refiero, por ejemplo, a las Pasiones y Cantatas de Bach, a los Oratorios de Haydn y Haendel, a las Misas de Haydn, Mozart, Beethoven, Bruckner, a los Requiem de tantos y tantos compositores, los Stábat Mater, Te Deum. He escuchado muchas de estas obras en salas de concierto y en iglesias, si bien como concierto, no formando parte de una liturgia. La cuestión es, ¿cuántas de estas obras fueron compuestas para la liturgia? ¿Sería correcto utilizarlas en la liturgia? En grandes celebraciones es posible escuchar números de algunas de ellas. Y, por último, ¿cómo podemos clasificar las marchas nupciales? Las más populares que recuerdo no tienen finalidad religiosa, forman parte de un ballet, de una ópera o son la música incidental para el teatro. ¿Es correcta su interpretación en una ceremonia religiosa?
    Muchas gracias

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