ANDREI RUBLEV. PEREGRINACIÓN POR EL SILENCIO

Sólo en el silencio llego a Dios. Arte y fe

LA TRINIDAD - A. RublevPartiendo de la expresión de Romano Guardini «Sólo en el silencio llego a Dios», me gustaría proponer una lectura singular, aunque evidentemente sesgada, de la obra del cineasta ruso Andrei Tarkovski sobre la figura del pintor de iconos del renacimiento Andrei Rublev (1360-1430). “Andrei Rublev” (1966) [ver trailer] es la segunda película de este director, la que le convirtió en el cineasta ruso más importante de su generación y, probablemente, uno de los más importantes e influyentes de la cinematografía universal. Luigi Bini dijo de esta película que «representa el momento expresivo más alto de la cinematografía soviética después de la obra de Einsestein.». Pero a pesar de estar considerada como una obra maestra y de haber recibido premios en los más prestigiosos festivales cinematográficos, la verdad es que sufrió durísimos ataques por parte de las autoridades rusas. No fue proyectada públicamente en su propio país hasta 1972 (y fue proyectada en versión reducida), tres años después de haber ganado el Premio Internacional de la Crítica en el Festival de Cine de Cannes. Las autoridades soviéticas tildaron la obra de aterradora, oscura y sin fundamento histórico, y la editaron en varias ocasiones, a veces quitándole hasta una hora de filmación a la versión original.

La película cuenta la vida de Andrei Rublev, monje pintor de iconos llamado por las crónicas “el pintor de los ángeles” y su trayectoria personal en medio de una época convulsa, el siglo XV ruso, su aprendizaje de la vida, sus desilusiones y la reconquista final de sus sueños e ideales. De él dice el estudioso francés Mahmoud Zibawi: «Su mundo habita la felicidad eterna. La suavidad y la dulzura animan a los seres de esta creación. La témpera tiene la fluidez y transparencia de la acuarela. Difuminados con tonos avinados y azules, los colores respiran. El modelo se libra de sus sombras. Rublev marca el nacimiento de un clasicismo ruso. Su obra anuncia una creación abundante, colectiva y anónima, contemporánea y posterior. Sus iconos quedan como la gran expresión de un arte, de una espiritualidad, de un espíritu, de un tiempo y de un pueblo.». La temática de la película de Andrei Tarkovski recoge este mundo, y así, al hilo de la historia de Andrei Rublev (los dos se llaman Andrei, que significa “hombre fuerte”), entrelaza una reflexión sobre el arte y la figura del hombre-artista con el concepto de fe y del hombre-religioso. El mismo Tarkovski lo expresaba así: «quería que aquella película narrara cómo en la época del fratricidio y del yugo tártaro nacía un deseo nacional de fraternidad del que surgía la genial Trinidad de Andrei Rublev, el ideal de hermandad, de amor y de fe reconciliadora.» (cf. Esculpir en el tiempo).

La película consta de ocho cuadros (ocho iconos audiovisuales) en blanco y negro precedidos por un prólogo interesantísimo sobre el reto del hombre a la ciencia y el vuelo aerostático, y se cierra con un epílogo en el que se ven varios de los iconos pintados por Rublev a color. En ella se representa la sociedad rusa del medioevo durante el primer cuarto del siglo XV, un periodo caracterizado por la invasión de los mongoles y de los tártaros y por la creciente influencia del cristianismo. Andrei Rublev (Anatoly Solonitsin), que ha recibido el encargo de pintar el interior de la catedral de Vladimir, sale del monasterio de Andronnikov acompañado por un grupo de monjes y de ayudantes, y a lo largo de su travesía presencia los ultrajes a los están sometidos sus compatriotas rusos, los saqueos, la opresión de los tiranos y de los mongoles, las torturas, las violaciones y la plaga. Enfrentado a esta cruda realidad fuera del monasterio religioso, Rublev entra en un conflicto interno que le obliga a cuestionar la utilidad de su fe y del arte mismo en un mundo tan degradado. Cuando los mongoles saquean la ciudad de Vladimir y queman la misma catedral que se le ha encargado pintar, Rublev hace un voto de silencio y se abstrae de la sociedad en los confines herméticos del monasterio. El último cuadro de la película deja atrás el panorama desesperanzado de las primeras partes con la historia de un joven constructor de campanas que habla de arte y de fe.

Peregrinación por el silencio

RUBLEV Y SORDOMUDA - Fotograma TarkovskiTarkovski afirma que «el arte surge y se desarrolla allí donde hay esa ansia eterna, incansable, de lo espiritual, de un ideal que hace que las personas se congreguen en torno al arte.». Para llegar a esta experiencia Tarkovski nos propone un auténtico peregrinaje por el corazón del hombre-artista que busca la eternidad que sólo el hombre-religioso sabe alcanzar. Ante el atropello y la barbarie de los hombres, Andrei Rublev decide hacer un voto de silencio (en la película hay un doble silencio: de su voz y de su rostro, ya que nos muestra al personaje vuelto de espaldas negándonos cualquier gesto o emoción). Este voto le introduce en un largo peregrinaje, como una larga liturgia, por el corazón humano. Su furia ante la humillación del género humano la expresa poéticamente mediante una metáfora audiovisual en la que al coger un carbón ardiendo, demasiado grande y pesado, éste cae a la nieve produciendo un silbido casi como de serpiente (símbolo del mal en la tradición bíblica).

El episodio del silencio es el séptimo cuadro y sirve de eje sobre el que gira toda la narración. Sólo llegará a la experiencia transformante de la Trinidad (su gran obra pictórica) cuando haya pasado por la purificación del silencio y haya recorrido con Cristo el camino hacia el Calvario (magnífica la secuencia de “La Pasión según Andrei” acompañada de una música coral lenta y pausada, como de lamento fúnebre, marcada a golpe de tambor). En ese peregrinaje hacia la trascendencia a través del silencio descubre el valor de la palabra y recupera la esperanza de un mundo más humano y fraterno.

Todo esto nos lo mRUBLEV Y BORISKA - Fotograma Tarkovskiuestra Tarkovski a través de una inmensa liturgia, especialmente en el cuadro octavo, con la narración de la construcción de la campana. Toda la obra está compuesta de rituales, pero sin duda es este momento el verdadero acto litúrgico de la película: la lluvia que cae del cielo indicando el barro idóneo al joven fundidor, las diferentes fases de su fabricación, el plano secuencia que se inicia con la vista de las afueras de Moscú por la que se acercan sus visitantes a presenciar el acontecimiento y acaba con la visión vertical de la campana cuyos tañidos marcan el punto álgido del ritual, el acto de consagración que provocará que Rublev rompa con su voto de silencio mientras consuela al joven constructor que no tenía ningún secreto para construir campanas. Sólo tenía confianza en sí mismo y fe en la fuerza renovadora de un pueblo que se siente hermanado por el poder de Dios.

La campana, cuyo sonido alude al Poder Creador, a la Voz de Dios, como el Verbo Creador, es aquí el desencadenante de la salvación, el punto de inflexión que nos acerca a la experiencia salvadora de la Trinidad. No por nada, en la liturgia cristiana, la noche de Pascua rompe el silencio tenebroso de la muerte con una explosión de júbilo expresada en el repique de campanas mientras oramos juntos con el canto del Gloria. ¡Qué bien podemos decir con Guardini: Sólo en el silencio llego a Dios!

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2 comentarios

Archivado bajo Cine y literatura, Liturgia y comunicación

2 Respuestas a “ANDREI RUBLEV. PEREGRINACIÓN POR EL SILENCIO

  1. Lola

    No he visto mucho cine ruso, ni de paises de influencia soviética, pero lo poco que he visto me ha parecido bastante descarnado.
    Visto el tráiler de la película, no me sorprende que no fuera estrenada en la URSS.
    El artículo tengo que leerlo más veces, ahora me ha dejado en “silencio”. Enhorabuena

  2. Lola

    Habiendo asimilado un poco más la sipnosis argumental de la película tan magníficamente contada, se puede deducir que estamos ante una película llena de símbolos. La comparación con Eisestein la acercaría al expresionismo alemán, películas en blanco y negro, con un magnífico empleo de las sombras que las convierte en películas intimistas, en la que el silencio es la forma de expresión. En este cine hay poco diálogo, lo que cuenta es la imagen y la música, que suele ser espectacular, no en vano en ese tiempo el cine era todavía mudo y aunque la película de Tarkovski es hablada, bebe de esa técnica. Lo que sería interesante es conocer al personaje y su obra. Insisto en que no me sorprende que las autoridades soviéticas la prohibieran, pues, por otra parte pone de manifiesto lo difícil que es arrancar la religiosidad del ser humano y que el silencio es el arma secreta que sostiene el triunfo de la fe.

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